Mostrando entradas con la etiqueta conciertos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conciertos. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de mayo de 2022

Van der Graaf Generator - Teatro Politeama (Génova), 2 de mayo del 2022

 

Haciendo retrospectiva de 20 años yendo a conciertos he de reconocer que el balance de grupos y artistas que he visto entre mis favoritos es más que positivo y muy superior a lo que imaginaba. A raíz de eso, hace tiempo me paré a pensar qué grupos o artistas de mis predilectos que estuvieran vivos o en activo cuando me metí en esto de la música no había podido ver en directo. Realmente no me salieron demasiados. El caso más sangrante - y que creo que ya es demasiado tarde - es David Gilmour, aunque a cambio he visto a Roger Waters y Nick Mason, al que le seguirían tres bandas que no suelen actuar fuera de Estados Unidos: los Grateful Dead en alguna de sus versiones actuales, los ya extintos Allman Brothers (a cambio vi a Dickey Betts hace este mes exactamente 10 años, caray como pasa el tiempo) y la Marshall Tucker Band. Hasta ahora había otro grupo que estaba en el puesto número 1 de la lista: Van der Graaf Generator, una banda que con el tiempo se ha ido convirtiendo en una de mis favoritas y que, aunque casi nunca tocan en España, siguen en activo por Europa. Había que ponerle remedio.

Cuando anunciaron un nuevo tour eché un vistazo a las fechas de la gira en busca de alguna que fuera asequible a mi bolsillo y no me fue demasiado complicado por un motivo muy sencillo: Van der Graaf Generator son adorados en Italia, que es un país donde los conciertos no están demasiado caros y no es muy caro viajar y alojarse allá. Esto es algo que siempre me ha parecido curioso, pero en los 70 el rock progresivo tuvo en dicho país un éxito descomunal. OK, igual pasaba en muchos otros países europeos como Francia o España mismamente, pero el nivel de euforia que despertaba en Italia era algo inaudito, hasta el punto de que en su primera época Van der Graaf Generator era una banda de culto desconocida en su país natal, Inglaterra, mientras que en Italia tenían un éxito apabullante pese a que su música era muy compleja. Esto ha hecho que existiera durante décadas un vínculo muy estrecho entre el líder del grupo, el cantante-teclista-guitarrista Peter Hammill, e Italia.

En fin, que yo tenía mi entrada para ver a Van der Graaf Generator en Génova el 5 de abril del 2020 pero... algo extraño sucedió. Sí, la dichosa pandemia mundial de la que deben estar hartos de leer, así que saltémonos esa parte. El concierto de pospuso al 2021, y luego otra vez a 2022. Algunas bandas optaron directamente por cancelar sus tours antes que seguir moviéndolos, por suerte Van der Graaf los mantuvieron. Me esperé lo máximo posible a comprar el billete de avión por si acaso - no en vano Yes acaban de anunciar que posponen otra vez su gira europea que llevan posponiendo desde el 2020 - pero por suerte mayo de 2022 iba a ser la fecha en que cumpliría uno de mis grandes sueños musicales.

De entrada hay un aspecto importante a tener en cuenta si uno va a ver a Van der Graaf Generator y que yo ya tenía presente, y es que para bien y para mal son un grupo que apuesta mucho por sus discos nuevos. El grupo se separó a finales de los 70 y se volvió a reunir a principios del siglo XXI. Desde esa reunificación han ido publicando nuevos álbums, la mayoría de ellos ya no en la formación cuarteto que han tenido habitualmente, sino en formato trío sin el saxofonista David Jackson, un miembro esencial del sonido clásico que además parece un tipo bastante extraño. ¿Saben la forma de distinguir un músico que publica discos nuevos por inercia y otro que realmente todavía cree que lo que hace tiene poso? El primero solo toca temas de su nuevo álbum en la gira del presentación del mismo pero en las siguientes lo olvidará por completo en favor de su siguiente obra, el segundo mantendrá canciones de sus nuevas obras en los setlists y, no solo eso, sino que las irá variando, no en plan "mantengo en el setlist el tema bueno que había en mi anterior disco". Ojo, ¡esto no es necesariamente algo bueno! ¡Miren si no a los Red Hot Chili Peppers! Para mí el hecho de que un grupo siga apostando por sus últimos discos no es en sí algo intrínsicamente positivo, solo cuando la música lo es. Por suerte en el caso de Van der Graaf Generator, sus discos de retorno están francamente bien, especialmente los dos primeros: Present (2005) y Trisector (2008). El segundo de hecho ha sido uno de mis descubrimientos musicales del año y lo he estado oyendo a menudo.


Así pues, 12 años después de haberme hecho fan de ellos (los conocía de antes pero me parecían algo inescuchables) y 2 después de las continuas cancelaciones sufridas por el coronavirus, a las nueve de la noche salieron al escenario Peter Hammill, el teclista Hugh Banton y el batería Guy Evans. Hammill, sonriente dijo al público en italiano "Bueno, finalmente..." haciendo referencia a los dos aplazamientos y se lanzó con dos de los temas más destacados de los Van der Graaf Generator del siglo XXI: "Interference Patterns" y "Every Bloody Emperor". Me encanta el contraste que ofrece este hombre cuando canta y cuando habla con el público. Su forma de cantar es muy personal y uno de los motivos por los que a mucha gente se le atraganta el grupo: furiosamente expresiva y teatral, a veces rozando lo excesivo pero sin llegar a ello (a los que somos fans nos parece en cambio uno de los mejores cantantes de la historia del rock, y sin duda uno de los más personales). La música de Van der Graaf Generator, infestada de teclados, y más ahora sin la presencia de Jackson al saxofón, es densa, dramática y a menudo oscura. Y no obstante, después de hacernos pasar por esos viajes musicales tan intensos, Hammill entre temas se muestra como un tipo tan deliciosamente educado, encantador y afable que se hace achuchable. Habló todo el rato en un italiano que como mínimo sonaba fluido (siendo tan popular aquí imagino que por fuerza ha acabado aprendiendo el idioma de tanto venir a tocar), hacía pequeñas bromas e incluso pidió disculpas por no poder quedarse a firmar autógrafos al final del show a causa del coronavirus.

El setlist era literalmente una mitad de temas de los discos nuevos y otra de la época clásica. De los nuevos Van der Graaf lamenté que solo tocaran un tema de Trisector, y más cuando en otras fechas de la gira le da más cancha (sin ir más lejos al día siguiente tocó tres, incluyendo una que me hacía mucha ilusión, "Over the Hill"). No obstante de los seis escogidos creo que solo dos bajaron algo el nivel del concierto: "Lifetime" y "Your Time Starts Now", temas lentos que no están tampoco mal pero deslucen al lado del resto. Los ya citados "Interference Patterns" y "Every Bloody Emperor" creo que el propio Hammill ya los considera dos pequeños clásicos de su carrera, y no le faltaría razón. Por otro lado "Room 1210" seguramente es de las mejores composiciones de su último álbum Do Not Disturb y en cuanto a "Alfa Berlina" fue curioso ver cómo le dieron un tono diferente al disco, que es más melancólico, y en directo optó por imprimirle más fuerza.

Es normal que un hombre tan increíblemente prolífico como Peter Hamill se resista a quedarse anclado en una época muy concreta de su carrera (ojo al dato, aparte de 14 los discos que grabó con Van der Graaf Generator, su carrera en solitario consta de 45 álbums; el 2021 de hecho sacó ¡dos! uno de los cuales con una portada un tanto... curiosa). Pero no es menos cierto que, aunque muchos de sus temas recientes funcionan perfectamente en vivo, los momentos cumbre de la noche pertenecen a su etapa clásica. La primera que cayó fue mi gran sorpresa del concierto: el mejor tema de su disco en solitario Chameleon in the Shadow of the Night (1973), que por pura casualidad escuché por primera vez el año pasado y también en Italia. Me refiero a "(In The) Black Room", que él presentó como una rareza que había decidido incorporar al repertorio Van der Graaf, aunque yo no lo veo así: por mucho que salga en un disco suyo en solitario, suena totalmente a la banda madre, y les quedó magnífica.

Un pequeño paréntesis para resaltar las cualidades de la banda. Guy Evans sigue siendo un batería magnífico, cero sorpresas. Peter Hammill es quizá uno de los cantantes de los 70 que mejor ha conservado la voz. Es extraordinario oír cómo canta igual que en los discos y directos clásicos, con la misma fuerza a intensidad, e incluso pudiendo emular algunos tonos difíciles. Y el show me hizo darme cuenta de cómo Hugh Banton es seguramente el segundo miembro más importante del grupo, aunque esté algo eclipsado en la época clásica por el saxofón de Jackson. No solo es un gran teclista, sino que viendo en vivo cómo interactúan él y Hammill me di cuenta de cómo el segundo se dedica sobre todo a las partes de piano más melódicas y Banton es el que le da más textura y profundidad a las canciones. Hammill es un buen pianista, de hecho le vi en Madrid en un concierto solo que dio totalmente a piano, pero el sonido Van der Graaf creo que sale sobre todo de lo que hace Banton a las teclas. No descarto, claro está, que Banton rellenara el sonido del grupo más de lo habitual para compensar la ausencia del saxofón, que tiene una presencia muy importante en el sonido del grupo, pero en todo caso funcionó con creces.

Ah, David Jackson, pobre David Jackson. En la teoría me parecía imposible que el grupo funcionara sin él, pero me temo que lo logran con creces. Si algo me ha demostrado la experiencia es que, por mucho que alguien sea un componente importante de un grupo, si las canciones son buenas y el resto de la banda grandes músicos, se puede tirar adelante sin ese miembro en principio imprescindible. Para los fans de la Creedence la interacción entre los dos hermanos Fogerty es algo fundamental del sonido del grupo... y miren cómo John continuó adelante no ya sin su hermano Tom, sino sin otro guitarra que lo sustituyera, y además si escuchan el directo que grabaron en formato trio, Live in Europe (1973), comprobarán que funciona perfectamente. ¿Quiere decir eso que Tom Fogerty era prescindible? No, pero simplemente con ese cancionero y esos tres músicos se puede armar un gran concierto. Y eso sin olvidar que un concierto de Ten Years After sin su líder absoluto, el cantante y guitarrista Alvin Lee, ha sido uno de los mejores que he visto.

A modo de ejemplo, cuando iniciaron la que es mi favorita del Godbluff (1975), "Scorched Earth", me quedé bastante sorprendido no solo porque no la esperaba sino porque me preguntaba cómo recrearían el climático final en que el saxofón tiene un papel fundamental, pero lo cierto es que sonó genial igualmente. Del mismo modo, ¿es una contradicción decir que el momento cumbre de la noche fue al mismo tiempo el tema en que más eché en falta el saxofón? Me refiero a "Childlike Faith in Childhood's End", el extenso tema final de Still Life (1976), que fue una absoluta barbaridad. El instante decisivo fue cuando Hammill llegó al verso de "Frightened... in the silence", que lo cantó muy diferente a como hace en el disco y otros directos suyos que he oído. En vez de aullar esas frases con su estilo tan característico dejó un tenso silencio absoluto que respetó todo el teatro y apenas susurró "...silence", para luego lanzarse con toda furia a los versos siguientes y de ahí afrontar junto a los otros tres todo el tramo final del tema con una intensidad estremecedora. La enorme ovación que le dedicó el público me confirmó que no fue solo impresión mía, sino que fue el momento que más bordaron de la noche.

Finalmente, los otros temas clásicos que tocaron fueron menos sorpresivos al entrar dentro de lo que esperaba pero no por ello los recibí con menos ganas: la densa "Lemmings" con Peter a la guitarra conjugando extraños pasajes musicales laberínticos junto a Banton a los teclados y Guy Evans más jazzístico que nunca, y el cierre de la noche con el gran clásico "Still Life", la primera canción que oí del grupo y seguramente una de las más agradecidas de descubrir para los neófitos.

Por descontado, eché en falta temas en esta hora y cincuenta minutos, pero mirando setlists de la gira he visto que en general están bastante compensados los temas que entran y salen. Me supo mal perderme una de mis favoritas del grupo, "Man-Erg", que suele caer con frecuencia, y también me habría encantado oír "A Louise is not a Home"... aunque ¿la preferiría a "(In The) Black Room"? No lo sé... En todo caso hacía tiempo que no acudía a un concierto con tanta ilusión y nervios como éste, y aunque es difícil saber cuál será el futuro del grupo (Hammill está en plena forma pero es un señor de 74 años), me encantaría repetir la experiencia. ¿Será posible? Como mínimo me quité esta molesta espinita de no haber visto a uno de mis grupos favoritos y además en plena forma.

Interference Patterns

Every Bloody Emperor

(In The) Black Room 

Lemmings

Lifetime

Alfa Berlina

Childlike Faith in Childhood's End

Your Time Starts Now

Room 1210

Scorched Earth


Encore:

Still Life

domingo, 15 de septiembre de 2019

Motorpsycho - Dababa (San Sebastián), 13 de septiembre del 2019


Es curioso constatar la enorme diferencia que hay en ocasiones entre el estatus que tiene un grupo a nivel global y el que tiene para uno mismo. Y con esto no me refiero únicamente a aquellas bandas hacia las que uno siente cierta debilidad pese a no ser muy conocidas, sino a casos en que incluso valorando la carrera de dicho grupo desde cierta distancia/objetividad uno no puede evitar preguntarse por qué esos músicos no son más valorados. No es menos curioso que los que considero los mejores grupos de las últimas décadas provengan de Escandinavia: los suecos Dungen, de los que he hablado largo y tendido y que ya considero uno de mis grupos favoritos en general, y los noruegos Motorpsycho, que si bien llevan en activo desde principios de los 90, su carrera en el siglo XXI me parece de las mejores que conozco.

Detengámonos a examinar a los segundos: treinta años en activo, más de veinte discos en estudio (¡se dice rápido!), una interesantísima carrera en que han ido coqueteando con diversos géneros (rock alternativo, hard-rock/heavy metal, psicodelia, progresivo, incluso un poco de fusion...) y una fama más que respetable a nivel underground. ¿Por qué no son más conocidos? Su música es indudablemente de calidad, sus discos venden razonablemente bien, tienen un directo apabullante y aunque a finales de los 90 tuvieron un moderado éxito, finalmente se quedaron en una posición más de culto. En consecuencia, un grupo que para mí (dejando de lado gustos, dentro de lo posible) debería estar haciendo giras en salas grandes lo cierto es que solo consigue llenar ese tipo de recintos en su país local (¡qué menos!) y que en el resto de Europa siguen anclados en el circuito de salas pequeñas. Por un lado es una pena, pero por el otro los miembros de la banda parecen cómodos en esta posición sin las presiones que van acompañadas de llegar a un público más grande y con unos pocos seguidores pero fieles repartidos por todo el continente.

Supongo que ante tal número de discos grabados la inevitable pregunta que le viene a uno es cuántos merecen realmente la pena y cuántos son realmente buenos, pero he aquí uno de los rasgos más loables de Motorpsycho: en estudio tienen una consistencia que roza casi lo anormal, porque no estamos hablando solo de 23 discos en estudio, sino que por si fuera poco estos tipos tienen la costumbre de hacer álbums realmente largos (cuatro de ellos son dobles). Es cierto que a cambio apenas poseen discos que puedan calificarse de obras maestras - para mí los que más cerca están de entre los siete que he escuchado son Timothy's Monster (1994) y Little Lucid Moments (2008) - pero la impresión que me da su inabarcable carrera es de no poseer ni muchos picos ni bajones marcados (por ejemplo cuando leo a gente opinando sobre sus discos favoritos del grupo no hay demasiada unanimidad y se mencionan un montón de obras diferentes). Por si eso fuera poco, otro rasgo que para mí juega poderosamente a su favor: sus últimas entregas de estudio son realmente muy buenas. Apenas conozco ejemplos de grupos que tras 30 años sean capaces de hacer discos, no digamos ya dignos, sino realmente muy buenos, que uno pueda favorecer positivamente en global dentro de su carrera, sin necesidad de bajar el listón por el hecho de que normalmente a estas alturas es excusable que un artista baje el nivel (el otro ejemplo que me viene a la mente es Sonic Youth). Tal es así que para mí The Tower (2018) y The Crucible (2019) se codean sin problema con anteriores entregas del grupo como Trust Us (1998) o Heavy Metal Fruit (2010) que se encuentran entre las mejor valoradas de su carrera. Ante este cúmulo de circunstancias, ¿cómo resistirse a la pequeña gira de salas que hacían este otoño pasando por San Sebastián, Madrid y Avilés? Y si bien la opción Madrid es la que mejor encajaba para aprovechar para ver una exposición de Pink Floyd, el hecho de que ahí fuera dentro de un festival me decantó por San Sebastián.



Otro nexo de unión entre las que cité como mis dos bandas favoritas de estas últimas décadas es, aparte de la zona de procedencia, Reine Fiske, guitarrista de Dungen que suele colaborar en otras bandas magníficas como los también suecos The Amazing y que fue segundo guitarrista de Motorpsycho en algunos discos. Para mi enorme sorpresa el grupo se lo ha traído en este tour como músico de apoyo (segunda guitarra y teclados), lo cual tiene su lógica dado que la complejidad de algunos temas hace difícil que se pueden apañar solo en formato trío (el bajista de hecho llevaba un bajo-guitarra muy molón que le permitía alternar partes de un instrumento y otro en una misma canción). Desafortunadamente el único punto negativo de lo que fue una actuación extraordinaria fue el sonido de la sala, que provocó que los momentos en que Reine tocaba el teclado éste apenas se distinguiera salvo en la segunda mitad del show cuando subió el volumen. Tampoco se oyeron en ocasiones las voces, compartidas por los dos líderes y únicos miembros estables del grupo, el guitarrista Hans Magnus Ryan y el bajista Bent Sæther, pero por suerte eso no estropeó el show.

Acompañados de proyecciones durante las dos horas y diez minutos de concierto, el grupo abrió fuego con la que es una de mis canciones favoritas de su carrera: "Year Zero (A Damage Report)", con ese inicio melancólico que luego acaba subiendo de intensidad hasta estallar al final. Teniendo en cuenta que dada su enorme discografía iban a tocar mayormente una canción por disco (salvo los dos últimos), me sentí muy afortunado de escucharla, y de hecho fue el único tema suyo que conocía a excepción de los pertenecientes a sus últimas entregas. La primera parte del show optó por temas más largos y jams a tutiplén, hasta el punto de que en la primera hora de concierto solo habían hecho cuatro canciones. En "In Every Dream Home" aprovecharon la parte instrumental final, que en el disco está protagonizada por flautas, para lanzarse a la primera de las largas jams de la noche, donde juguetearon Ryan y Fiske con las guitarras a su antojo. Que el tercer tema de la noche fuera el épico tema titular de The Crucible, de 20 minutos de duración, también dice mucho sobre la confianza que tienen en sus últimas obras. Para mí fue de lejos uno de los momentos cumbre del show donde por cierto me di cuenta del extraordinario trabajo de Sæther al bajo conduciendo el tema.

El único instante más relajado junto al tema inicial fue la preciosa "A Pacific Sonata" de su último álbum que ya en su versión de estudio invitaba a dejarse llevar por pasajes más ensoñadores. A partir de aquí el show dio un giro radical y optó por temas más contundentes y directos como "Walking on the Water" (el más coreado de la noche, con reminiscencias a cuando tenían un sonido más cercano al rock alternativo 90s) o, mi favorito de ese segmento, el cierre final con una desbocadísima versión de "Black to Comm" de MC5 que sirve como argumento para incluir a los de Detroit en cualquier lista que se precie de bandas de protometal. Del mismo modo que un concierto tan enérgico, entregado y excitante confirma a Motorpsycho a mi parecer en cualquier lista que se precie de grandes bandas de estos años.

Year Zero (A damage report)
In Every Dream Home
The Crucible
Mountain
A Pacific Sonata
Überwagner or a Billion Bubbles in My Mind / The Pilgrim
Psychotzar
Hogwash
Walking on the Water
Black to Comm

The Tower/ Fools Gold


jueves, 12 de septiembre de 2019

Alice Cooper - Sant Jordi Club (Barcelona), 8 de septiembre del 2019


En algún lugar de internet hay una reseña absolutamente entusiasta de mi yo de hace 14 años después de haber visto por primera vez a Alice Cooper en la gira del Dirty Diamonds el 2005. Era una reseña no solo escrita por un yo más impresionable que ha visto un grandísimo concierto, sino también por alguien que acaba de descubrir a un magnífico artista y ha tenido la suerte de disfrutarlo en vivo justo en el subidón que siente uno ante un reciente gran hallazgo. Porque efectivamente en cuestión de unos meses pasé de no conocer más que temas sueltos de Alice Cooper a sumergirme en la mejor parte de su carrera y verle en directo presentando un grandísimo disco de estudio. No podía haberme salido mejor.

Desde entonces le volví a ver dos veces más. Ambos muy buenos shows pero sin ser tan especiales como aquel primer encuentro: en ambos la banda que llevó no me gustó tanto por tener un sonido algo más heavy (ya volveremos a este detalle más adelante), y por un lado el del 2010 en el Sant Jordi Club hizo un setlist en que los temas clásicos de la Alice Cooper Band eran prácticamente los mismos que la vez anterior (nada que objetar ante esos temazos pero siempre se agradece alguna sorpresa) y en el 2017 en el Rockfest me pareció que se decantaba demasiado por un sonido muy metalero. No obstante, todavía no ha llegado el día en que Alice Cooper toque en mi ciudad y yo vaya a dejar de verle salvo por causas de fuerza mayor, de modo que cuando anunció un nuevo show en el Sant Jordi Club para el 2019 no dudé en repetir por cuarta vez.



Es curioso el tema de la popularidad de Alice en España. Cuando el 2002 un incauto promotor lo metió en el Palau Sant Jordi fue un pinchazo absoluto de público. Fue un error de cálculo, Alice nunca antes había tocado en España fuera de un festival y no se sabía a cuánto público atraería, de modo que para su siguiente gira fueron más precavidos y lo trajeron por salas. En la gira del 2010 se hizo necesario ampliar a recintos medianos para que cupiera toda su parafernalia y en Madrid la venta de entradas fue tan floja que decidieron mover el show a una sala. El problema: no entraba todo el atrezzo, de modo que Alice tuvo que elegir entre dar un concierto con menos parafernalia o mantener el concierto allá pero bajando el caché para compensar la venta más bien justa de entradas. Eligió lo segundo. Y ahora, casi 10 años después, con entradas sustancialmente más caras, Alice ha agotado en aquel recinto de Madrid y en Barcelona me dio la impresión de que había bastante más gente. ¿Qué ha pasado? Por un lado cada vez más gente tiene conciencia de que las oportunidades de ver a estas viejas glorias se están acabando y que uno las pilla ahora o nunca, algo que se ha notado en la venta de entradas y en lo rápido que se agotan a día de hoy (a principios de los 2000s uno podía comprar una entrada para AC/DC tranquilamente el día antes del concierto, hoy se agotan en unas horas). Por el otro no hay que restarle méritos al bueno de Coop. Ha estado años dando giras por España y paseándose por festivales como el Azkena o el Rockfest dándose a conocer a gente que solo sabía quien era de oídas, se acercó por curiosidad a ver su show y salió convertida en fan. Es decir, se lo ha ganado a pulso.

¿Qué nos ofrece pues este veterano de 71 años en concierto? De entrada en esta gira Alice exhibe quizá el escenario más vistoso de los que le he visto, con un decorado gigantesco de un castillo con el encanto de la típica atracción de feria del tren de la bruja y varios monstruos de obvio cartón piedra que sirven para poner en evidencia a aquellos detractores suyos que le echan en cara que su espectáculo tiene una apariencia de terror cutre-barato y lo único que hacen con esa afirmación es demostrar que aún no han pillado la broma. Alice está un espléndido estado de forma para su edad y mantiene intacto su carisma y saber hacer sobre el escenario, si bien cuando uno lo compara con veces anteriores resulta innegable que se va notando un poco el paso del tiempo. Aunque se movía con ligereza por el escenario le noté algo menos suelto y un tanto más estático que en otras ocasiones (ya es bastante tener que subir y bajar las escaleras de ese castillo a su edad) y a nivel de voz en ocasiones le vi un poco más justo, por ejemplo en "Steven" no entonaba excesivamente melódico y prefirió cantarla en su registro más rasposo. El hecho de que cada vez que lo veo reduzca un poquito más el show (en esta ocasión apenas hora y media) me confirma esa idea. Pero insisto, eso son detalles que no empañan su magnífico papel y el hecho de que para su edad está extraordinario, si bien a veces me hacen pensar que, ay, esto difícilmente va a durar otros 14 años.


Los conciertos de Alice a día de hoy se basan en una especie de negociación entre su etapa clásica setentera y su etapa de resurgimiento heavy en que el setlist tiende a decantarse más por la primera opción y el sonido de la banda se encuentra en una suerte de punto intermedio más cercano al heavy que al rock clásico. En esta ocasión Alice decidió ofrecernos un setlist que optaba por eliminar todas las referencias a sus discos setenteros post-Welcome to my Nightmare y a toda su carrera actual salvo la obligada referencia al nuevo disco y centrarse totalmente en esas dos etapas. A cambio, como viejo zorro que es, no se olvida de dar a los fanáticos algunos caramelos, que si bien antes eran los temas de finales de los 70 ("Nurse Rozetta", "Goes to Hell", "It's Hot Tonight", etc.) y ciertas referencias a sus discos anteriores (debí ser de los pocos que en el Rockfest celebró eufórico que mantuviera en el setlist un tema del Dirty Diamonds), ahora son temas de su etapa setentera que van más allá de lo obvio: la divertidísima "Raped and Freezin'" con su deje mexicano final incluido, "Dead Babies" y, sobre todo, "My Stars", ¡que no había vuelto a tocar en directo desde su época con la Alice Cooper Band clásica! De hecho, en esta ocasión Alice me compensó de sobras la falta de sorpresas en el setlist respecto a la otra vez que le vi en este mismo recinto, no solo añadiendo estos temas sino dejando fuera otros que yo pensaba que jamás faltarían en un concierto suyo, como "Only Women Bleed", "Welcome to my Nightmare" o "Ballad of Dwight Fry". Respecto a la última, jamás se lo habría perdonado si fuera la primera vez que lo vi (es mi tema favorito suyo), pero después de haberla oído tres veces la cambio encantado por "Dead Babies". En cuanto a las otras dos, no las lamenté especialmente porque de hecho "Steven" me parece claramente el mejor tema del Welcome to my Nightmare, si bien es llamativo que no tocara ninguno de los singles de ese disco. Obviamente el resto fueron los clásicos que todos conocemos (o al menos deberíamos) y que jamás me cansaría de oír en directo, y un detalle a favor de la confianza que tiene Alice en su show es que hacia la mitad del concierto se ventilara seguidos tres de sus himnos más obvios como "I'm Eighteen", "Billion Dollar Babies" y "Poison", como si tuviera tantos ases en la manga que no se veía obligado a ir dosificándolos o dejarlos como traca final.

El único problema que le achaco a día de hoy a Alice es en ese obligado término medio que se ve obligado a mantener entre su faceta heavy y su faceta más clásica, algo típico de artistas o grupos que han tenido un marcado cambio de estilo que ha conquistado a otra generación de fans y en directo se ven obligados a repartir un poco para ambos bandos (otro ejemplo que me viene a la cabeza son Queen, a los que los puristas se niegan a perdonarles que sigan dando tanta cancha a sus temas ochenteros cuando es lo que buena parte del público quiere oír). De todos modos, que a día de hoy el público de Alice - al menos en España - lo componen más heavies que fans del rock clásico se hizo claramente visible anoche en el contraste entre cuando tocó "Bed of Nails" (que el público recibió eufórico pero yo desconocía) y cuando justo después vino "Raped and Freezin" (momento en el que fui yo el que me volví loco pero me quedé prácticamente solo saltando y coreando en mi zona). De modo que difícilmente se le puede reprochar esa tendencia hacia ese sonido aunque yo preferiría una banda de estilo clásico.

La principal pega la tengo sobre todo con dos miembros de la banda: el batería Glen Sobel, que le da una pegada demasiado heavy a las canciones y la guitarrista Nita Strauss, que aunque se ha convertido en la segunda protagonista de los conciertos con sus exhibiciones guitarreras, a mí su estilo tan heavy con esos solos tan flipados no me gustan nada. De hecho, ¿hacen falta tres guitarristas para tocar estas canciones? A cambio Alice todavía mantiene a bordo a Ryan Roxie, que es el músico más estable y longevo que ha tenido Coop en estos años y sí que toca la guitarra en un estilo más setentero. En todo caso, aunque creo que la banda es la misma que cuando le vi en el RockFest hace unos años tengo la impresión de que en esta ocasión Alice ha reducido un poco el tono heavy de algunos temas, o al menos a mí me ha sonado menos metalero el concierto. Y al fin y al cabo, si lo que hace Nita es añadir un solo heavy a algunos temas clásicos en lugar de sustituir el solo clásico por uno heavy, tampoco es tan grave (esto es lo que hicieron en temas como "I'm Eighteen", con el solo original interpretado por Ryan Roxie y luego Nita acoplándose para un segundo solo).


A nivel de setlist he de decir que el tema inicial me pareció muy poco acertado (creo que ni a sus fans heavies les entusiasma "Feed my Frankenstein" y aun así Alice la toca siempre) pero a cambio como sabía que iba a caer en un momento u otro sirvió para quitárnosla pronto de encima. La única referencia al nuevo disco, un "Fallen in Love" de tintes blues-rockeros, sonó muy bien con Alice deleitándonos con algunos solos de armónica, de hecho cuando en casa escuché la versión de estudio me pareció que perdía bastante respecto a lo que oí en directo. Pero para mí la clave fueron los temas clásicos que no esperaba. "Raped and Freezin" y "Muscle of Love" ya me predispusieron muy positivamente hacia el setlist, pero luego esa maravilla de "My Stars" me conquistó por completo aunque solo fuera un fragmento. "Steven" fue un lujo repescarla desde la gira del Dirty Diamonds y en fin, qué se puede reprochar a un cierre con "Under my Wheels" y "School's Out" seguidas... Todo ello complementado con el divertido espectáculo que Alice siempre trae consigo: un Frankenstein gigante, una tétrica novia cadáver, un bebé gigante (mi monstruo favorito de todos), billetes con su cara por los aires y por supuesto, la guillotina, si bien debo decir que la forma como hacen ese número me resultó menos impactante que las otras veces.

Realmente con esas canciones y el espectáculo es difícil no pasarlo bien. Haciendo balance general, pese a ser un concierto más breve que los otros suyos que vi y pese a la sobreabundancia de temas de su época heavy, realmente creo que ha sido mi segundo show favorito de los que he visto (el del 2005 doy por imposible que lo supere). Ycomo prueba de ello hay un detalle que para mí siempre es un indicador muy acertado de que un concierto ha sido una gran experiencia: el día después he estado oyendo compulsivamente a Alice... ¡e incluso he rescatado el Welcome to my Nightmare (1975), que es un disco suyo que nunca me ha vuelto loco! Ojalá Coop siga dando guerra muchos años más.

Feed My Frankenstein
No More Mr. Nice Guy
Bed of Nails
Raped and Freezin'
Fallen in Love
Muscle of Love
I'm Eighteen
Billion Dollar Babies
Poison
Roses on White Lace
My Stars
Devil's Food (band only jam)
Black Widow Jam (with Black Juju drum solo)
Steven
Dead Babies
I Love the Dead
Escape
Teenage Frankenstein

Under My Wheels
School's Out

domingo, 21 de julio de 2019

Mis 15 conciertos favoritos



Después de 17 años yendo a conciertos a estas alturas tengo un historial bastante respetable tras mis espaldas. De hecho si me paro a pensar en todos los grupos y artistas que soñaba con ver cuando era adolescente la verdad es que he acabado viendo a un porcentaje muy alto, bastante más de lo previsto, incluyendo bandas que no se prodigan mucho por aquí (Television o Todd Rundgren) y otras que estaba convencido de que no volverían a juntarse más (Mott The Hoople o Black Sabbath). A raíz de esta reflexión pensé que sería divertido recopilar mis 15 conciertos favoritos de todos estos años.

La selección se basa en una mezcla de intentar ser algo objetivo pero también de preferencias personales. Por ese motivo no he incluido el que seguramente sea el concierto más especial para mí (Queen + Paul Rodgers en el Palau Sant Jordi el 2005), porque aunque lo he reescuchado en bootleg y puedo corroborar que fue un muy buen concierto, me es realmente difícil juzgarlo con cierta objetividad por el componente sentimental que tiene para mí (la oportunidad de ver por primera vez a dos miembros de mi grupo favorito con uno de los mejores cantantes de la historia). Y lo mismo es cierto a la inversa: sé que el concierto que vi de Pearl Jam el 2006 en Badalona fue sensacional (de nuevo tengo un bootleg para atestiguarlo) pero a nivel personal no fue de mis predilectos, no ya porque no sea fanático del grupo sino porque me dio un mareo a medio concierto y me tuve que salir de la pista a medio show... difícilmente un concierto así puede estar entre mis favoritos.

Eso explica por qué la mayor parte de conciertos escogidas son de viejas glorias. He presenciado muchos conciertos fantásticos de bandas más recientes (por ejemplo, el primero que vi de Godspeed You Black Emperor), pero por mis gustos casi ninguno de ellos puede competir con la implicación emocional que siento hacia esos otros grupos de la era clásica del rock, siendo la única posible excepción el que vi de Dungen en París hace unos años, que es uno de los que se me ha quedado fuera de la lista por poco y que me ha hecho plantearme aumentar la selección a 20... ¡pero eso es trampa! Una lista sin alguna ausencia dolorosa no es una lista como Dios manda.

En fin, sin más preámbulos aquí va en orden inverso para hacerlo más emocionante para todos:


15) Jane's Addiction - Sala Razmatazz (Barcelona) - 16 de octubre del 2003

Uno de esos en que quizá pesa más el componente personal que la valoración objetiva. Por entonces estaba obsesionado con Jane's Addiction, dando el coñazo con ellos a cualquiera que quisiera escucharme... y a quien no también. Que justamente se juntaran entonces y pudiera verles en vivo fue una de las noticias más excitantes de mi adolescencia.

Si a eso le sumamos que fuera mi primer concierto en sala (hasta entonces solo había ido a pabellones, donde la distancia con el artista es mayor), que estuviera en primera fila y que Perry Farrell estuviera apoteósico como frontman (compensando de sobra que anduviera justo de voz), todo ello lo convierte en uno de los conciertos clave de mi vida.



14) Roger Hodgson - Poble Espanyol (Barcelona) -1 de julio del 2009

Es curioso lo del ex-líder de Supertramp, Roger Hodgson. En mi época de mayor fanatismo hacia el grupo (2005-2006 aproximadamente) seguía su web con frecuencia a la espera de algún ansiado concierto en España... en vano. Llegué a escribir preguntándoles si alguna vez actuaría aquí y su webmaster me dijo que no había nada previsto pero me sugería una fecha al sur de Francia. Y a día de hoy, en pleno 2019, nos hemos hartado de verle aquí, hasta el punto de que aunque toca en mi ciudad ya no voy a verle porque toca siempre lo mismo y ya he presenciado ¡cinco! conciertos suyos.

No obstante es de justicia decir que el tercero de esos conciertos fue una maravilla y un show muy especial que destaca por encima de los otros cuatro por ser el que tenía mejor setlist, por incluir la primera interpretación que le vi hacer de mi tema favorito suyo ("Fool's Overture") y porque creo que por entonces estaba en muy buen momento musical, antes de acabar repitiéndose a sí mismo.


13) Iggy & The Stooges - Festival Cruïlla (Barcelona) - 6 de julio del 2012

Por mi manía a los festivales dejé escapar en su momento la única oportunidad que tuve de ver a los Stooges con Ron Asheton a la guitarra cuando vinieron al Primavera Sound (otra oportunidad habría sido verles ¡gratis! en el fracasado festival Dr. Loft, pero por entonces no podía saber que debido a la baja venta de entradas iban a regalarlas el mismo día del concierto). Por ello cuando supe que la formación del Raw Power (1973) iba a venir al Festival Cruïlla esta vez no me lo pensé por suerte.

Mi acompañante y yo éramos pocos amigos de meternos en la zona de jaleo en los conciertos con mucho caos y peligro, pero en este caso hicimos una excepción y conscientemente nos pusimos en las primeras filas porque creíamos que era la mejor forma de ver a Iggy. En cierto modo agradecimos la brevedad del show (hora y cuarto) porque salimos cubiertos de sudor y agotados, pero también felices. Todo lo que han leído sobre Iggy como frontman es cierto, pero hay que verlo para creerlo.


12) Ten Years After - Sala Bikini (Barcelona) - 19 de octubre del 2008

El mejor argumento contra el rollo de "no tiene sentido que sigan girando si falta X componente esencial del grupo" es este concierto de los Ten Years After sin su líder absoluto, el carismático cantante y guitarrista Alvin Lee. ¿Que no es lo mismo sin él? Sí. Pero aun así es uno de los mejores conciertos de blues-rock que he visto en mi vida, una absoluta barbaridad con algunas jams sensacionales. La vez anterior que les vi ya me había gustado mucho pero creo que la siguiente se superaron, y luego hubo una tercera donde sí que noté que habían bajado el pistón. En efecto, se había ido parte de la química y esta formación se separó poco después.


11) Alice Cooper - Sala Razzmatazz (Barcelona) - 29 de julio del 2005

La combinación ganadora de ir a ver a un artista que acabas de descubrir con el subidón de la novedad (me compré la entrada solo conociendo algunos de sus hits intuyendo que valdría la pena), ir acompañado de un amigo que se encuentra en exactamente la misma situación, que el artista en cuestión esté presentando un nuevo disco realmente bueno - Dirty Diamonds (2005) - y que además el show sea divertidísimo.

De los conciertos en que mejor me lo he pasado, además con la mejor formación que le he visto a Alice (a día de hoy van tres veces y a pocos meses de la cuarta), con un sonido más clásico y menos metalero.



10) Mott The Hoople - Hammermisth Apollo (Londres) - 1 de octubre del 2009

Hay veces en que simplemente uno tiene que obedecer al destino. Una tarde paseaba con un amigo y le comenté de pasada que Mott The Hoople se habían vuelto a juntar para unos pocos conciertos y él me responde si no me había planteado ir a verlos. La verdad es que no, porque iba muy justo de dinero, pero a petición suya me comprometí a mirar en casa si quedaban entradas (probablemente no) y cuánto valían. ¿Y qué me encuentro? Que habían añadido un par de fechas nuevas y que las entradas salían a la venta justo al día siguiente. Lo tomé como una señal y me dejé mis pocos ahorros en las entradas y el vuelo. Aun no le he agradecido lo suficiente a mi amigo el empujón que me dio para cometer esta locura.

Fue uno de los conciertos más especiales que he visto, con una sala llena de fanáticos del grupo que estaban entregadísimos desde la introducción de Gustav Holst y una banda que se notaba que se retroalimentaba con dicho ambiente. El final con "Saturday Gigs" es quizá el mejor cierre de concierto que he visto, tanto por la interpretación como por la reacción del público, coreando el verso final mientras la banda se iba.




El 2008 compré una entrada para ver a mis idolatrados Crosby Stills & Nash en Roma y me la tuve que comer por motivos de trabajo. Durante mucho tiempo di por hecho que no les vería, ya que además no giraban mucho por aquí. Si tenemos eso en cuenta se podrá entender la enorme ilusión que me hizo que vinieran a Barcelona y que estuviera dispuesto a pagar las carísimas entradas que supone el festival de Pedralbes sin dudarlo.

Verlos ahí, a unos pocos metros, tocando esas canciones inmortales fue emotivísimo, y faltó poco para que se me escapara alguna lágrima con "Military Madness" y "Our House".


8) The Rolling Stones - Estadi Lluís Companys (Barcelona) - 29 de junio del 2003

Años antes del incidente del cocotero los Stones eran todavía una banda de rock estadio imbatible en directo, y así pude atestiguarlo yo cuando les vi en la gira de presentación del recopilatorio Forty Licks (2003). Un repertorio sin incómodos temas nuevos, la impresión de ver por primera vez de cerca a esa fuerza de la naturaleza que es Mick Jagger, descubrir un temazo como "Can't You Hear Me Knockin'" y ver a Keith Richards cuando aún no había perdido fuelle como guitarrista... todo ello creo que justifica en si mismo que lo siga recordando como uno de los mejores conciertos que he visto.

7) John Fogerty - Sant Jordi Club (Barcelona) - 14 de julio del 2009

He visto a Fogerty tres veces en directo e inicialmente no sabía cual incluir en la lista: la primera en el Royal Albert Hall el 2008 fue la más especial (además de la primera vez que viajaba al extranjero para ver un concierto) mientras que la última en Amberes fue la que tuvo mejor setlist. Finalmente he optado por el término medio de Barcelona 2009, que tuvo un setlist mejor que el de Londres y una banda que me gustó más que la de Amberes, si bien los tres conciertos fueron magníficos.



6) Arcade Fire - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 21 de noviembre del 2010

La banda más "joven" que se ha colado en mi lista por dos motivos: porque durante mucho tiempo fueron mi grupo favorito de este siglo y, sobre todo, porque tienen un directo absolutamente imbatible. Este concierto de la gira del The Suburbs (2010) podría ser perfectamente uno de los mejores que he visto en mi vida. La banda había empezado a hacerse realmente grande hacía poco (yo en su momento pensé que el Sant Jordi era demasiado para ellos) y aún conservaban esas ganas de comerse el mundo de los grupos que todavía están escalando al estrellato. Si a eso le sumamos que por entonces no tenían ni un disco malo y que el público es de los más entregados que he visto, el resultado fue un concierto descomunal.

A modo de curiosidad, es de los pocos shows de los que jamás he leído ni una reseña negativa o simplemente tibia (incluso de gente no muy fan del grupo que iba de acompañante), y no es para menos. Podrá gustar o no su propuesta musical, pero tras ver ese espectáculo no hay duda de que se dejaban literalmente la piel sobre el escenario.



5) King Crimson - Forum Karlin (Praga) - 14 de septiembre del 2016

He visto a King Crimson ya cuatro veces y no he presenciado ni un solo concierto que no fuera como mínimo sobresaliente y merecedor de aparecer en mi Top10. Si me decanto por el segundo que vi (en Praga, porque por entonces no sabía que vendría ese año a Barcelona) es porque es el que tiene el setlist más perfecto acorde a mis gustos: de los temas habituales no me faltó ninguno imprescindible (y es la única vez que vi los dos primeros "Larks Tongues in Aspic" en un mismo show) y además se añadieron "Fracture" (!!) y buena parte de "Lizard" (las otras veces solo hicieron unos versos cantados obviando la parte instrumental de después). Rock progresivo en su mejor acepción del término.




4) AC/DC - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 31 de marzo del 2008

El mejor concierto de rock 'n' roll que he visto en su acepción más pura y adrenalítica. Una absoluta barbaridad escuchar esta selección de temas inmortales (además el disco que presentaban a mí me gusta mucho) sostenidos por esa inconfundible base rítmica y con un Angus Young que a sus 50 y muchos años de edad seguía estando pletórico y me hizo sudar a mí de verle corriendo y saltar sin parar durante más de dos horas. Definitivamente AC/DC son los mejores en esto.



3) Elton John - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 6 de diciembre del 2014

Otro ejemplo de astros alineados a mi favor. De las cuatro veces que he visto a Elton John, ésta fue aquella en que se conjugó el mejor setlist (incluyendo un tema que adoro y jamás pensé que vería en vivo como "Burn Down the Mission") con la vez en que más en forma estaba, destacando la mejor versión que le he oído de "Rocket Man" y un "Levon" con una improvisación final espectacular que consiguió una de las mayores ovaciones de la noche pese a ser un tema poco conocido.

Se nota que sigue dando giras porque disfruta como nadie de tocar en directo y con ese repertorio que tiene tras de si difícilmente puede salir mal, pero que aun así supere tus expectativas cuando ya le has visto un par de veces y crees saber qué esperar realmente es algo digno de aplaudir.




2) Roger Waters - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 21 de abril del 2007

Waters tenía dos conciertos candidatos a esta lista: el de la gira en que tocaba entero el Dark Side of the Moon (1972) y el de la gira en que hacía íntegramente The Wall (1979). El segundo es sin lugar a dudas el show más espectacular que he visto a nivel de puesta en escena integrada con la música, pero a nivel global creo que me quedo con la gira del Dark Side, ya que no solo tocaba entero mi disco favorito de todos los tiempos sino que además incluía un setlist casi hecho a mi medida con una épica versión de "Sheep" (¡cerdo gigante incluido!) que casi le quita el protagonismo al disco que iba a ser el centro de la velada. Aparte de eso, la banda que llevaba Roger en esa gira era buenísima y consiguió incluso que temas que lucen poco en estudio adquirieran nueva vida en vivo como "On the Run". Si le añadimos un final por todo lo alto dedicado a The Wall, realmente no me queda ninguna duda de por qué este show es uno de mis favoritos de siempre.



1) Neil Young + Promise of the Real - Poble Espanyol (Barcelona) - 20 de junio del 2016

Cuando vi a Neil Young por primera vez en el Primavera Sound 2009 salí con la impresión de haber visto el mejor concierto de mi vida. Y curiosamente, siete años después el propio Neil se superaría a sí mismo con otro show que ahora mismo ocupa ese puesto en mi ranking particular. Porque aunque los primeros puestos de esta lista son intercambiables, nunca tuve ninguna duda del número uno.

Ver a uno de tus músicos predilectos siempre es un gran acontecimiento, y si es en un recinto tan especial como el Poble Espanyol, más aún. Pero que de repente el señor Young te pille por sorpresa con un repertorio tan maravilloso, mezclando los clásicos que uno nunca se cansa de escuchar con algunas rarezas para fans, y ofreciendo algunas de las mejores interpretaciones musicales que le he oído de algunos de estos temas, eso es algo que no me esperaba en absoluto. Gran parte del mérito es el haberse rodeado de una banda joven como Promise of the Real que le han insuflado energías renovadas y ganas de volver a rockear sobre un escenario como cuando era joven. Pero no nos engañemos, la mayor parte le corresponde a él, por ser todavía uno de los mejores intérpretes que he visto sobre un escenario, capaz de emocionarte como pocas personas lo han conseguido. Uno no puede hacer otra cosa que quitarse el sombrero ante el gran Neil.

domingo, 14 de julio de 2019

Sobre King Crimson y el progreso continuo


Hay dos hechos determinantes en la carrera de King Crimson y de su gran artífice, el guitarrista Robert Fripp, que luego marcaron de forma crucial la forma de ser del grupo y que, no obstante, sucedieron por causas más bien circunstanciales y no obedeciendo a ninguna estrategia.

El primero tuvo lugar a finales de 1969 cuando la formación de su exitosísimo debut se desintegró tras apenas un año de vida dejando como único miembro a Fripp. Éste, desolado al ver que un proyecto tan excitante se venía abajo, propuso ser él quien se fuera dejando el mando al teclista y saxofonista Ian McDonald, ya que creía que el futuro de King Crimson estaba por encima de todo lo demás. Tenía sentido, aunque no era una banda con un claro líder en aquel entonces McDonald era seguramente el músico que más destacaba (había escrito las dos únicas canciones del debut que no eran composiciones conjuntas y era quien tocaba el mellotron, el instrumento más distintivo del primer álbum del grupo), pero rechazó la oferta y dejó a King Crimson en manos de Fripp.

El segundo sucedió bastante tiempo después, más concretamente en 1981. Para entonces hacía ya años que Fripp había decidido disolver King Crimson justo en la cúspide de su carrera - aunque en honor a la verdad propuso al resto de la banda seguir sin él con otro guitarrista (él sugirió a Steve Hackett), pero en aquel entonces la idea de Crimson sin Fripp carecía ya de sentido. Después de varios años de colaboraciones y discos en solitario de diversa índole el guitarrista formó una nueva banda llamada Discipline con la que dio unos pocos conciertos. El caso es que a los pocos meses de repente se les ocurrió que lo que estaban haciendo iba muy en línea con el espíritu de la antigua banda de Fripp, y aunque sonoramente no tenía nada que ver con lo que habían hecho antes, decidieron usar el nombre de King Crimson.


Estas dos pequeñas anécdotas son a mi parecer la base de lo que hizo de King Crimson toda una entidad en la historia del rock. Si en el primer caso McDonald hubiera aceptado la propuesta de Fripp, estoy convencido de que este último habría hecho una gran carrera por su cuenta, pero ya desvinculada de ese fabuloso debut y quien sabe si de forma estable con una banda o más bien como hizo a finales de los 70, saltando de un proyecto a otro. Por otro lado, es probable que King Crimson habría acabado siendo uno de esos muchos grupos de los 70 con un álbum increíble y probablemente unos pocos más de calidad... pero ya está (esto es pura suposición pero la carrera más bien difusa de McDonald tras su fantástico debut con Michael Giles me hace apostar por ello).

Y por otro lado, con la decisión de rescatar el nombre de King Crimson para un proyecto que sonoramente no tenía nada que ver con su antigua banda, Fripp de forma consciente o no estaba dando forma a la idea de "el espíritu de King Crimson", el hecho de que King Crimson no es simplemente un grupo de rock progresivo de los 70 sino una forma de hacer música que podía englobar tanto el progresivo como la new wave. La suma de ambas circunstancias creó por tanto esa idea de King Crimson como algo que va más allá de un grupo (con un sonido definido, unos temas clásicos, etc.) y que se transforma casi en un concepto que seguramente se resuma en la idea de estar siempre evolucionando, nunca mirando atrás.


Esto ha llevado durante décadas a algo tan impopular como que Fripp se negara tajantemente a tocar en directo temas de sus discos de los 70 salvo un par o tres de excepciones. Siguiendo el principio crimsoniano de siempre evolucionar, Fripp rehusaba el camino fácil de ofrecer al público lo que quería, tocando canciones de su época más conocida y popular. Por ello, cuando desde hace unos años Fripp de repente rescató a King Crimson con una formación que, contra todo pronóstico, basaba sus setlists en temas de los 70 que hacía décadas que no tocaban, la sorpresa fue mayúscula. Después de todo, el guitarrista se había salido con la suya: había conseguido mantener una carrera estable y medianamente exitosa (puede que no tanto como antes pero sí lo suficiente para seguir girando por todo el mundo) siguiendo sus firmes principios de evitar sus discos más populares. Y de repente a Fripp le daba por rescatar temas como "Starless" o "Epitaph" para jolgorio de su público. Quizá se dio cuenta de que, a esas alturas, ya no tenía que demostrar nada. O quizá sencillamente cambió de opinión.

El caso es que yo como fan de su época setentera celebré como muchos otros este inesperado cambio de actitud (que en el fondo no creo que responda solo a su idea de no mirar al pasado sino a cierta cabezonería de no depender de su repertorio más popular, ya que en sus giras de los 90 y 00s no tenía problemas en tocar temas de los 80, que por entonces ya eran parte del pasado) y disfruté mucho de tres grandes conciertos que son de lo mejor que he visto en directo.



¿A qué viene esta larga disertación? Pues quizá a que anoche le vi por cuarta vez y en esta ocasión el repertorio deparó unas pocas sorpresas más. No me refiero a que tocara temas como "Moonchild" (que los King Crimson clásicos jamás hicieron en vivo) o "Islands", o que por primera vez en su carrera ahora interpreten la coda de "In the Court of the Crimson King", sino a que ahora han añadido también temas de su trilogía ochentera.

Porque, cosa extraña, en esta nueva encarnación crimsoniana que miraba sin rubor al pasado, inicialmente Fripp dejó totalmente de lado la trilogía de los 80 que realizó mano a mano con Adrian Belew, los discos que supusieron el renacimiento de King Crimson y su nacimiento como entidad y no como grupo progresivo. Y de repente en los conciertos que dieron el año pasado empezaron a asomar la cabeza temas de Discipline (1981) y Beat (1982). Desconozco por qué dejó esos álbums de lado durante los primeros años de esta gira más revival, pero me hizo ilusión que tocara canciones de esa época, no porque me gusten los discos (en directo los temas suenan como un cañón pero no entrarían ni de coña en mi setlist ideal del grupo) sino porque con esta novedad los King Crimson actuales están tocando literalmente temas de todas las épocas, repasando casi todos sus discos. Y me gusta pensar que, ya en el final de la carrera, tras años con esa ideología tan estricta de estar pensando siempre "qué es crimsoniano y qué no lo es" y con esa obsesión de no vivir del pasado, quizá Fripp se ha dado cuenta que después de todo el último paso que le quedaba por hacer era simplemente reconocer todo su legado, abrazar abiertamente la música de todas sus etapas y no renegar del pasado. Que lo más honesto es reconocer que King Crimson es todo lo que ha hecho a lo largo de estos 50 años bajo el nombre del grupo y que, por tanto, todas esas canciones tienen el mismo derecho a hacerse un sitio en su repertorio.

domingo, 28 de octubre de 2018

The Musical Box - 22 y 23 de octubre del 2018, Sala Barts (Barcelona)


Pese a que el fenómeno de las bandas tributo cuenta con muchos detractores y, ciertamente, quizá se ha ido de las manos en realidad es algo inevitable que responde a una lógica irrefutable: que la edad de oro del rock ya pasó y que en estos últimos años no está surgiendo una generación de músicos nuevos que suceda a los grandes clásicos en cuanto a repercusión y capacidad de atraer a un gran público. Obviamente, sigue habiendo (afortunadamente) bandas jóvenes que tienen un éxito apabullante (Muse, Arctic Monkeys) pero si comparamos todos los grandes grupos que hubo en los 70 con la actualidad resulta clara la diferencia, y más teniendo en cuenta cómo hay tan pocos discos de rock que consiguen trascender a nivel popular. No obstante, éste no es otro de esos textos llorando porque el rock ha muerto, simplemente cada género tiene su mejor momento y éste ya hace tiempo que pasó, de modo que como no hay ninguna banda de hard-rock actual comparable a Led Zeppelin, es de esperar que surjan tributos a Zeppelin.

Así pues durante estos años este tipo de bandas pasaron de ser una afición destinada a fanáticos de esos grupos a popularizarse entre el gran público. Y eso llevó como consecuencia una paradoja muy interesante: si bien inicialmente la idea de los tributo tiene el aliciente de que esos músicos están totalmente desvinculados de presiones de discográficas o ventas, y que por tanto podrían hacer repertorios totalmente libres, tocando lo que les diera la gana (¡incluyendo esas joyas ocultas que nos encantan a los fanáticos y que las bandas originales tienen olvidadas!); con el tiempo al hacerse tan populares acabaron viéndose sometidas a las mismas presiones. De modo que desde el momento en que los Dios Salve a la Reina (el tributo más popular a Queen) actúan ya en pabellones, ya no pueden tocar lo que les dé la gana sabiendo que cuentan con la complicidad de un público formado por fanáticos como ellos. Ahora están actuando para el mismo público masivo que Queen - aunque en menor cantidad, claro - y eso implica que si no tocan "Radio Ga Ga" la audiencia estará descontenta. ¿No es irónico que hayan acabado cayendo en la misma trampa? - la única vez que les vi por cierto dieron un gran concierto pero formado íntegramente por temas de sus dos Greatest Hits.... salvo una emotivísima "My Melancholy Blues", que se nota que añadieron al setlist para darse el gustazo de tocar un gran tema oculto, y que acabé coreando yo solo entre un público que no parecía conocerla en absoluto.

Toda esta divagación viene a cuento de que esta semana vi a mi banda tributo favorita con diferencia: The Musical Box, el tributo a los Genesis era Gabriel. Lo que hace que este tributo sea tan especial y diferente a los demás es que no solo interpretan de forma admirable la música de Genesis sino que evocan también toda la puesta en escena de sus conciertos, sobre todo (aunque no únicamente) los disfraces que llevaba Peter Gabriel, a quien el cantante Denis Gagné consigue reinterpretar de forma alucinante, calcando hasta los más mínimos gestos. Se trata no en vano de uno de los tributos más profesionales que existen y que llevan en activo desde los 90. Tal es su fama que los propios Genesis les han dado todo tipo de facilidades para que pudieran desarrollar sus shows de la forma más fidedigna posible, de manera que para los que flipamos con los Genesis era Gabriel realmente tenemos la sensación de ver una representación visual exacta de lo que conocemos por vídeos del grupo.

He visto ya a los Musical Box cinco veces desde que les pillara por primera vez el 2013, y he tenido la suerte de verles recreando los tours de Foxtrot (1972), Selling England by the Pound (1973) y The Lamb Lies Down on Broadway (1974), de modo que he cubierto ya toda su etapa clásica. No obstante, siendo la etapa de Gabriel tan breve, inevitablemente llegó un punto en que pareció que ya había visto todo lo que podían ofrecerme... lo cual no es malo, yo estoy encantando de verles otra vez cada año, pero ya sin el efecto sorpresa. En el caso de los Musical Box el tema estaba en que éstos se imponían de una forma absolutamente estricta el recrear de forma exacta los conciertos clásicos de Genesis, de modo que cada tour recreaba exactamente el mismo setlist, en el mismo orden y con los mismos recursos de puesta en escena que usaban Genesis. Creo que solo en la gira de Foxtrot se salieron un poco del guion, ya que los conciertos que daba el grupo en ese tour eran algo breves para estándares actuales (o al menos para una banda profesional actual con el caché que cobran The Musical Box), de modo que recrearon todo el concierto idéntico, bis incluido, y luego hicieron un segundo bis con dos canciones más de esa época como "un regalo".

Nada que reprochar a este enfoque tan fidedigno, pero muchas veces no podía evitar preguntarme: ¿siendo los Musical Box unos fanáticos de Genesis y unos músicos tan buenos, no les tienta a veces salirse de la norma y tocar otros temas clásicos que dejan de lado porque los originales no solían hacerlos? Ésta es la pregunta que me habría gustado hacerles durante todo este tiempo, porque si yo tuviera un grupo tributo es lo que más me gustaría hacer. Bien, al final no hizo falta formulársela porque me la han respondido ellos mismos elaborando un nuevo tour llamado Genesis Extravaganza en que no recreaban ninguna gira de Genesis sino que simplemente se dedicaban a tocar temas de la era clásica (esto es, incluyendo los dos discos que hicieron sin Peter Gabriel pero que aún sonaban progresivos) en un formato libre.



Acudí pues el lunes con mucha curiosidad por ver qué me ofrecerían los Musical Box, siendo éste el concierto más imprevisible de todos los que vi y si algo me demostraron en este show es que, más allá de su exacto mimetismo a los originales, son una banda extraordinaria en directo. El concierto se estructuraba en tres partes: la primera dedicada a los dos discos sin Peter, la segunda al Lamb Lies Down on Broadway y la tercera a sus primeros álbums. Y si algo se notaba en la selección de las canciones y el orden en que estaban colocadas es que ése era un show hecho por auténticos fanáticos del grupo, gente que ha sabido cómo estructurar un concierto porque conoce a la perfección cómo funciona mejor la distribución de temas.

La primera parte del show era esencialmente un medley instrumental de temas de A Trick of the Tail (1976) y Wind and Wuthering (1976) en el que se intercaló la magistral "Blood on the Rooftops", que bien se merecía interpretarse entera. Lo mejor fue el final de este segmento con unas versiones incendiarias de "Dance on a Volcano" y sobre todo "Los Endos" (mi favorita de los Genesis post-Gabriel). Lo único que les reprocharía es que un tema como "One for the Vine" bien se merecería ser interpretado enteramente, pero es cierto que son 10 minutos...

La segunda, centrada en el Lamb, fue prácticamente el primer disco del doble álbum salvo unos pocos temas que dejaron fuera. Y aquí aprovecho para resaltar una de las grandes virtudes de este show y es que se trata de uno de los conciertos con mejor puesta en escena que recuerdo. No me refiero necesariamente a espectacular sino a bien hecha: el uso de los focos y los láser es de los mejores que he visto, de forma inteligente, sin abusar, adaptándose a las canciones; y las proyecciones eran magníficas, muy bien escogidas, desde animaciones inspiradas en las portadas del Trick o el Wind a otras de cosecha propia muy bien hechas (la de "Counting Out Time" era muy divertida, con unas flechas marcando las zonas erógenas de dibujos o fotos retro de mujeres). Éste fue uno de los aspectos que más me sorprendió del concierto: Musical Box se han apartado de la idea de calcar al detalle la puesta en escena de Genesis y han salido airosos, no solo eso, sino que han demostrado que al planificar ellos una puesta en escena pueden hacer un trabajo extraordinario.


Por último, el tercer tramo del show fue el más especial, y aquí es donde retomo lo que comenté antes de cómo ciertas bandas tributo han acabado siendo esclavas de su éxito. La ventaja de los Genesis de Gabriel es que no es un grupo tan conocido como Queen, Pink Floyd o Led Zeppelin y que, por tanto, un tributo a ellos puede arriesgarse a tocar temas menos obvios sabiendo que el público lo forman sobre todo fanáticos de la banda. Eso queda especialmente patente en esta última parte en que centraron el setlist en temas de la era clásica de Genesis que los Musical Box no han tocado en sus otros tours por eso de ser estrictamente fieles a lo que hacían los originales, o que solo han caído de forma muy ocasional (la excepción fueron el bis y "The Cinema Show", esta última estoy convencido que escogida en parte porque no requiere disfraz). En ese sentido, esta parte del show fue el sueño de todo fanático de un grupo: la oportunidad de oír temas menos habituales que le encantan como "Time Table", "Seven Stones" (la que más ganas tenía de escuchar y que no esperaba en absoluto, fue mi momento de la noche) o "Looking for Someone", que nunca les había oído tocar, o "Can-Utility and the Coastliners" (uno de los grandes temas ocultos de Genesis), que solo la tocan en las giras del Foxtrot. Mención especial a una debilidad personal, la preciosa "After the Ordeal", jamás interpretada por Genesis, que acompañaron en su tramo final con una serie de fotos del grupo que constituyó uno de los homenajes más bonitos que se les podía haber hecho.

Detalles como ésos remarcan la que es una de las cosas que tanto me gustan de este tipo de conciertos, que es la sensación de estar con más gente que comparte tu afición por esa música, esa complicidad entre fans que entienden de qué va la cosa y que celebra contigo detalles que objetivamente serían vistos como extravagancias (aplaudir a un tipo disfrazado de flor, cantar "Erogenous zones, I love you"...). En ese sentido, siempre me he preguntado qué debe pensar el personal de la sala Barts, empleados que trabajan allá sin saber nada de los artistas que actúan, al ver un espectáculo en que un señor mayor se disfraza de flor.



Se trató pues de un concierto pensado para fans que ya les habían visto en anteriores giras, en que casi no se usaron disfraces salvo en el bis de "The Musical Box", donde además hubo el aliciente de que se usara no el de siempre (la máscara de anciano) sino el de la zorra, que es algo muy extravagante que Peter Gabriel utilizó muy poco. Ciertamente cuando le vi aparecer con la máscara de zorro y el vestido rojo sobre el escenario flipé por no esperármelo y me pregunté qué pensaría la gente de la época al ver eso, sin ningún contexto previo que les permitiera asimilarlo.

En definitiva, tan emotiva y especial fue la velada que hice algo que me prometí que no haría jamás, y no me refiero a comprar un disco de Phil Collins sino en repetir un mismo concierto dos noches seguidas. Temía que ver el mismo concierto con el mismo repertorio le restara magia, pero era demasiado tentador, y más con un setlist tan poco frecuente... pero como tocaban dos noches seguidas en Barcelona y quedaban entradas para el segundo show, piqué. Es extraño que haya roto esta norma con una banda tributo. Pero precisamente The Musical Box son mucho más que una banda tributo, entre otras cosas todo un regalo para aquellos que adoramos a los Genesis clásicos.

...In That Quiet Earth
Instrumental Medley: Robbery Assault and Battery/ All in a Mouse's Night / Mad Man Moon / Entangled
Blood on the Rooftops
One for the Vine (fragment)
Dance on a Volcano
Los Endos
The Lamb Lies Down on Broadway
Fly on a Windshield
Broadway Melody of 1974
In the Cage
Back in N.Y.C.
Hairless Heart
Counting Out Time
The Carpet Crawlers

A Place to Call My Own
Time Table
Seven Stones
Can-Utility and the Coastliners
Looking for Someone
After the Ordeal
The Cinema Show
Aisle of Plenty

Entangled
The Musical Box

sábado, 27 de octubre de 2018

America - Teatro Manzoni (Bolonia), 14 de octubre del 2018





Todo fue pura coincidencia. Yo estaba haciendo cola para ver a Queen con Adam Lambert y, para pasar el rato, me dio por pensar en todos los años que llevo viendo conciertos (¡16 nada menos!) y en cómo a lo tonto he visto a la mayoría de mis artistas y grupos favoritos que aún estuvieran en activo todo este tiempo, incluyendo algunos para los cuales he tenido que desplazarme fuera (mismamente Black Sabbath el año pasado). Y eso me llevó a preguntarme a cuáles no he visto aún estando a mi alcance (que afortunadamente no son tantos) y cuáles serían mis mayores ausencias. En mi mente destacaron dos: David Gilmour (para el cual probablemente llego tarde y que he dejado escapar innumerables veces por Europa) y America, un grupo de folk-rock de los 70 no muy recordado hoy día pero al que tengo un cariño enorme. El caso es que America suelen venir a tocar una vez al año a Europa, sobre todo Italia (ojo al dato, su gira actual europea es una fecha por Londres, otra en Holanda.... y tres en Italia, desconozco por qué gustan tanto ahí); y me dio por mirar por qué fechas se moverían aquí este 2018 y... ¡sorpresa! Para mi asombro resulta que tocaban en Bolonia el 14 de octubre... y yo estaba por el norte de Italia en esas fechas. De hecho el 14 era con diferencia el día que mejor me iba para verles en concierto: antes de esa fecha me habría sido imposible y después habría implicado alargar mi estancia más de lo debido, pero el 14 era perfecto. Yo no me considero una persona especialmente audaz, pero sé reconocer una señal del destino cuando la veo, de modo que al día siguiente ya tenía mi entrada para verles en el teatro Manzoni.



No voy a extenderme en presentar a America porque ya les dediqué una entrada hace años y la situación del grupo no ha cambiado desde entonces: siguen siendo una de esas bandas que apenas graban discos y que dedican su vejez a conciertos nostálgicos. Bienvenida sea la nostalgia. Gerry Beckley y Dewey Bunnell se conservan notablemente para su edad y consiguen hacer sus líneas vocales sorprendentemente bien. Llevan consigo un tercer guitarrista y una base rítmica en la que me sorprendió el estilo tan contundente del batería, que le dio a los temas un extra de fuerza que si bien no está presente en muchas de sus composiciones de estudio, sirvió para darle un tono más ágil al concierto (además se encargó de cantar un par de temas del fallecido tercer miembro del grupo, Dan Peek).

La velada se abrió con la algo ñoña introducción del Holiday (1974) seguida de "Tin Man", muy bien escogida como inicio. A partir de aquí el setlist se inició sin sorpresas, desgranando su impecable colección de hits uno tras otro junto a algunos temas un poco menos conocidos. El hecho de que además la mayoría de canciones las tocaran seguidas, casi sin pausa entre temas, aumentaba la sensación de "temazo-tras-otro". Algunos a destacar: "Don't Cross the River", la inmortal "Ventura Highway", "Lonely People", "Only in Your Heart"... Un detalle que me hizo gracia es que en cierto momento anunciaran dos canciones diciendo que venían de su disco History, que es un recopilatorio, en lugar de citar su álbum de estudio, pero es que para el imaginario popular dicha compilación ha pasado a ser el disco por excelencia de la banda, y ellos lo saben. A efectos prácticos lo tocaron entero salvo una de las que menos me gusta, "Muskrat Love" (aunque es de lamentar que no hicieran ninguna otra de Hat Trick, el infravaloradísimo disco en que se encuentra dicho single y que acabó siendo su única obra clásico que se fue de vacío).


Uno de mis momentos favoritos del show fue cuando anunciaron que tocarían tres temas de su maravilloso debut y para mi sorpresa se marcaron un par que no están en el recopilatorio: "Riverside" y, sobre todo, "Here", una de sus grandes joyas ocultas y uno de mis temas predilectos del grupo que fue sin duda uno de los mejores momentos de la noche, sobre todo en su desenlace más cañero. Los otros temas que se salieron un poco del guion fueron dos versiones: una correcta "Eleanor Rigby" en homenaje a su productor George Martin conocido por su trabajo con los Beatles, que para mí falló simplemente porque recrear violines con teclado es algo que nunca me ha funcionado del todo; y "California Dreamin", que presentaron recordando nostálgicamente a todos los grandes grupos de los 60 y 70 que pudieron ver en su época. Hubo por supuesto algunos tics que nos hicieron recordar que estábamos viendo una banda setentera, como un afortunadamente breve solo de bajo (ésta es de esas cosas que cuando los grupos de los 70 pasen a mejor vida y dejen de hacerse, nuestros hijos no se creerán cuando se las expliquemos).

También hubo canciones que no conozco de su etapa ochentera pero que afortunadamente sonaron bastante bien interpretadas sin esas producciones típicas de la época y un final especialmente eufórico con una brutal versión de "Sandman" y sus dos grandes clásicos, "Sister Golden Hair" y el bis con la inmortal "A Horse with no Name".


Una velada realmente emotiva y musicalmente impecable, en que se nota que los músicos disfrutan de su trabajo y que cuidan mucho los detalles, desde el bonito gesto tras presentar la banda de hacer lo propio con los miembros del equipo técnico a las proyecciones que acompañaban la música, elegidas con buen gusto y con el toque nostálgico que requieren las canciones. Es agradable saber que sigue habiendo multitud de bandas de los 70 que, pese a haber caído en el relativo olvido, siguen por el mundo actuando y contentando a sus fans, ¿no creen?

Tin Man
You Can Do Magic
Don't Cross the River
Daisy Jane
Riverside
I Need You
Here
Ventura Highway
Driving
Monster
Eleanor Rigby
Cornwall Blank / Hollywood
The Border
Greenhouse
Woman Tonight
Only in Your Heart
California Dreamin'
Lonely People
Sandman
Sister Golden Hair

A Horse With No Name