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sábado, 23 de julio de 2016

1976

Retomando una vieja costumbre, me he animado a listar mis discos favoritos que cumplen 40 años este 2016.

Parte del aliciente está en que 1976 fue un año un tanto "raro" en el mundo del rock. Los géneros que habían predominado en esa década (progresivo, glam, cierto tipo de hard-rock) empezaron a estancarse, sobre todo con el grado de saturación y excesos que estaban sufriendo ya las bandas. Todavía no había salido la vieja guardia punk a darle un soplo de aire fresco (aunque su contribución ya he comentado que se tiende a sobrevalorar o malinterpretar) y en algunos álbums de la época se puede apreciar a bandas antes exitosas buscando un nuevo sitio en estos tiempos cambiantes (Black Sabbath) mientras otros arrasaban en las radiofórmulas suavizando aún más su sonido (Eagles) y entraba en escena el famoso AOR (el debut de Boston, que no ha entrado en mi lista por los pelos).

No es un año de grandes novedades musicales, incluso estilos más bizarros como el kraut-rock empezaron a estar de capa caída y otros como el jazz-rock o fusion llegaron a unos extremos de marcianadas que a mí me cuestan de asimilar (eso incluye clásicos innegables de ese año como Romantic Warrior de Return to Forever o Wired de Jeff Beck que, ay, son demasiado para mí). Pero resulta muy interesante como muestra de una escena que estaba saturándose y como ejemplo de que pese a eso siguió habiendo grandísimos discos.



15) Blue Öyster Cult - Agents of Fortune

Aunque por estilo me pegan mucho más los discos anteriores de Blue Öyster Cult, lo cierto es que de lo que he oído de ellos simpatizo más con su primer acercamiento al AOR. Aunque no sea tanto mi rollo la sucesión de temazos que hay aquí habla por sí sola, además de tener una de mis canciones favoritas de todos los tiempos (ya saben cuál es).


14) Led Zeppelin - Presence

Titular asociado a este álbum: el inicio de la decadencia de Led Zeppelin.
Mi respuesta: ¡bendita decadencia si la de todos los grupos fuera así!
Sí, es cierto que es un bajón innegable respecto a lo que venía antes, pero incluso hoy día que los tengo más apartados reconozco que es un gran disco, incluso más allá de los dos grandes temas clásicos (¡y qué dos temas!).



13) Invisible - El Jardín de los Presentes

El músico argentino Luis Alberto Spinetta tiene el mérito de ser tan bueno que consigue que supere el para mí infranqueable obstáculo de oír música rock cantada en castellano. Un tipo apasionante que estuvo metido en varios proyectos y bandas, en Invisible optó por hacer una banda con cierta tendencia al jazz-rock (especialmente visible en la instrumental "Alarma entre los ángeles") pero que en realidad no se aleja tanto de lo que hacía antes. A destacar la inmensa "Niño condenado".




12) David Bowie - Station to Station

En estos años de incertidumbre nuestro camaleón preferido estaba en plena transición. Ya hacía un par de años que se había bajado del carro del glam antes de que el género decayera oficialmente, había probado con el soul y ahora, aunque aún quedaban resquicios de esa etapa, iba hacia nuevos caminos que desembocarían en la trilogía berlinesa, convirtiéndole en uno de los dinosaurios que mejor supo evolucionar al cambio de tiempos.

Station to Station es por tanto un gran disco de transición entre etapas, que para mí tiene dos de las mayores obras maestras de su carrera - y eso es decir mucho - en el tema homónimo y "TVC15".


11) Rush - 2112

Ya comenté anteriormente la jugada-vacilada que hicieron a su discográfica con 2112, donde mandaron a la porra su demanda de volver a sonar a Led Zeppelin como en sus primeros discos y apostaron de forma aún más contundente por el rock progresivo. Y contra todo pronóstico se salieron la suya y se consagraron definitivamente.
Reconozco que la cara B necesito repescarla de vez en cuando para recordar lo buena que es, pero es que la suite homónima de la cara A (y en especial su obertura) eclipsa prácticamente cualquier cosa.


10) Be-Bop Deluxe - Sunburst Finish

Una de mis debilidades personales, Be-Bop Deluxe fue uno de esos grupos que empezó con la excusa del glam pero que luego tiró hacia lo que hoy conocemos como el cajón de sastre art-rock. El principal artífice es su cantante, guitarrista y compositor Bill Nelson, un guitarrista excelso (fíjense en el solo de "Crying to the Sky") con un gran talento además para escribir buenas canciones que en otras manos habrían optado por darle un toque más convencional. Este álbum es considerado el gran clásico de su carrera (que no es decir mucho dado lo desconocidos que son) y una buena puerta de entrada a uno de los muchos secretos por descubrir de los 70.


9) AC/DC - High Voltage (versión europea)

Mientras el hard-rock fue tirando más esos años hacia el boogie-rock o un sonido más radiofónico, en Australia dos hermanos estaban gestando una banda que volvía al sonido más crudo y primigenio del invento, y que contra todo pronóstico acabarían siendo una de las bandas más famosas de la historia. Su debut es quizá mi disco favorito suyo, repleto de himnos incendiarios de hard-rock y tintes blueseros (la inmortal "The Jack"). Descubrir en su época las guitarras de los hermanos Young y el carisma arrebatador de Bon Scott debía ser algo sensacional.


8) Elliott Murphy  - Night Lights

Cuando el señor Elliott Murphy todavía parecía tener esperanzas de consagrarse como cantautor, una especie de mezcla de sus idolatrados Bob Dylan y Lou Reed, se sacó de la manga su disco más ambicioso: Night Lights, más alejado del folk-rock clásico de sus primeros discos y apostando por una producción más ampulosa que al principio me pilló un poco por sorpresa, pero que a la práctica es su disco más redondo. Desafortunadamente no lo logró y ha quedado relegado a esa etiqueta tan simpática de músico de culto, de modo que tenemos que escarbar para llegar a él y a canciones tan inmortales como la estremecedora "You Never Know What You're in For".


7) Genesis - A Trick of the Tail

Tiempos de cambio para una de las bandas más emblemáticas del rock progresivo: su carismático cantante Peter Gabriel se larga, y en su lugar ponen a cantar a su batería, un tal Phil Collins. Nadie daría un duro por ellos en su momento, pero lo cierto es que no solo funcionó sino que consiguieron el mayor éxito de su carrera.
No me enrollaré mucho (ya lo hice en su momento) pero la clave está en dos factores: las canciones siguen siendo muy buenas y la banda apostó por unirse a esa tendencia de aquellos tiempos de tirar el rock progresivo hacia un sonido más amable (¡hola Supertramp!) que tuvo muchísimo éxito.


6) Al Stewart - The Year of the Cat

Es curioso, no he logrado profundizar en serio en la obra de Al Stewart estos años por mucho que adore este álbum, el más mítico de su carrera. Sin poder juzgar si tiene más discos a la altura, sí que diré que The Year of the Cat es una magnífica muestra de pop radiofónico bien hecho, fácil de escuchar pero con canciones sólidas. No creo que haga falta defender el tema homónimo (una de esas canciones que "lo tienen") pero hay mucho más, miren sino "Sand in your Shoes" o "Midas Shadow".
5) Camel - Moonmadness

¿Recuerdan lo que dije de Genesis? Aplíquenlo también a Camel. La banda de Andrew Latimer llegó más tarde que los otros grandes del progresivo, saltándose la época de primeros devaneos y entrando cuando el género estaba en su apogeo y sus excesos. De modo que cuando el progresivo tiró hacia un sonido más light, ellos estaban todavía en pleno crecimiento musical, y además les vino bien porque, siendo honestos, siempre habían sido una banda progresiva que tiraba más hacia sonidos amables.
Moonmadness podría ser perfectamente su mejor obra: entra de maravilla (tiene uno de mis sonidos de teclado favoritos, a modo de detalle a destacar) y canciones como las tres primeras que lo abren te enamoran al instante. No es mi faceta favorita del género, pero cuando está tan bien hecha, ¿qué le voy a reprochar?


4) Relatively Clean Rivers - Relatively Clean Rivers

La rareza de la lista: una de esas bandas underground que hicieron un solo disco rescatadas hoy día gracias a los blogs de rarezas setenteras. No sé muy bien de dónde sale esta joya, solo sé que fue un disco perpetrado por un tal Phil Pearlman, que había estado en otros proyectos que tengo pendientes de investigar, y que en su época no llegó a casi nadie porque se hicieron solo unas copias de este álbum. Bendito internet que lo ha sacado a la luz, porque a mí me encanta: tiene el sonido exacto de rock americano o folk-rock que más me gusta, con un rollo a lo Grateful Dead o Crosby Stills & Nash, y - lo más sorprendente de todo - muy buenos temas. Que una joya así quedara relegado casi a un capricho de una discográfica es algo que no puedo entender.


3) Van Der Graaf Generator - Still Life

Peter Hammill, completamente a su bola, había decidido reformar su banda Van Der Graaf Generator en una fecha tan poco propicia para el progresivo como 1975. E, ignorante de los cambios que se producían en el género, fue lanzando más grandes discos que seguían su estilo personal tan reconocible al mismo tiempo que anunciaban nuevos caminos. Still Life es una muestra de cómo el hombre iba aún sobrado de talento, como demuestra la emotivísima "Pilgrims" que abre el disco, el tema homónimo o la pequeña suite final.
Yo le tengo además un cariño especial por ser el primer disco que oí del que hoy es uno de mis grupos favoritos.


2) Queen - A Day at the Races

Considerado como el hermano menor de A Night at the Opera (1975), en realidad A Day at the Races es un disco que prueba otros derroteros, no tan excesivo y operístico como su predecesor. Y eso no quita que sea una obra maestra, y de hecho uno de los mejores álbums de Queen. Menos vistoso que los discos que le rodean, A Day at the Races es un álbum que, más allá de sus clásicos - la hard-rockera "Tie Your Mother Down" y la gospeliana "Somebody to Love" (la magia de Freddie Mercury es que adoraba a partes similares a Led Zeppelin, Liza Minnelli y, como se ve aquí, Aretha Franklin) - está repleto de clásicos ocultos del grupo esperando ser descubiertos: mi tema favorito de Roger Taylor ("Drowse"), una de las mejores baladas de Freddie ("You Take my Breath Away"), la mejor canción de John Deacon junto a "Spread Your Wings" ("You and I", que no entiendo cómo no es un clásico) y una de mis mayores debilidades, la balada folk de Brian "Long Away".


1) Be-Bop Deluxe - Modern Music

Me permito repetir grupo porque ambos discos de Be-Bop Deluxe merecían salir aquí. Si Sunburst Finish es su pequeño clásico, el que se cita cuando se quiere recordar a la banda de Bill Nelson, Modern Music es su obra maestra absoluta. Un disco que se me resistió durante años y ante el cual he acabado cayendo rendido, donde afinaron más que nunca ese sonido propio tan especial que - mucho me temo - dejaron más de lado en su siguiente y último álbum, donde las composiciones de Nelson están no solo más refinadas que nunca sino impecablemente secuenciadas a lo largo del disco. Sin ir más lejos la cara B es quizá una de mis suites favoritas del rock, una maravilla de principio a fin.
Qué voy a decir, uno de mis álbums favoritos de todos los tiempos.

sábado, 8 de febrero de 2014

Rush - Beyond the Lighted Stage


Rush es de esos grupos de los que no soy fanático pero que me caen simpáticos. No lo digo en plan condescendiente dando a entender que son simplemente una banda "simpática y agradable", sino que aún reconociendo su grandeza y su innegable importancia, nunca he sido un fan auténtico de ellos. Me gustan los discos suyos que tengo de los 70, pero no creo que ninguno sea una obra cumbre del rock, lo cual no quita que me parezcan muy buenos. Digo esto más que nada porque este trío canadiense es de esos grupos que cuentan con una legión de fanáticos que los venera de una forma increíble. Bien, yo no soy de esos, así que mi opinión de este documental no es la de un fanático contemplando un documental sobre SU banda, sino la de un fan más circunstancial.

Como casi todo documental de leyendas del rock, Rush es un film dedicado a alabar a sus protagonistas y narrarnos su historia como el clásico relato de jóvenes humildes y ambiciosos que alcanzan el estrellato. Pero aunque nos sabemos ya de qué va la cosa, sigue siendo un documento entretenido y emotivo, incluso para los no-fanáticos como yo.


Rush parecen buena gente
La premisa básica sobre la que se sustenta es ni más ni menos mostrarnos cómo Rush es de los pocos grupos que han aguantado más de 30 años de carrera haciendo siempre lo que les ha venido en gana y, aún así, manteniendo su éxito. Sin el apoyo de la crítica y arriesgándose a perder fans por el camino. El caso más paradigmático es el fracaso de su tercer disco Caress of Steel tras el cual decidieron jugársela con 2112 en vez de volver al sonido simple de sus primeros discos mejor recibidos por el público.

Sin embargo aquí debo hacer un matiz y es que ciertamente sus diversos cambios de sonido comportaron perder a fans por el camino, pero fueron cambios que no les llevaron hacia rock experimental sino hacia el pop de sintetizadores que tanto se llevaba en los 80. Por ello no creo que su camino fuera TAN arriesgado a esas alturas... obviamente perdieron fans y lo sabían, pero a costa de meterse en un estilo que les abría a un público mayor, y eso es algo en lo que obviamente no se incide mucho en la película. A cambio, sí que creo que ese paso al pop de sintetizadores fuera honesto, me creo al bajista y teclista Geddy Lee cuando dice que para él esos sonidos eran la senda a seguir, y de hecho incluso el batería Neil Peart dice algo que para mí es una barbaridad, y es que los Rush propiamente dichos empiezan a partir de Moving Pictures (!!), lo cual deja de lado sus discos de los 70.

No obstante, por una vez compro la historia, aunque no me gusta nada su etapa ochentera creo que Rush han sido fieles a hacer lo que querían incluso aunque se equivocaran, y eso no es poca cosa en este mundo. Además son de los pocos ejemplos que conozco de grupos que no han cambiado de componentes tras tantos años y que no han tenido peleas internas que yo sepa. Es por eso que a algunos quizá les decepcione el documental, al no tener nada del morbo asociado a las grandes bandas del rock (excesos con mujeres y drogas, peleas a puñetazos entre ellos, etc.), sus protagonistas parecen más bien tres freaks que se han convertido inesperadamente en tres respetables millonarios haciendo su música, que no por ello dejan de bromear constantemente (es impagable ver como Neil y Alex se pasan todo el documental tomándose el pelo continuamente, igual que cuando eran compañeros de clase).


En el documental ellos mismos reconocen que a veces no acertaron con las pintas que llevaban..

Es por ello que cuando sale a la luz el único suceso realmente dramático de su historia impacta tanto. La muerte de la hija y la esposa de Neil Peart en unos pocos meses de tiempo fueron lo único que casi propició la separación del grupo, y es una desgracia que se nos hace real porque no sucede en un contexto de músicos que viven al límite sino de tres personas normales y corrientes. La explicación de Neil sobre cómo logró superar ese duro momento de su vida creo que es uno de los instantes más conmovedores y humanos que he visto relacionados con el rock, sobre todo por la franqueza y ausencia de dramatismos con que habla del tema.

Por todo esto, Rush es uno de esos documentales que consigue llegar tanto al fanático de la banda que se conoce la mayoría de hechos como a los fans más casuales como yo. Al acabar de verlo no pude evitar sentir aún más simpatía hacia estos tres tipos, a los que sigo sin considerar genios del rock, pero que resultan entrañables con su irresistible sencillez y sentido del humor, que contrastan con la enormidad de su carrera.

martes, 30 de abril de 2013

Sobre bandas dinosaurio y músicos de acompañamiento

Tengo una pequeña broma con un amigo aficionado también a la música sobre los grupos que giran con grandes bandas de acompañamiento, tonterías en plan imaginarnos a un músico actuando con una banda de cinco coristas, un saxofonista y un teclista cuando su estilo de música no pega nada con eso (por ejemplo AC/DC, ¿se imaginan un "Highway To Hell" en ese estilo?). El motivo de esta broma es el que haya tantas bandas y artistas legendarios del rock que suelan girar con este tipo de formaciones. Ya sabéis a qué me refiero, una banda que inicialmente eran cuatro o cinco tíos que al llegar a los 60 años deciden añadir como acompañamiento a uno o dos teclistas, saxofonistas, dos o tres coristas negras y algún guitarrista más. El ejemplo más típico de esto serían los Rolling Stones, quienes han girado casi siempre en ese formato desde su retorno de finales de los 80, pero desde luego no son los únicos.

Resulta comprensible que muchas bandas hayan recurrido a este formato, ya que objetivamente hablando ese añadido hace que los conciertos sean mejores a nivel musical, ¿cómo no van a hacerlo teniendo a un montón de músicos excepcionales acompañándoles? Pero el precio a pagar es alto, ya que a cambio renuncian a buena parte de su personalidad y sonido propio, y es eso lo que a mí me desagrada más. Es una opinión personal, claro, de hecho uno de los motivos por los que las bandas optan por añadir músicos es que a la mayoría del público les gusta eso, cuantas veces he oído cosas tipo "y las coristas que llevaban, impresionante lo bien que cantaban y cómo embellecían las canciones".

Roger Hodgson y su arriesgada apuesta de dar conciertos con solo un músico extra

Quizá el problema es que en mis gustos personales cada vez me gustan menos los discos que cuentan con grandes bandas de ese estilo (ejemplo, el debut en solitario de Clapton, del cual hablaré en unos párrafos). De hecho lo que me sucede en este tipo de conciertos es que el sonido que tienen las bandas lo disfruto mucho en su momento (porque como dije, objetivamente hablando suenan de coña) pero luego si escucho ese mismo directo en casa me aburre soberanamente. Por ello jamás podré comprarme ningún directo de los Stones de las últimas giras, oiría canciones impecablemente interpretadas pero sin chispa, sin apenas sonido Stone.

Un ejemplo, escuchad el "Street Fighting Man" sacado de un concierto del 2003:



Ahora comparadlo con el del Get Yer Ya-Ya's Out de la gira del 1969, en que iban sin ningún músico de acompañamiento (suena en el minuto 43:20)



Ambas son muy buenas versiones pero se nota claramente lo que quiero decir. La primera es objetivamente intachable, con acompañamiento de piano y algunos coristas que refuerzan a Mick, una muy buena versión. La segunda en cambio formalmente es menos conseguida, suena menos impecable, pero a cambio es mucho más espontánea y auténtica. Un detalle que puede parecer insignificante pero que para mí dice mucho: fijaos en el estribillo de la versión del 1969, de fondo podéis oír a Keith acompañando a Mick. Keith como corista no hace un gran trabajo ahí, su voz incluso suena algo fuera de lugar, pero a mí ese detalle me encanta. De hecho esta versión del tema empezó a llamarme la atención cuando me fijé en ese detalle un día que iba escuchándola en el Mp3 camino a la universidad. En cambio, en el directo del 2003 pueden oírse de fondo a algunos coristas acompañando a Mick que lo hacen mucho mejor, pero eso no me dice nada aunque hacen que la canción suene mejor. Del mismo modo, en esa versión el piano está muy bien incorporado (me gusta cuando tiene un pequeño momento de protagonismo al final), pero me quedo mucho antes con la versión más desnuda y sucia del Get Yer Ya-Ya's Out. 

No estoy diciendo que las versiones que molan más sean las más sencillas y desnudas. No es así necesariamente. Tampoco que las bandas no deberían llevar músicos de acompañamiento. Cada grupo y artista es un caso diferente, no se puede generalizar, pero analizando los ejemplos que conozco mejor siempre me quedaré con las versiones más sencillas y desnudas (siempre que estén bien hechas, claro). Me gusta ese sonido, que aunque deja al descubierto las limitaciones del grupo por otro lado los muestra tal cual. Y es que el rock no tiene por qué sonar necesariamente perfecto. Es decir, en mi opinión Keith no estropea "Street Fightin Man" con sus coros, de hecho me aportan mucho más que un coro de cantantes femeninas que adorne la canción, porque ese detalle de Keith hace que suene más espontáneo, que te contagie su entusiamo. Obviamente, si Keith hiciera unos coros pésimos tampoco me gustaría, pero ese término medio para mí es lo que da ese extra a la canción.

Los Polyphonic Spree imagino que nunca tendrán el problema de necesitar músicos extra de acompañamiento

Otro ejemplo para mí sería el Live at Fillmore de Derek & The Dominos. Uno de los problemas que tenía Clapton en esa gira es que su banda solo le tenía a él de guitarrista, mientras que en el disco le acompañaba en casi todos los temas Duane Allman. Tener que trasladar al directo temas que en estudio se grabaron con dos guitarras (una de ellas además de Duane Allman, casi nada) es muy difícil, e imagino que por eso no interpreta algunos temas como "Anyday". Y sin embargo, ese es uno de mis directos favoritos. Cierto, Clapton está en su época cumbre como guitarrista haciendo solos larguísimos impresionantes, pero por eso si estuviera acompañado de algún buen guitarrista impersonal para mí perdería algo de magia. Las canciones estarían objetivamente mejor interpretadas pero creo que me gusta más así, Clapton solo ante el peligro defendiendo los temas con una sola guitarra y dejándose la piel en ello.

Años después, Clapton ha girado siempre con grandes bandas demostrando que se ha convertido en un auténtico perezoso. En alguna gira incluso dejaba que una de las coristas cantara alguno de sus temas, lo cual para mí es un gran error. Sí, Eric, tus bandas suenan impecables y cuando fui a verte el 2004 lo pasé en grande. Pero lo que me dejó mejor impresión no era la forma como las coristas te acompañaban en "Wonderful Tonight" sino los momentos en que te dejabas llevar un poco haciendo que tu guitarra nos deslumbrara. Fueron solo momentos puntuales, pero para mí eso fue lo maravilloso, al margen del resto de banda. Ver a Clapton en formato cuarteto o quinteto implicaría que Eric debería tirar más a menudo de momentos así para suplir la ausencia de una cómoda banda en que apoyarse, y es por ello que me encantaría verle así... claro que él no debe opinar igual.

Por supuesto, hay casos de grandes bandas que deciden apostar por mantenerse en versiones minimalistas que deben ser muy tenidos en cuenta. Cito unos pocos para cerrar este artículo:
- Roger Hodgson: uno de los dos líderes de Supertramp decidió hace ya años empezar a dar giras en solitario acompañado únicamente de un saxofonista, aún cuando la música de Supertramp es bastante compleja y, en contraste, sus compañeros decidieron ampliar incluso la banda para su gira del 2010.
- Rush: de los pocos trios del rock que jamás han utilizado músicos extra en vivo que yo sepa, y eso que su música es compleja y Geddy Lee agradecería tener una ayuda a los teclados.
- The Police: cuando volvieron hace años lo hicieron manteniendo el formato trio y eso que en sus últimos discos hay muchos teclados. Pese a eso optaron por un sonido más desnudo y simple, una vuelta a lo básico. Bravo por ellos.

Para compensar el enorme vacío que queda en el escenario siendo solo tres músicos, Rush tienen la particular broma de tener en el escenario lavadoras y asadores de pollos

sábado, 20 de abril de 2013

Rush - Caress of Steel (1975)



Caress of Steel fue literalmente el disco que casi acabó con la carrera de Rush, lo cual es una frase muy poco prometedora para iniciar la reseña de un álbum.

El trío canadiense contaba en aquella época con dos discos de estudio, Rush (1974) y Fly By Night (1975), que se vendieron bastante bien y les dieron cierta reputación. En ambos practicaban un hard-rock setentero muy potente con claras influencias de Led Zeppelin en que destacaba sobre todo su potencial como músicos, y es que instrumentalmente Rush siempre han sido sencillamente estratosféricos.

Sin embargo, nuestros amigos no aspiraban a ser simplemente una versión canadiense de Led Zeppelin. De hecho uno de los motivos por los que su primer batería abandonó la banda era la disparidad de opiniones musicales: el bajista Geddy Lee y el guitarrista Alex Lifeson por entonces ya estaban muy interesados en la música de bandas como Yes y Genesis, algo en lo que no concordaban con su batería. Así pues, éste dejó amistosamente el grupo y en su lugar entró Neil Peart aka uno de los mejores baterías de la historia del rock, cuya apabullante técnica les permitiría ampliar sus horizontes musicales sin limitaciones.


Después de esos dos primeros discos, Rush sorprendieron sacando repentinamente Caress of Steel, un álbum que contaba con una larga suite que ocupaba toda una cara del vinilo y otro tema que ocupaba la mitad de la cara A. El disco se vendió fatal, y por una vez no puedo dejar de ponerme un poco de parte de los que les dieron la espalda. Hoy en día ya sabemos qué vino después y cada vez que escuchamos un álbum de Rush lo hacemos desde la perspectiva de estar oyendo el disco de una banda legendaria. Pero en 1975 Rush no eran más que un muy buen grupo de hard-rock que de repente se pasaron de listos queriendo sumarse a la moda del rock progresivo. Y es que, debo decirlo, los temas largos de Caress of Steel suenan a prog-rock hecho por amateurs. No son malos porque musicalmente las melodías y la ejecución está muy bien pero, en lo que respecta al tema de 20 minutos, como suite progresiva es totalmente fallida.

"The Fountain of Lamneth", que es como se llama, es un ejemplo de manual de una banda inexperta intentando hacer un gran tema de rock progresivo, o dicho otra forma, de prog-rock amateur. El tema se salva porque musicalmente es bueno, pero como composición deja mucho que desear en global. El problema es que sus diferentes segmentos están fatal unidos y no hay ninguna fluidez ni continuidad, parece un corta-pega hecho de cualquier forma. A mí me irrita especialmente el solo de batería de Neil Peart, no por el solo de batería en sí (a mí no suelen molestarme si están bien hechos e integrados en la composición), sino porque no pega ni con cola en su posición. Aparece repentinamente después de la primera parte del tema y rompe por completo el ritmo - valga la redundancia - y el estilo de la canción. De hecho, los diferentes segmentos están separados por silencios, lo cual enfatiza la sensación de poca fluidez.
No obstante, aunque suene contradictorio, es un tema disfrutable, ya que la música en sí misma es buena, simplemente fracasa como composición global. La primera vez que la escuché recuerdo que me decepcionó tanto que la paré a la mitad y dudé sobre si valdría la pena ese álbum, pero con el tiempo le cogí el punto.

Caress of Steel ofrece en definitiva un sonido de power trio adaptado a canciones que aspiran a ser puro prog-rock. Quizá lo ideal habría sido que la banda hubiera hecho ese paso poco a poco en lugar de lanzarse ya a un tema de 20 minutos sin experiencia previa. Pero, qué queréis, eran jóvenes llenos de ambición y el paso del tiempo les ha dado la razón, del mismo modo que ha reivindicado este disco. Es cierto que aquí practican un prog-rock aún poco depurado, pero tiene un encanto especial oír canciones de ese género sin protagonismo de teclados, como si un power trio hubiera decidido de repente imitar a Yes o Genesis (que es en realidad lo que sucedió).


El gran atractivo del álbum es que, a juzgar por lo que he oído de ellos y por lo que he leído comentar a expertos en el grupo, se trata de uno de los discos de Rush donde más destaca Alex Lifeson. Curiosamente, este grupo representa uno de esos pocos casos en que el miembro que menos destaca es el guitarrista, no porque no sea bueno ni tenga momentos de lucimiento, sino por la enorme competencia que tiene: Neil Peart, un batería virtuoso, un prodigio de técnica; y Geddy Lee, un bajista excelente siguiendo la tradición de los power trios que además tiene un timbre de voz imposible de olvidar ("Mickey Mouse en helio" según un crítico de la época) y, por si eso fuera poco, con el tiempo acaparó más protagonismo con los teclados y sintetizadores. Los tres miembros de Rush siempre han sido piezas fundamentales e insustituibles, pero Caress of Steel es uno de los álbums del grupo donde más llama la atención la guitarra.

Pasando al resto de temas, "Bastille Day" es un temazo infalible de hard-rock en la línea de sus discos anteriores, al igual que la siguiente "I Think I'm Going Bald", la más floja del disco pero con una letra bastante cachonda.
Las dos siguientes son de momento mis favoritas. "Lakeside Park" es un medio tiempo con un sonido muy atractivo y una buena melodía, mientras que "The Necromancer" es su otro experimento con temas progresivos. Bastante menos ambicioso (12 minutos) también flaquea en su construcción, pero sale mejor parado que el desgarbado tema de 20 minutos y cuenta con algunos solos de guitarra maravillosos.


Como dije, el álbum fue un sonoro fracaso de ventas que enfureció a la discográfica. Ésta pidió a la banda que volviera al sonido simple de antes y que compusieran temas más radiables. Su respuesta fue bastante clara: 2112, un disco que se iniciaba con una composición de 20 minutos sobre una sociedad futurista.
Según han dicho ellos mismos, al llegar a ese punto se plantearon qué hacer y decidieron jugársela del todo, preferían ser fieles a sí mismos y seguir el camino musical que a ellos les interesaba aunque fuera a costa de su carrera. 2112 fue una arriesgada apuesta que sabían que podría ser su fin, pero estaban dispuestos a asumir eso antes que transigir a las exigencias de la discográfica. Cuántos casos debe haber en la historia del rock de bandas en una situación similar que decidieron hacer lo mismo que Rush, acabando así con su carrera. Rush fue uno de los pocos casos en que ganaron la apuesta, ya que el disco fue un éxito de ventas que les catapultó al estrellato, donde se han mantenido desde entonces. Pero, no hay que olvidarlo, fue una (afortunada) excepción.