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domingo, 12 de junio de 2016

Cuando Alice Cooper dejó Alice Cooper para debutar como Alice Cooper

Estos días he acabado de leer el imprescindible libro de Sergio Martos Por un Billón de Dólares dedicado a la Alice Cooper Band. Gran parte del interés está, no solo en que se basa en declaraciones de todos los implicados, sino en que reivindica a la que es una de las mejores formaciones de la historia del rock: Alice Cooper, Michael Bruce, Glen Buxton, Neal Smith y Dennis Dunaway.



De hecho, he de hacer una confesión. Aunque me gusta Alice Cooper y es un artista que me parece muy creativo y talentoso, lo que realmente me encanta es la Alice Cooper Band. La carrera de Alice en solitario es muy interesante y tengo ganas de explorar muchos de los discos que me faltan, pero en base a lo que conozco no hay punto de comparación desde mi punto de vista. Por ello es de celebrar que un libro por fin les haya hecho justicia.

Mi relación con Alice empezó de forma muy curiosa. Inicialmente me pensaba, como la mayoría de jóvenes de mi generación, que era un músico de heavy metal, hasta que descubrí temazos como "I'm Eighteen" o "School's Out" que me hicieron asociarlo al rock de los 70. Recuerdo también un programa de la BBC en que se hablaba sobre cómo fue un pionero en el glam-rock, un género que me era más cercano que el heavy. Pero no me puse en serio con él hasta que me enteré de que venía de gira a mi ciudad. Y cosa extraña, creo que compré la entrada sin conocer más que unos temas sueltos, un poco a ciegas y confiando que valdría la pena (así fue).

Empecé entonces a escuchar sus discos más míticos: Love it to Death (1971) y Billion Dollar Babies (1973) me enamoraron al instante, Killer (1971) y School's Out (1972) tres cuartos de lo mismo... pero, cosa extraña, su primera obra en solitario, el mitiquísimo Welcome to my Nightmare (1975) me decepcionó profundamente. ¿Cómo podía ser si se trataba de todo un clásico? Enseguida entendí la clave: lo que me encantaba de los otros discos era en gran parte el sonido que tenía esa banda, un grupo en el que absolutamente los cinco miembros aportaban algo esencial. De hecho investigando un poco descubrí que en aquellos años Alice ni siquiera era el líder del grupo. ¿Qué había pasado? ¿En qué momento Alice rompió con la que parecía ser una formación imbatible? Éste es uno de los aspectos más interesantes del libro de Martos.



De entrada el primer aspecto confuso era el nombre del grupo. Bautizar a una banda de rock medio experimental con el nombre de Alice Cooper era bastante extraño y llevaba a confusión (algunos iban a los conciertos esperando encontrarse a una cantautora folk). Pero que luego además el cantante decidiera adquirir también el nombre artístico de Alice Cooper ya era una locura. "Hola, soy Alice Cooper, el cantante de Alice Cooper (el grupo)". Por entonces no lo sabían, pero esta detalle acabaría repercutiendo muy negativamente hacia sus compañeros.

El caso es que cuando a principios de los 70 el grupo empezó a adquirir un enorme nivel de popularidad, inevitablemente el gran público se quedaba con el cantante. No solo por ser el llamativo frontman al que decapitaban y ahorcaban, sino porque realmente él era Alice Cooper, ¿no? De hecho, creo que esta viñeta referente a otro grupo resume la idea a la perfección:

Lo que sucede es que Michael Bruce, Glenn Buxton, Dennis Dunaway y Neal Smith no eran meros comparsas, y era inevitable que empezara a surgir algo de tensión en el seno del grupo, y más cuando llevaban un ritmo de trabajo inhumano. ¿Consecuencia? Tras Muscle of Love (1973) la Alice Cooper Band clásica dejó de existir.

Yo siempre había creído que se separaron por haber acabado mal entre ellos, pero la biografía de Martos explica lo que sucedió en realidad. Tras ese disco la banda decidió por fin darse un merecido descanso, pero Michael Bruce, uno de los compositores más talentosos de todos, quiso hacer un álbum en solitario donde presentar temas que no tenían cabida en el seno de Alice Cooper. El disco, llamado In My Own Way (1974), estaría destinado a caer en el olvido pese a su impagable portada:


Obviamente, si Michael Bruce iba a debutar en solitario, Alice no iba a ser menos. Pero hubo algo que Bruce subestimó por completo y fue fatal para el futuro de la banda: no solo Alice era la cabeza visible del grupo muy por encima del resto (hacía numerosas apariciones sin ellos como invitado en programas y espectáculos) sino que tal y como comenté antes, por una extraña jugada, el nombre de la banda (Alice Cooper) era el mismo que se había adjudicado a sí mismo el cantante (de hecho por entonces legalmente era su nombre real). De modo que cuando el gran público viera un disco en que en la cubierta pusiera "Alice Cooper", no tenía forma de saber que eso en realidad era un álbum en solitario del cantante de la banda, que ése era Alice Cooper como cantante, no como grupo. ¿Consecuencia? Después de las ventas millonarias de sus anteriores obras, el debut de Alice jugaba con la ventaja de que se vería como el siguiente disco del combo. En cambio, los discos de Michael Bruce y Neal Smith no tenían nada a su favor, y más al no ser tampoco cabezas visibles de la banda.

Lo que sucedió es fácil de imaginar. Alice tuvo un éxito inmenso con Welcome to my Nightmare, y cuando sus compañeros le llamaron para volver a trabajar juntos en su nuevo proyecto, éste se desentendió. Era más cómodo ser él el único líder, le acompañaban músicos tan talentosos como Dick Wagner y Steve Hunter y, sobre todo, tenía consigo al productor Bob Ezrin, uno de los hombres clave tras el sonido de Alice Cooper. Sencillamente no les necesitaba. Tras la exitosa gira de su debut en solitario, la Alice Cooper Band oficialmente dejó de existir.



El disco que Dennis Dunaway, Michael Bruce y Neal Smith estaban preparando para grabar con Alice, Battle Axe (1977) al final lo sacaron ellos con la forma de una banda apodada Billion Dollar Babies. Descubrí este disco en mi época de mayor fanatismo hacia Alice. Yo me pensaba que lo habían grabado tras la ruptura con Alice, pero el hecho de que haya tantos años de diferencia entre éste y el anterior Muscle of Love (1973) me debió haber hecho sospechar que no tardarían tanto en grabar un nuevo álbum tras la ruptura. De hecho quizá uno de los fallos de los tres músicos fue tardar tanto en aparecer, dando tiempo Alice a sacar... ¡3 álbums! para cuando ellos hicieron su aportación. Entiendo que entre medio estaban los intentos en solitario de Michael y Neal, así como el esperarse a que Alice acabara su gira de Welcome to my Nightmare para que se les uniera; pero lo cierto es que en un contexto tan bullicioso como los 70 esos cuatro años de diferencia desde su mayor éxito de ventas hasta Battle Axe no debieron ayudar (en el libro de Martos explican que también estuvieron gafados porque las primeras ediciones del disco se oían mal y tuvieron que devolverse y volver a prensarse).

Años después, Alice justificaría la separación diciendo que él quería seguir tirando por el camino de la teatralidad mientras que sus compañeros preferían volver a un estilo más básico. El hecho de que Muscle of Love (1973) hubiera sido una obra mucho menos teatral que las anteriores, con un sonido más rockero (de hecho ni siquiera estaba Bob Ezrin como productor, con el que Michael Bruce tenía muchos roces), confirma esa idea. O mejor dicho, lo hacía, porque en el libro de Martos tanto Michael como Dennis o Neal son contundentes al respecto: esa declaración de Alice es absolutamente falsa. La prueba es que en su gira como Billion Dollar Babies se dejaron un dineral en montar un escenario en que unos androides enormes se peleaban mientras ellos tocaban la música. Difícilmente alguien a quien no le guste la teatrealidad montaría algo así. Por desgracia la gira fue un fracaso y solo dieron unos pocos conciertos. Mientras tanto, Alice seguía facturando nuevos éxitos.



La última duda: ¿no podían sus ex-compañeros demandar a Alice por haberse apropiado como quien no quiere la cosa del nombre de Alice Cooper (el grupo)? No estoy muy seguro, pero en todo caso nunca lo sabremos porque jamás se plantearon hacer nada semejante e incluso en 1975 se lo cedieron legalmente. De hecho, Alice se separó de los demás en términos amistosos. Tanto Michael, como Neal y Dennis coinciden en que prefieren dar por perdido el dinero que podrían haber sacado antes que litigar contra su amigo. Desde luego, aunque es una pena que una formación tan perfecta se acabara perdiendo, al menos es de agradecer que no acabaran mal entre ellos.

viernes, 21 de febrero de 2014

Clapton el perezoso

Como ustedes sabrán, Clapton es de esos músicos que en ciertos círculos no goza de muy buena reputación por su aburrida carrera en solitario en la que no dudó lo más mínimo a la hora de abrazarse a los sonidos más terribles de los 80. Es por ello que a menudo suele plantearse la siguiente pregunta: si hubiera sido Clapton quien hubiera muerto en 1970, justo después de publicarse Layla, en vez de Jimi Hendrix, ¿de qué estatus gozaría hoy día? Pues ni más ni menos que el de Dios. Porque si ya en esa época se decía que Clapton is God, imaginen si además se hubiera muerto con una inmaculada carrera que finaliza con su obra cumbre y uno de los mejores discos de blues-rock (¿o el mejor?) de la historia. Nos pasaríamos horas disertando sobre qué prometedora carrera habría llevado en los 70, siguiendo los pasos del Layla, daríamos por hecho que como buen purista en los 80 no se habría vendido miserablemente y lamentaríamos profundamente la muerte de la que iba a ser una de las mejores carreras de la historia del rock. Pero, amigos, la realidad ha resultado ser diferente.

 Una de mis biografías de rock favoritas

Leyendo su autobiografía una de las conclusiones que saqué es que la carrera de Clapton es así en gran parte porque es un perezoso, tal cual suena. No era así en sus inicios, cuando sentía la pasión por el blues, un género por entonces poco conocido y hacia el que sentía sincera devoción. Ese es el Clapton que yo, y espero que todos, respetamos profundamente. El que abandonó los Yardbirds por dejar de lado la pureza del blues. El que renovó el género con esa piedra angular que es su disco con John Mayall. El que revolucionó el mundo del rock con Cream. Ese es el Clapton activo e inquieto al que respeto. Pero después de Cream empecé a notar en su libro cierta dejadez en el Clapton de esos años.

El primer signo de alarma es Blind Faith, una banda que formó con Steve Winwood de forma informal para huir del éxito de Cream que acabó convertida en otro supergrupo. Cuando la cosa se le fue de las manos, Clapton se desentendió un poco del grupo dejando todo el peso en el pobre Winwood, algo que por cierto ya había hecho en los últimos tiempos de Cream, dejándose llevar una vez el grupo dejó de interesarle... pero ahí podía tener la excusa de estar atrapado en un vorágine de la que era difícil escapar. No obstante Blind Faith partía de cero, y una vez se apartó de lo que él esperaba, se desentendió. 

Delaney & Boney le hicieron recuperar temporalmente el norte insistiendo en que debía explotar su talento, de ahí nacería su debut en solitario y el disco de Derek & The Dominos. Este álbum es para mí su obra cumbre, y creo que Clapton jamás volvió a tocar como ahí ni que nunca volvió a componer temas tan buenos. Y lo atribuyo a que fue la última vez en que tuvo que esforzarse de verdad. No era una superbanda en la que podía ocultarse cediendo el mando a Jack Bruce, Ginger Baker o Steve Winwood, tenía que ser él el que diera la cara. Por otro lado, como Duane Allman colaboró en la mayoría de temas, Clapton se veía obligado a dejarse la piel para no quedar sepultado en su propio disco. Eso sumado a los excelentes músicos que le acompañaban dio como resultado esa maravilla. En vivo Clapton se dejaba la piel (escuchen sino su Live at Fillmore) y debía interpretar con una guitarra lo que en un disco hacían dos. El público comparaba sus directos con los de Cream y debían estar a la altura. Por ello Eric jamás estuvo mejor: debía esforzarse de verdad y además estaba haciendo algo en lo que creía.

Clapton debatiendo sobre su futuro con Ron Wood y dos asesoras
Pero, ah amigos, ¿qué sucedió? Los excesos de drogas acabaron con él y le hicieron apartarse unos años de su carrera. Cuando se recuperó, había perdido la práctica a la guitarra. Y aquí volvió a entrar en escena el Clapton más acobardado, el que quiere esconderse, en este caso de sí mismo, del Clapton guitar hero que deslumbraba al público al que él ya no podía emular. Las expectativas ante su retorno eran enormes, y él estaba muerto de miedo por ello. Su solución fue renunciar a su faceta guitar hero y querer convertirse en un "músico de canciones". Su disco de retorno 461 Ocean Blvd se apartaba de su vena más blues y guitarrera pero salió bien, fue todo un éxito. Y a partir de aquí Clapton eligió este sendero fácil.

Ya es cosa de cada uno juzgar si ese camino era realmente sincero o si era una escapatoria fácil, pero la impresión que me da su autobiografía es que es una mezcla de los dos en que lo segundo tiene más peso y sirve para esconder que realmente no podía ser como antes. Clapton a partir de entonces parecía huir de esa faceta de guitar hero, casi renegando de ella. Cuando Clapton repasa en su libro los discos de esos años y los voy tanteando, me suenan a músico acomodado, aún cuando sean buenos álbums. La sensación que me da es Eric rodeándose de excelentes músicos y dejándoles hacer. En directo se cubría con una muy buena banda en que, por primera vez, contaba con un segundo guitarrista... ¿para qué? Bueno, ya imaginaréis cual es mi teoría al respecto. También dice en su libro que algunos temas se los dejaba cantar a sus coristas porque eran cantantes excelentes y por ello cada vez les daba más protagonismo, pero aunque suene a un gesto honrado yo creo que era su forma de huir de su responsabilidad.

Lo peor es cuando Clapton habla de su etapa en los 80 y menciona discos que no le gustaban mucho pero de los que tocaba varios temas en vivo porque tocaba promocionarlos. Estos detalles denotan un pasotismo alarmante, un músico que simplemente cumplía su cupo de grabar disco y girar, que seguramente disfrutaba haciéndolo, pero ya no se dejaba la piel en ello.

No fue hasta los 90 cuando volvió a despertarse y recobrar cierto interés por hacer lo que a él le parecía. Fue entonces cuando grabó su Unplugged y su primer disco de blues en mucho tiempo. Vaya, después de todo seguía gustándote el blues, ¿no? Incluso su disco Pilgrim aunque no me guste lo más mínimo lo respeto, porque fue una apuesta arriesgada en la que nadie confiaba y a la que él se abocó por completo porque creía totalmente en ella. Desafortunadamente después de ese álbum parece que ha vuelto a acomodarse con el agravante de proponerse hacer que las portadas de sus últimos discos sean cada vez peores (vean la portada de los dos últimos).

Soy Eric Clapton y mi hija pequeña ha diseñado la portada de mi nuevo disco.

Los más fanáticos suyos mientras tanto se esfuerzan en oír esos discos con la leve esperanza de volver a escuchar al Eric de antaño y celebrando los pequeños detalles en que se oye levemente su guitarra. No se engañen, el Eric de antaño no volverá. De hecho yo creo que el Clapton al que admiro desapareció con el Layla. Este verano he escuchado por primera vez el 461 Ocean Blvd y mis expectativas eran tan bajas pese a su fama que me ha animado descubrir que es un buen disco. De hecho lo poco que he escuchado de discos posteriores no es malo, simplemente no tiene la magia de antaño. Quizá su autobiografía tenga la culpa de que desconfíe de él, porque aunque él no pretenda dar esa sensación a mí me parece que son discos fruto de esa pereza. Y eso viniendo de un músico tan prodigioso es imperdonable.
Quizá me equivoque por completo, este texto es solo una impresión personal. Pero si tengo razón, tengo una nueva pregunta con la que complementar la hipotética muerte de Clapton de 1970. ¿Y si Clapton hubiera seguido vivo pero con la misma ilusión y ganas de antaño? ¿Sus discos serían iguales a los que ha acabado haciendo o tendría una carrera mucho más rica y apasionante? Nunca lo sabremos...

jueves, 18 de julio de 2013

Canned Heat - Living the Blues (el libro, no el disco)


Cuando me topé con este libro hace ya unos cuantos meses se me iluminaron los ojos. Una biografía de uno de mis grupos favoritos del cual además no hay mucha información por internet escrita por el único miembro de la banda que ha permanecido al pie del cañón prácticamente desde los inicios, ¿cómo resistirse a algo así?

Hace poco que lo he acabado y lo he disfrutado mucho. Desde luego es una lectura imprescindible para fans del grupo por toda la información que aporta, pero además es un libro muy ameno que combina información musical con anécdotas más jugosas de excesos, sexo y drogas. Algunas de las opiniones negativas que he leído atacan el hecho de que De La Parra da demasiados detalles sobre estos aspectos más morbosos, especialmente sus aventuras sexuales. Y sí, es cierto que el batería no se corta ni un pelo y que algunas anécdotas realmente no aportan mucho al no ser humorísticas ni especialmente curiosas, pero a mí personalmente tampoco me molesta y no se le puede reprochar que haya dejado de lado la música al centrarse en ese tipo de anécdotas, ya que no es para nada el caso (además, si realmente los excesos con drogas y las orgías con groupies formaban parte del universo Canned Heat es algo que también debe contarse, ¿no?).

Woodstock 69, su momento de mayor popularidad

El libro empieza narrando los inicios musicales de Fito de la Parra en algunas bandas musicales mexicanas hasta que se animó a cruzar la frontera lanzándose a la aventura. De esta parte me parece muy curioso leer cómo ya por entonces Fito despreciaba la música pop que se veía obligado a interpretar y se sentía mucho más interesado por el blues. De hecho Canned Heat son de las poquísimas bandas de la época que hablan de los Beatles de forma no muy halagadora. Por supuesto nunca hablan mal de ellos pero a diferencia de todos los contemporáneos que los elogiaban de una forma u otra, Fito dice que él no quería interpretar canciones de ellos cuando estaba en sus primeras bandas mexicanas y, más adelante, él y otros compañeros de Canned Heat ven como una mala señal que uno de los nuevos componentes de la banda sea fan de los Beatles en vez de adorar el blues arcaico.

Su entrada en Canned Heat fue sustituyendo al batería Frank Cook, con el que el grupo no estaba nada satisfecho. Un detalle que me cayó en gracia es cuando Fito va a la audición y se trae consigo algunos discos de blues (algo que según comenta hacía siempre para sugerir a la banda versiones a interpretar), gesto que no pudo imaginar que sería decisivo para su entrada en el grupo: tal y como le dijo el cantante Bob Hite, decidieron cogerle cuando le vieron traer esos discos de blues tan buenos, antes incluso de oírle tocar. Y es que no cabe olvidar que los dos grandes artífices del grupo, Bob Hite y Alan Wilson, eran expertos en blues con dos de las mejores colecciones de discos y rarezas que se podía tener en aquella época. De hecho antes de formar Canned Heat eran conocidos en el mundillo como coleccionistas y expertos.

Seguidamente viene el relato de la edad de oro del grupo, los únicos años de su larga carrera en que tuvieron éxito. Aquí Fito nos da detalles de la grabación de cada disco y de sus conciertos (junto a los consabidos excesos y locuras de rockstars). Un aspecto del grupo muy interesante es lo desorganizados que parece ser que eran, más dados a improvisar y dejarse llevar antes que planificar sus movimientos. Eso se notaba en sus conciertos, en los cuales no se dedicaban a hacer setlists basados en sus temas propios más populares, sino que iban interpretando libremente las versiones de blues que se les antojaban sobre la marcha - los directos que tenemos de esa época lo demuestran, están compuestos en gran parte por temas que no aparecían en los discos de estudio.


En lo que respecta a los discos, destaca mucho la faceta el que fueran un grupo tan "comunitario", casi una familia. Básicamente los miembros de la banda quedaban en casa de Bob Hite el Oso y se escuchaban sus discos mientras fumaban marihuana. Entonces cuando encontraban algún tema especialmente bueno trabajaban sobre él. La regla a seguir era la siguiente: si modificaban la canción lo suficiente para que acabara siendo una composición con vida propia, se la adjudicaban como suya, si consideraban que no se habían apartado lo suficiente del original, la firmaban como una versión. Ciertamente, Canned Heat jugaron bastante limpio en ese sentido, muchas de sus grandes canciones mantienen el autor original, y en el caso de algunas como "Let's Work Together" se esperaron un tiempo antes de sacarla para dar una oportunidad al autor de la versión original a ver si tenía éxito.
Algo de lo que el grupo se enorgullecía mucho es de haber conseguido el éxito haciendo blues puro y duro, sin venderse a las modas de la época. De hecho su condición de expertos en blues les permitió hacer llegar al gran público muchas composiciones que solo conocían los eruditos.


Tras la muerte de Alan Wilson en 1970 comienza la decadencia del grupo. De esta etapa de la banda apenas conocía información y ha sido muy instructivo leer lo que sucedió desde dentro: los continuos cambios de formación, el caos absoluto, la falta de una adecuada orientación musical, etc.

Uno de los detalles más interesantes del libro es ver cómo Fito de la Parra acabó asumiendo el liderazgo del grupo casi por eliminación. Inicialmente siempre se le consideró como la "mascota" del grupo, el chico nuevo, el mexicano que casi no sabía hablar inglés, de hecho Fito comenta con amargura cómo ni siquiera salía en la portada del primer disco en que participó. Musicalmente por supuesto era respetadísimo por sus compañeros y la banda en su mejor época era como una pequeña familia, pero él era el recién llegado. Con la muerte de Alan Wilson y la deserción de Larry Taylor y Henry Vestine, la banda quedó en manos del cantante Bob Hite el Oso, uno de sus principales líderes. No obstante, el ritmo de vida que llevaba Hite y su insensatez le acabaron pasando factura al grupo. Perdido en sus constantes excesos y adicciones, a mediados de los 70 Hite perdió el norte y sólo pensaba en divertirse. Fue entonces cuando Fito tuvo que asumir la responsabilidad de tomar las decisiones importantes del grupo para evitar que éste se autodestruyera. Hay un ejemplo muy significativo cuando antes de un concierto Fito exige que les paguen antes de tocar para evitar ser engañados de nuevo mientras que el Oso se despreocupa e insiste en salir a actuar ya.


En ese sentido, Canned Heat son uno de los ejemplos por excelencia de bandas que han seguido usando el mismo nombre pese a no contar casi con miembros clásicos en su formación. De hecho, sus cambios tan continuados de músicos hace difícil hablar de formaciones, pero a la práctica el único miembro estable en las últimas tres décadas ha sido Fito de la Parra. ¿Tiene sentido seguir llamándose Canned Heat sin sus dos líderes Alan Wilson y Bob Hite? En las formaciones en que reaparecían Larry Taylor y Henry Vestine eso estaba más justificado, pero éstos eran miembros clásicos que volvían al grupo esporádicamente.

Mi opinión al respecto es bastante clara: en general no doy importancia a que un grupo cambie su nombre o no, lo único que me importa es la música. Pero aún así, en el caso de Canned Heat y Fito de la Parra hay un detalle básico a tener en cuenta: Fito no volvió a formar el grupo años después con varios mercenarios buscando una reunión lucrativa, sino que de hecho siempre lo ha mantenido en activo. Aún encontrándose en un nivel de popularidad bajísimo, Fito siempre persistió en hacer que Canned Heat siguiera con vida. No se trataba de un negocio del que él se aprovechara, ya que con estas formaciones se pasó muchos años tocando en bares y clubs pequeños (¡e incluso en bases militares!). ¿Realmente haría esto si solo buscara lucrarse con el nombre de Canned Heat? Al contrario, cuando falleció Bob Hite hacía ya muchos años que Canned Heat habían tocado fondo a nivel comercial y de popularidad. Es por eso que creo que Fito merece todo el respeto del mundo dejando de lado si las formaciones que llevaba eran Canned Heat o no. Se lo ha currado durante décadas, podría haber dejado la música para buscar un negocio más lucrativo, para mí ha demostrado de sobras su fidelidad a la causa del boogie.

Canned Heat en una formación de finales de los 70 con el Oso en sus últimos años de vida

Un último aspecto a comentar del libro es que como autobiografía que es, se trata de una obra plenamente subjetiva. Eso le da algo más de calidez al escrito, pero en ocasiones creo que Fito se excede un poco a la hora de resaltar la popularidad y grandeza del grupo en su época... no pongo en duda que fueran una banda importantísima con mucho éxito, pero me sorprende que lo fueran tanto como él dice. En todo caso yo no estuve ahí y él sí, por tanto me inclino más a darle la razón, aunque sí que hay algunas afirmaciones en que sí se nota que le pierde un poco su fidelidad a la banda - por ejemplo, menciona que Grateful Dead siguieron teniendo éxito décadas después aún siendo ellos mejor banda gracias a que supieron montar una buena base de fans fieles (los Deadheads)... hombre, quizá habría que mencionar también que en los 70 siguieron sacando discos muy buenos mientras Canned Heat ya se contentaban con obras menores, y que sus directos de por entonces eran históricos mientras que la banda de Fito y Bob Hite iba muy perdida por la vida de caos y excesos que el propio Fito describe.
Donde no se corta ni un pelo y es de agradecer es en las quejas sobre cómo los músicos son sistemáticamente engañados por la industria y cómo no han cobrado buena parte de los ingresos que les corresponden por contratos injustos y engaños aprovechándose de su inocencia. No es nada que no sepamos, pero está bien leerlo en primera persona a un músico afectado al respecto.

Lo que sí a veces me parece poco apropiado es cierto tono de lamentación que se acaba haciendo muy pesado, leerle continuamente reprochando lo poco que se recuerda al grupo con lo que mucho que se lo merecen. Hay un capítulo en que habla de un día que se sentó a ver en casa un documental sobre John Lee Hooker y acabó llorando ante el televisor porque no mencionaban nada de su colaboración con Canned Heat, que fue decisiva para el músico. O la rabia que le daba que los críticos le menospreciaran como un miembro poco importante de la banda. Hombre, entiendo que estos detalles le decepcionen, pero debería estar un por encima de esto al formar parte de una leyenda del blues y el rock como Canned Heat. No es el tipo de actitud que espero de un músico de ese calibre.

En todo caso, un libro muy entretenido que hace justicia a una de las más grandes bandas de la historia del rock. Imprescindible para fans.

Formación actual

PD: me hizo gracia ver que en la web de Canned Heat, en la típica sección que recopila opiniones halagadoras del libro, hayan añadido ésta de la ex-mujer de Fito: "Repugnant!". Desde luego es un hombre con mucho sentido del humor.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Reflexión sobre los Stooges y su halo mítico


Estos días he estado leyendo la biografía de los Stooges de Jaime Gonzalo, un libro muy interesante que recomiendo a los fans del grupo.


Está compuesto en su mayoría por declaraciones de miembros de la banda y otros implicados junto a algunos textos explicativos de Gonzalo. Lo único que no me gusta del libro es que el estilo de escritura de Gonzalo me resulta muy cargante. No tengo nada contra un libro de rock bien escrito y de hecho detesto los que optan por un estilo enrollado en plan "cómo mola este grupo" - para mí ese tipo de lenguaje encaja en un blog pero no en un libro. En todo caso, Gonzalo creo que abusa de sus dotes de escritura haciendo que el texto sea demasiado denso, lo cual creo que no encaja bien con el tipo de libro que es, pero se trata solo de mi opinión personal.
A cambio, nos ofrece todo lo que necesitamos saber de los Stooges (por ejemplo es de inestimable valor toda la información que da de composiciones no oficiales del grupo y de todos los discos pirata que pululan por el mercado), además de curiosidades más anecdóticas que a mí me resultan muy interesantes, como el culto que había a los Stooges en los 70 a nivel underground y cómo lo vivió él personalmente, poniéndose en contacto con clubs de fans europeos y adquiriendo el poco material que podía llegar a sus manos.

Volviendo a los Stooges, leyendo todos los detalles sobre sus actuaciones y su desfasado estilo de vida me dio por reflexionar sobre algo...


Hoy en día la exbanda de Iggy Pop es uno de esos grupos de estatus mítico e intocable, de esas bandas de culto adelantadas a su época vistas hoy día como pioneros. Supongo que todos los fans del grupo fantasean con la posibilidad de haberles podido ver en su momento en directo, y que en cierto modo miran con desdén a toda esa gente que tuvo ante sus narices a unas leyendas y no supieron apreciarlo.
Pero la realidad es que a día de hoy puedo entender e incluso compartir la impresión que tenía el público de un aspecto concreto de los Stooges, y es todo lo que concierne al papel de Iggy Pop en los conciertos.

En su época, Iggy era considerado ni más ni menos que un payaso, al que la gente acudía a ver no por interés hacia la música sino para comprobar hasta qué punto iba a llegar esa noche o, mejor aún, si podrían verle morir en directo. Ahora esa faceta de frontman extremo está muy bien vista y se considera, como dije, que Iggy estaba adelantado a su tiempo. Por ello, muchos se lamentan de que hoy en día ya no actúe con la locura y espontaneidad de antaño sino como un profesional siguiendo un guión. Pero yo no lo lamento, y diré más: prefiero ver a Iggy en directo en 2012 antes que en 1972.

¿Por qué? Porque el Iggy de 1972 creo que es el ejemplo típico de personaje o situación que resulta cool vista en perspectiva, pero no en su momento. En todo caso, si a vosotros os motiva la idea de ver a un cantante drogado vomitando sobre el escenario, mutilándose cada vez más y peleándose con el público, de acuerdo, el Iggy de 1972 es para vosotros, pero no para mí. Todos estos actos que hoy día se ven como subversivos en su momento solo se lo tomaba en serio cierta prensa rockera muy sesuda, gente como Lester Bangs que sacaba todo tipo de significados profundos no solo de la música de Iggy sino de sus excesos. Yo no me lo trago.


Iggy Pop, en su periodo de drogadicción más extremo, no me merece el más mínimo interés o aprecio. No hablo del Iggy de sus inicios con los Stooges, en que era un frontman agresivo pero sabía lo que hacía. Me refiero al Iggy en que se acabó convirtiendo con el tiempo en gran parte por el consumo de drogas y cuyo modo de comportarse aún se considera cool. En esos años, Iggy llegaba a menudo al escenario con la presión de hacer las locuras que el público esperaba de él y llevando a cabo actos que pueden pareceros muy punk pero que a mí no me interesaría ver en persona (aparte de los ya descritos vómitos y escupitajos, también había numerosas batallas campales en que el público le arrojaba de todo).

Poniéndome en la piel de alguien de esa época que se encuentre con un tío así, sé que habría pensado igual. Que ese Iggy Pop era o un desequilibrado del que se aprovechaba el público para reírse a su costa o un idiota que había decidido llevar al extremo las enseñanzas de Jim Morrison para llamar la atención como fuera: cortándose con cristales, insultando a la gente, no importaba cómo. Y a mí eso no me merecería ningún respeto.

Claro, años después de consagró como un artista respetable en solitario y se le vio con otra perspectiva, como el prototipo de frontman auténtico. Pero yo veo mucho más eso en el tan criticado Iggy actual que en el original. Hoy día Iggy es todo un profesional que sale al escenario sabiendo qué se espera de él, así que lo da, se entrega a su totalidad a la música, hace un par de numeritos que sabe que le gustarán al público y se va habiendo hecho su trabajo. Puede que eso no sea auténtico, pero prefiero un profesional que me ofrece algo guionizado a un errático drogadicto que, según la noche, podía ofrecerte un buen concierto o ser incapaz de cantar nada.


Hay mucho mito alrededor de los Stooges, y por supuesto es comprensible, pero no hay que dejarse seducir por esa imagen romántica y mirarla con cierta perspectiva. Los excesos de Iggy en directo pueden parecer divertidos o muy cool leídos, pero verle degradarse en directo hasta ese punto creo que no tendría mucho interés [remarco que en ningún momento he criticado la música de los Stooges, que por si hace falta aclararlo me encanta].

Para cerrar este post voy a copiar del libro de Jaime Gonzalo una frase de James Williamson que creo que refleja un poco esta idea:

Puede que lo que hice con Iggy sea legendario ahora, pero en la época vivíamos como perros, sin apenas comer, sin dormir, drogas como no eres capaz de imaginarte, quemándonos como maníacos. No puedes vivir así mucho tiempo. Rechazo la mitología que rodea a los Stooges.