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domingo, 21 de julio de 2019

Mis 15 conciertos favoritos



Después de 17 años yendo a conciertos a estas alturas tengo un historial bastante respetable tras mis espaldas. De hecho si me paro a pensar en todos los grupos y artistas que soñaba con ver cuando era adolescente la verdad es que he acabado viendo a un porcentaje muy alto, bastante más de lo previsto, incluyendo bandas que no se prodigan mucho por aquí (Television o Todd Rundgren) y otras que estaba convencido de que no volverían a juntarse más (Mott The Hoople o Black Sabbath). A raíz de esta reflexión pensé que sería divertido recopilar mis 15 conciertos favoritos de todos estos años.

La selección se basa en una mezcla de intentar ser algo objetivo pero también de preferencias personales. Por ese motivo no he incluido el que seguramente sea el concierto más especial para mí (Queen + Paul Rodgers en el Palau Sant Jordi el 2005), porque aunque lo he reescuchado en bootleg y puedo corroborar que fue un muy buen concierto, me es realmente difícil juzgarlo con cierta objetividad por el componente sentimental que tiene para mí (la oportunidad de ver por primera vez a dos miembros de mi grupo favorito con uno de los mejores cantantes de la historia). Y lo mismo es cierto a la inversa: sé que el concierto que vi de Pearl Jam el 2006 en Badalona fue sensacional (de nuevo tengo un bootleg para atestiguarlo) pero a nivel personal no fue de mis predilectos, no ya porque no sea fanático del grupo sino porque me dio un mareo a medio concierto y me tuve que salir de la pista a medio show... difícilmente un concierto así puede estar entre mis favoritos.

Eso explica por qué la mayor parte de conciertos escogidas son de viejas glorias. He presenciado muchos conciertos fantásticos de bandas más recientes (por ejemplo, el primero que vi de Godspeed You Black Emperor), pero por mis gustos casi ninguno de ellos puede competir con la implicación emocional que siento hacia esos otros grupos de la era clásica del rock, siendo la única posible excepción el que vi de Dungen en París hace unos años, que es uno de los que se me ha quedado fuera de la lista por poco y que me ha hecho plantearme aumentar la selección a 20... ¡pero eso es trampa! Una lista sin alguna ausencia dolorosa no es una lista como Dios manda.

En fin, sin más preámbulos aquí va en orden inverso para hacerlo más emocionante para todos:


15) Jane's Addiction - Sala Razmatazz (Barcelona) - 16 de octubre del 2003

Uno de esos en que quizá pesa más el componente personal que la valoración objetiva. Por entonces estaba obsesionado con Jane's Addiction, dando el coñazo con ellos a cualquiera que quisiera escucharme... y a quien no también. Que justamente se juntaran entonces y pudiera verles en vivo fue una de las noticias más excitantes de mi adolescencia.

Si a eso le sumamos que fuera mi primer concierto en sala (hasta entonces solo había ido a pabellones, donde la distancia con el artista es mayor), que estuviera en primera fila y que Perry Farrell estuviera apoteósico como frontman (compensando de sobra que anduviera justo de voz), todo ello lo convierte en uno de los conciertos clave de mi vida.



14) Roger Hodgson - Poble Espanyol (Barcelona) -1 de julio del 2009

Es curioso lo del ex-líder de Supertramp, Roger Hodgson. En mi época de mayor fanatismo hacia el grupo (2005-2006 aproximadamente) seguía su web con frecuencia a la espera de algún ansiado concierto en España... en vano. Llegué a escribir preguntándoles si alguna vez actuaría aquí y su webmaster me dijo que no había nada previsto pero me sugería una fecha al sur de Francia. Y a día de hoy, en pleno 2019, nos hemos hartado de verle aquí, hasta el punto de que aunque toca en mi ciudad ya no voy a verle porque toca siempre lo mismo y ya he presenciado ¡cinco! conciertos suyos.

No obstante es de justicia decir que el tercero de esos conciertos fue una maravilla y un show muy especial que destaca por encima de los otros cuatro por ser el que tenía mejor setlist, por incluir la primera interpretación que le vi hacer de mi tema favorito suyo ("Fool's Overture") y porque creo que por entonces estaba en muy buen momento musical, antes de acabar repitiéndose a sí mismo.


13) Iggy & The Stooges - Festival Cruïlla (Barcelona) - 6 de julio del 2012

Por mi manía a los festivales dejé escapar en su momento la única oportunidad que tuve de ver a los Stooges con Ron Asheton a la guitarra cuando vinieron al Primavera Sound (otra oportunidad habría sido verles ¡gratis! en el fracasado festival Dr. Loft, pero por entonces no podía saber que debido a la baja venta de entradas iban a regalarlas el mismo día del concierto). Por ello cuando supe que la formación del Raw Power (1973) iba a venir al Festival Cruïlla esta vez no me lo pensé por suerte.

Mi acompañante y yo éramos pocos amigos de meternos en la zona de jaleo en los conciertos con mucho caos y peligro, pero en este caso hicimos una excepción y conscientemente nos pusimos en las primeras filas porque creíamos que era la mejor forma de ver a Iggy. En cierto modo agradecimos la brevedad del show (hora y cuarto) porque salimos cubiertos de sudor y agotados, pero también felices. Todo lo que han leído sobre Iggy como frontman es cierto, pero hay que verlo para creerlo.


12) Ten Years After - Sala Bikini (Barcelona) - 19 de octubre del 2008

El mejor argumento contra el rollo de "no tiene sentido que sigan girando si falta X componente esencial del grupo" es este concierto de los Ten Years After sin su líder absoluto, el carismático cantante y guitarrista Alvin Lee. ¿Que no es lo mismo sin él? Sí. Pero aun así es uno de los mejores conciertos de blues-rock que he visto en mi vida, una absoluta barbaridad con algunas jams sensacionales. La vez anterior que les vi ya me había gustado mucho pero creo que la siguiente se superaron, y luego hubo una tercera donde sí que noté que habían bajado el pistón. En efecto, se había ido parte de la química y esta formación se separó poco después.


11) Alice Cooper - Sala Razzmatazz (Barcelona) - 29 de julio del 2005

La combinación ganadora de ir a ver a un artista que acabas de descubrir con el subidón de la novedad (me compré la entrada solo conociendo algunos de sus hits intuyendo que valdría la pena), ir acompañado de un amigo que se encuentra en exactamente la misma situación, que el artista en cuestión esté presentando un nuevo disco realmente bueno - Dirty Diamonds (2005) - y que además el show sea divertidísimo.

De los conciertos en que mejor me lo he pasado, además con la mejor formación que le he visto a Alice (a día de hoy van tres veces y a pocos meses de la cuarta), con un sonido más clásico y menos metalero.



10) Mott The Hoople - Hammermisth Apollo (Londres) - 1 de octubre del 2009

Hay veces en que simplemente uno tiene que obedecer al destino. Una tarde paseaba con un amigo y le comenté de pasada que Mott The Hoople se habían vuelto a juntar para unos pocos conciertos y él me responde si no me había planteado ir a verlos. La verdad es que no, porque iba muy justo de dinero, pero a petición suya me comprometí a mirar en casa si quedaban entradas (probablemente no) y cuánto valían. ¿Y qué me encuentro? Que habían añadido un par de fechas nuevas y que las entradas salían a la venta justo al día siguiente. Lo tomé como una señal y me dejé mis pocos ahorros en las entradas y el vuelo. Aun no le he agradecido lo suficiente a mi amigo el empujón que me dio para cometer esta locura.

Fue uno de los conciertos más especiales que he visto, con una sala llena de fanáticos del grupo que estaban entregadísimos desde la introducción de Gustav Holst y una banda que se notaba que se retroalimentaba con dicho ambiente. El final con "Saturday Gigs" es quizá el mejor cierre de concierto que he visto, tanto por la interpretación como por la reacción del público, coreando el verso final mientras la banda se iba.




El 2008 compré una entrada para ver a mis idolatrados Crosby Stills & Nash en Roma y me la tuve que comer por motivos de trabajo. Durante mucho tiempo di por hecho que no les vería, ya que además no giraban mucho por aquí. Si tenemos eso en cuenta se podrá entender la enorme ilusión que me hizo que vinieran a Barcelona y que estuviera dispuesto a pagar las carísimas entradas que supone el festival de Pedralbes sin dudarlo.

Verlos ahí, a unos pocos metros, tocando esas canciones inmortales fue emotivísimo, y faltó poco para que se me escapara alguna lágrima con "Military Madness" y "Our House".


8) The Rolling Stones - Estadi Lluís Companys (Barcelona) - 29 de junio del 2003

Años antes del incidente del cocotero los Stones eran todavía una banda de rock estadio imbatible en directo, y así pude atestiguarlo yo cuando les vi en la gira de presentación del recopilatorio Forty Licks (2003). Un repertorio sin incómodos temas nuevos, la impresión de ver por primera vez de cerca a esa fuerza de la naturaleza que es Mick Jagger, descubrir un temazo como "Can't You Hear Me Knockin'" y ver a Keith Richards cuando aún no había perdido fuelle como guitarrista... todo ello creo que justifica en si mismo que lo siga recordando como uno de los mejores conciertos que he visto.

7) John Fogerty - Sant Jordi Club (Barcelona) - 14 de julio del 2009

He visto a Fogerty tres veces en directo e inicialmente no sabía cual incluir en la lista: la primera en el Royal Albert Hall el 2008 fue la más especial (además de la primera vez que viajaba al extranjero para ver un concierto) mientras que la última en Amberes fue la que tuvo mejor setlist. Finalmente he optado por el término medio de Barcelona 2009, que tuvo un setlist mejor que el de Londres y una banda que me gustó más que la de Amberes, si bien los tres conciertos fueron magníficos.



6) Arcade Fire - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 21 de noviembre del 2010

La banda más "joven" que se ha colado en mi lista por dos motivos: porque durante mucho tiempo fueron mi grupo favorito de este siglo y, sobre todo, porque tienen un directo absolutamente imbatible. Este concierto de la gira del The Suburbs (2010) podría ser perfectamente uno de los mejores que he visto en mi vida. La banda había empezado a hacerse realmente grande hacía poco (yo en su momento pensé que el Sant Jordi era demasiado para ellos) y aún conservaban esas ganas de comerse el mundo de los grupos que todavía están escalando al estrellato. Si a eso le sumamos que por entonces no tenían ni un disco malo y que el público es de los más entregados que he visto, el resultado fue un concierto descomunal.

A modo de curiosidad, es de los pocos shows de los que jamás he leído ni una reseña negativa o simplemente tibia (incluso de gente no muy fan del grupo que iba de acompañante), y no es para menos. Podrá gustar o no su propuesta musical, pero tras ver ese espectáculo no hay duda de que se dejaban literalmente la piel sobre el escenario.



5) King Crimson - Forum Karlin (Praga) - 14 de septiembre del 2016

He visto a King Crimson ya cuatro veces y no he presenciado ni un solo concierto que no fuera como mínimo sobresaliente y merecedor de aparecer en mi Top10. Si me decanto por el segundo que vi (en Praga, porque por entonces no sabía que vendría ese año a Barcelona) es porque es el que tiene el setlist más perfecto acorde a mis gustos: de los temas habituales no me faltó ninguno imprescindible (y es la única vez que vi los dos primeros "Larks Tongues in Aspic" en un mismo show) y además se añadieron "Fracture" (!!) y buena parte de "Lizard" (las otras veces solo hicieron unos versos cantados obviando la parte instrumental de después). Rock progresivo en su mejor acepción del término.




4) AC/DC - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 31 de marzo del 2008

El mejor concierto de rock 'n' roll que he visto en su acepción más pura y adrenalítica. Una absoluta barbaridad escuchar esta selección de temas inmortales (además el disco que presentaban a mí me gusta mucho) sostenidos por esa inconfundible base rítmica y con un Angus Young que a sus 50 y muchos años de edad seguía estando pletórico y me hizo sudar a mí de verle corriendo y saltar sin parar durante más de dos horas. Definitivamente AC/DC son los mejores en esto.



3) Elton John - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 6 de diciembre del 2014

Otro ejemplo de astros alineados a mi favor. De las cuatro veces que he visto a Elton John, ésta fue aquella en que se conjugó el mejor setlist (incluyendo un tema que adoro y jamás pensé que vería en vivo como "Burn Down the Mission") con la vez en que más en forma estaba, destacando la mejor versión que le he oído de "Rocket Man" y un "Levon" con una improvisación final espectacular que consiguió una de las mayores ovaciones de la noche pese a ser un tema poco conocido.

Se nota que sigue dando giras porque disfruta como nadie de tocar en directo y con ese repertorio que tiene tras de si difícilmente puede salir mal, pero que aun así supere tus expectativas cuando ya le has visto un par de veces y crees saber qué esperar realmente es algo digno de aplaudir.




2) Roger Waters - Palau Sant Jordi (Barcelona) - 21 de abril del 2007

Waters tenía dos conciertos candidatos a esta lista: el de la gira en que tocaba entero el Dark Side of the Moon (1972) y el de la gira en que hacía íntegramente The Wall (1979). El segundo es sin lugar a dudas el show más espectacular que he visto a nivel de puesta en escena integrada con la música, pero a nivel global creo que me quedo con la gira del Dark Side, ya que no solo tocaba entero mi disco favorito de todos los tiempos sino que además incluía un setlist casi hecho a mi medida con una épica versión de "Sheep" (¡cerdo gigante incluido!) que casi le quita el protagonismo al disco que iba a ser el centro de la velada. Aparte de eso, la banda que llevaba Roger en esa gira era buenísima y consiguió incluso que temas que lucen poco en estudio adquirieran nueva vida en vivo como "On the Run". Si le añadimos un final por todo lo alto dedicado a The Wall, realmente no me queda ninguna duda de por qué este show es uno de mis favoritos de siempre.



1) Neil Young + Promise of the Real - Poble Espanyol (Barcelona) - 20 de junio del 2016

Cuando vi a Neil Young por primera vez en el Primavera Sound 2009 salí con la impresión de haber visto el mejor concierto de mi vida. Y curiosamente, siete años después el propio Neil se superaría a sí mismo con otro show que ahora mismo ocupa ese puesto en mi ranking particular. Porque aunque los primeros puestos de esta lista son intercambiables, nunca tuve ninguna duda del número uno.

Ver a uno de tus músicos predilectos siempre es un gran acontecimiento, y si es en un recinto tan especial como el Poble Espanyol, más aún. Pero que de repente el señor Young te pille por sorpresa con un repertorio tan maravilloso, mezclando los clásicos que uno nunca se cansa de escuchar con algunas rarezas para fans, y ofreciendo algunas de las mejores interpretaciones musicales que le he oído de algunos de estos temas, eso es algo que no me esperaba en absoluto. Gran parte del mérito es el haberse rodeado de una banda joven como Promise of the Real que le han insuflado energías renovadas y ganas de volver a rockear sobre un escenario como cuando era joven. Pero no nos engañemos, la mayor parte le corresponde a él, por ser todavía uno de los mejores intérpretes que he visto sobre un escenario, capaz de emocionarte como pocas personas lo han conseguido. Uno no puede hacer otra cosa que quitarse el sombrero ante el gran Neil.

domingo, 14 de julio de 2019

Sobre King Crimson y el progreso continuo


Hay dos hechos determinantes en la carrera de King Crimson y de su gran artífice, el guitarrista Robert Fripp, que luego marcaron de forma crucial la forma de ser del grupo y que, no obstante, sucedieron por causas más bien circunstanciales y no obedeciendo a ninguna estrategia.

El primero tuvo lugar a finales de 1969 cuando la formación de su exitosísimo debut se desintegró tras apenas un año de vida dejando como único miembro a Fripp. Éste, desolado al ver que un proyecto tan excitante se venía abajo, propuso ser él quien se fuera dejando el mando al teclista y saxofonista Ian McDonald, ya que creía que el futuro de King Crimson estaba por encima de todo lo demás. Tenía sentido, aunque no era una banda con un claro líder en aquel entonces McDonald era seguramente el músico que más destacaba (había escrito las dos únicas canciones del debut que no eran composiciones conjuntas y era quien tocaba el mellotron, el instrumento más distintivo del primer álbum del grupo), pero rechazó la oferta y dejó a King Crimson en manos de Fripp.

El segundo sucedió bastante tiempo después, más concretamente en 1981. Para entonces hacía ya años que Fripp había decidido disolver King Crimson justo en la cúspide de su carrera - aunque en honor a la verdad propuso al resto de la banda seguir sin él con otro guitarrista (él sugirió a Steve Hackett), pero en aquel entonces la idea de Crimson sin Fripp carecía ya de sentido. Después de varios años de colaboraciones y discos en solitario de diversa índole el guitarrista formó una nueva banda llamada Discipline con la que dio unos pocos conciertos. El caso es que a los pocos meses de repente se les ocurrió que lo que estaban haciendo iba muy en línea con el espíritu de la antigua banda de Fripp, y aunque sonoramente no tenía nada que ver con lo que habían hecho antes, decidieron usar el nombre de King Crimson.


Estas dos pequeñas anécdotas son a mi parecer la base de lo que hizo de King Crimson toda una entidad en la historia del rock. Si en el primer caso McDonald hubiera aceptado la propuesta de Fripp, estoy convencido de que este último habría hecho una gran carrera por su cuenta, pero ya desvinculada de ese fabuloso debut y quien sabe si de forma estable con una banda o más bien como hizo a finales de los 70, saltando de un proyecto a otro. Por otro lado, es probable que King Crimson habría acabado siendo uno de esos muchos grupos de los 70 con un álbum increíble y probablemente unos pocos más de calidad... pero ya está (esto es pura suposición pero la carrera más bien difusa de McDonald tras su fantástico debut con Michael Giles me hace apostar por ello).

Y por otro lado, con la decisión de rescatar el nombre de King Crimson para un proyecto que sonoramente no tenía nada que ver con su antigua banda, Fripp de forma consciente o no estaba dando forma a la idea de "el espíritu de King Crimson", el hecho de que King Crimson no es simplemente un grupo de rock progresivo de los 70 sino una forma de hacer música que podía englobar tanto el progresivo como la new wave. La suma de ambas circunstancias creó por tanto esa idea de King Crimson como algo que va más allá de un grupo (con un sonido definido, unos temas clásicos, etc.) y que se transforma casi en un concepto que seguramente se resuma en la idea de estar siempre evolucionando, nunca mirando atrás.


Esto ha llevado durante décadas a algo tan impopular como que Fripp se negara tajantemente a tocar en directo temas de sus discos de los 70 salvo un par o tres de excepciones. Siguiendo el principio crimsoniano de siempre evolucionar, Fripp rehusaba el camino fácil de ofrecer al público lo que quería, tocando canciones de su época más conocida y popular. Por ello, cuando desde hace unos años Fripp de repente rescató a King Crimson con una formación que, contra todo pronóstico, basaba sus setlists en temas de los 70 que hacía décadas que no tocaban, la sorpresa fue mayúscula. Después de todo, el guitarrista se había salido con la suya: había conseguido mantener una carrera estable y medianamente exitosa (puede que no tanto como antes pero sí lo suficiente para seguir girando por todo el mundo) siguiendo sus firmes principios de evitar sus discos más populares. Y de repente a Fripp le daba por rescatar temas como "Starless" o "Epitaph" para jolgorio de su público. Quizá se dio cuenta de que, a esas alturas, ya no tenía que demostrar nada. O quizá sencillamente cambió de opinión.

El caso es que yo como fan de su época setentera celebré como muchos otros este inesperado cambio de actitud (que en el fondo no creo que responda solo a su idea de no mirar al pasado sino a cierta cabezonería de no depender de su repertorio más popular, ya que en sus giras de los 90 y 00s no tenía problemas en tocar temas de los 80, que por entonces ya eran parte del pasado) y disfruté mucho de tres grandes conciertos que son de lo mejor que he visto en directo.



¿A qué viene esta larga disertación? Pues quizá a que anoche le vi por cuarta vez y en esta ocasión el repertorio deparó unas pocas sorpresas más. No me refiero a que tocara temas como "Moonchild" (que los King Crimson clásicos jamás hicieron en vivo) o "Islands", o que por primera vez en su carrera ahora interpreten la coda de "In the Court of the Crimson King", sino a que ahora han añadido también temas de su trilogía ochentera.

Porque, cosa extraña, en esta nueva encarnación crimsoniana que miraba sin rubor al pasado, inicialmente Fripp dejó totalmente de lado la trilogía de los 80 que realizó mano a mano con Adrian Belew, los discos que supusieron el renacimiento de King Crimson y su nacimiento como entidad y no como grupo progresivo. Y de repente en los conciertos que dieron el año pasado empezaron a asomar la cabeza temas de Discipline (1981) y Beat (1982). Desconozco por qué dejó esos álbums de lado durante los primeros años de esta gira más revival, pero me hizo ilusión que tocara canciones de esa época, no porque me gusten los discos (en directo los temas suenan como un cañón pero no entrarían ni de coña en mi setlist ideal del grupo) sino porque con esta novedad los King Crimson actuales están tocando literalmente temas de todas las épocas, repasando casi todos sus discos. Y me gusta pensar que, ya en el final de la carrera, tras años con esa ideología tan estricta de estar pensando siempre "qué es crimsoniano y qué no lo es" y con esa obsesión de no vivir del pasado, quizá Fripp se ha dado cuenta que después de todo el último paso que le quedaba por hacer era simplemente reconocer todo su legado, abrazar abiertamente la música de todas sus etapas y no renegar del pasado. Que lo más honesto es reconocer que King Crimson es todo lo que ha hecho a lo largo de estos 50 años bajo el nombre del grupo y que, por tanto, todas esas canciones tienen el mismo derecho a hacerse un sitio en su repertorio.

domingo, 30 de octubre de 2016

Convirtamos el The Great Deceiver de King Crimson en un mítico directo doble

Siempre me ha dado rabia cuando un gran grupo de los 70s que además destacara especialmente por sus directos nos deja a los fans sin el clásico directo doble, el típico doble vinilo que puedes abrir y disfrutar de sus imágenes mientras lo escuchas.

Uno de los grupos culpables de este pecado es King Crimson, quienes a mediados de los 70 estaban en plena efervescencia creativa, con unos conciertos repletos de improvisaciones apasionantes. Pero lo único que nos dejaron de esa época es un directo, USA (1975) que no llega ni a los tres cuartos de hora. A cambio, Fripp editó en los 90 The Great Deceiver, que incluía cuatro CDs de esos años y sirve para contentar a cualquier fan de los King Crimson clásicos, mostrándonos a una formación impecable en absoluto estado de gracia.

No obstante me cuesta considerarlo un disco en directo, más que nada porque son dos discos dobles y repiten muchos temas, lo veo más como un repaso a lo que hacía esta gente sobre el escenario que quizá se antoje algo excesiva a los que no sean muy fans. De modo que pensé que sería interesante hacer una recopilación de algunos temas de esos CDs y convertirlo en un doble CD que podría colar como el gran "doble mítico en directo" de King Crimson.

Divido el tracklist por lo que sería cada cara del vinilo, aunque estrictamente hablando no encajaría del todo porque algunas se me van a los 25 minutos, pero vamos, es solo un juego. Ésta sería mi selección, donde añado además el CD del cual cogería cada tema:



"Walk On ... No Pussyfooting" (Robert Fripp, Brian Eno) – 0:52 CD1
"Larks' Tongues in Aspic, Part Two" (Fripp) – 6:12 CD1
"Improv - Daniel Dust" (Cross, Fripp, Wetton, Bruford) – 4:40 CD3
"The Night Watch" (Fripp, Wetton, Palmer-James) – 4:18 CD3
"Easy Money" (Fripp, Wetton, Palmer-James) – 7:14 CD1

"Improv - A Voyage to the Centre of the Cosmos" – 14:41 CD1
"Starless" (Cross, Fripp, Wetton, Bruford Palmer-James) – 11:36 CD3

"Walk On ... No Pussyfooting" (Fripp, Eno) – 1:15 CD3
"The Great Deceiver" (Fripp, Wetton, Palmer-James) – 3:32 CD3
"Improv - The Golden Walnut" (Cross, Fripp, Wetton, Bruford) – 11:14 CD4
"Improv - Bartley Butsfordd" (Cross, Fripp, Wetton, Bruford) – 3:13 CD3
"Exiles" (Cross, Fripp, Palmer-James) – 6:23 CD3

"Improv - Some Pussyfooting" (Cross, Fripp, Wetton, Bruford) – 2:23 CD4
"Larks' Tongues in Aspic, Part One" – 7:41 CD4
"Fracture" (Fripp) – 10:48 CD4
"21st Century Schizoid Man" (Fripp, Sinfield) – 7:32 CD2


CD 1= 4
CD 2 = 1
CD 3 = 7
CD 4 = 3

sábado, 17 de septiembre de 2016

King Crimson - Forum Karlin (Praga), 14 de septiembre del 2016

Hay que ver cómo cambian las cosas. Hace tiempo leí una entrevista a Robert Fripp en que afirmaba que la idea de tocar temas viejos le parecía literalmente "repelente", y mírenlo ahora. Desde hace dos años está haciendo giras con repertorio de discos de los 70 al que hacía décadas que daba conscientemente la espalda. La máxima de King Crimson de no mirar atrás y negarse a tocar temas de su etapa más mítica se vino abajo. Quizá influya el hecho de que a día de hoy Fripp sea una persona feliz y se haya relajado un poco respecto al concepto tan rígido que él mismo se impuso de King Crimson. En todo caso, los fans de su primera etapa estamos más que de enhorabuena, como ya constaté en el impresionante concierto que vi el año pasado en París.

Este año King Crimson repitieron gira y al no haber ninguna fecha en España decidí repetir experiencia dirigiéndome a Praga, una ciudad que siempre he querido visitar (posteriormente acabaron añadiendo dos fechas en Barcelona pero no hay problema en repetir una vez más). La principal diferencia respecto a la gira pasada es que uno de los baterías, Billy Rieflin, fue sustituido por un tal Jeremy Stacey, que por lo que veo tiene una larga carrera a sus espaldas en diferentes proyectos.



Por lo demás era de esperar que el repertorio volvería a apoyarse en su época clásica y así fue. De hecho resulta curioso comparar los setlists que han ido haciendo a lo largo de estos años. Desde la gira del 2014 en Estados Unidos (la que dio la sorpresa de incorporar por primera vez bastantes temas antiguos) la tendencia ha sido ir añadiendo más clásicos en el setlist y no a ir apartándolos por temas nuevos o más modernos, que es lo que me temía el año pasado.

Si empezamos por el primer concierto de estos tours, ahí ya estaba la sorpresa de rescatar temas del Islands (1972) o el Larks Tongues in Aspic (1973) que no se tocaban desde sus giras, así como la monumental "Starless" y la novedad de interpretar por primera vez en su carrera "One More Red Nightmare" en directo. Cuando el año pasado compré mi entrada para el tour europeo temí que aquella gira americana fuera fruto de un extraño arrebato de Fripp y que la cosa fuera a menos, pero resultó al revés: entró "Easy Money" y dos temas de su maravilloso debut que el propio Fripp llevaba dejando de lado desde los mismos 70 (excepto "21st Century Schizoid Man").

Pues sí, amigos, Fripp es un hombre más feliz y relajado. Cuando entré al recinto Forum Karlin encontré las siguientes pancartas sobre el escenario que confirmaban que su manía antifotografías seguía intacta... pero luego el mensaje que nos pusieron por megafonía desprendía un tono mucho más amable. Básicamente el bajista Tony Levin nos animaba a disfrutar del show sin cámaras (incluso dijo literalmente la expresión "Let's have a party!", que jamás asociaría al universo King Crimson) y, he aquí la novedad, nos dijo que podríamos hacer fotos una vez acabara el concierto, cuando él sacara su cámara de fotos para retratarnos al público. ¿Qué fue de esa banda progresiva fría e intelectual que parecía casi despreciar a su audiencia?



Sale la banda, Fripp repitió el gesto del año pasado de mirar a la audiencia como sorprendido y empezó el show con "Larks Tongues in Aspic 1" seguida de una absolutamente increíble "Pictures of a City". Pero aquí empezaron las sorpresas... ¡"Cirkus"! del olvidadísimo Lizard y que llevaba sin interpretarse desde la gira del Islands. No obstante eso no fue nada comparado con la siguiente sorpresa, una de mis debilidades crimsonianas que más ilusión me hacía oír en directo: "Fracture", esa absoluta maravilla del infravaloradísimo Starless and Bible Black (1974). Con solo oír los primeros acordes del tema me sentí tremendamente feliz, y ese final tan oscuro fue de mis momentos favoritos de la noche.

Hago una pequeña pausa para comentar la banda. Ya me deshice en elogios en el post del año pasado, así que simplemente reitero lo que dijo y añado un par de detalles. El primero es lo increíblemente bien que se integra Mel Collins con sus instrumentos de viento a los temas que no tenían este tipo de sonidos en estudio (sobre todo lo remarqué en "Fracture" y "Red"). El segundo es que el nuevo batería se encargaba también del mellotron y teclados, que cobraron mucha más importancia que el año pasado. Pero si he de destacar a alguien es a esa bestia parda llamada Pat Mastelotto. En esta ocasión estuve sentado delante de él y pude corroborar cómo su papel a menudo es el de emular a Jamie Muir (percusionista de la época del Larks Tongues in Aspic) tocando todo tipo de instrumentos diferentes en un mismo tema. Era espectacular verle en acción. Y de fondo pude ver en todo momento al bueno de Fripp, ya que estaba sentado mirando en dirección a donde estaba yo. Tenía una expresión de abuelito simpático y afable (muchos lo describen como apariencia de veterano profesor de instituto), e incluso en algún momento llegaba hasta a sonreír tímidamente. Era extraño oír esa apisonadora de grupo en acción y pensar que el gran responsable de todo eso era ese simpático ancianito del fondo.



Sigamos con el show. Ninguno de los temas nuevos o post-70s me supuso un bajón (como sí me lo dio uno del año pasado), y de los clásicos que vi en París aquí se quedaron fuera "One More Red Nightmare" y "Sailor's Tale". La primera no me importó, me gusta más "Red" y creo que quedó mucho mejor, de hecho fue uno de los mejores momentos de este tramo del show junto a "Easy Money". El tema del Islands ya me supo peor perdérmelo, pero a cambio en "The Letters" tuvimos un momento fantástico: los versos finales cantados a cappella por Jakko Jakszyk con el público en absoluto silencio.

Tras hora y 25 minutos y una pausa de 20 minutos, la banda volvió y, tras una introducción instrumental, me ofreció la gran sorpresa de la noche: ¡¡"Lizard"!! Bueno, no el tema entero, solo la tercera parte, pero no es poco, ya que jamás se interpretó en vivo. De hecho parece ser la gran novedad de la gira, puesto que en algunos conciertos empiezan con él, y debo decir que aunque no es de mis predilectos me gustó mucho como lo adaptaron, más que en estudio de hecho. No obstante los dos momentos cumbre del segundo set todos sabemos cuáles fueron. El primero fue una absolutamente apoteósica "Larks Tongues in Aspic 2", que fue el gran clásico que me perdí en París, y que sonó atronadora. El trabajo de Mastelotto aquí fue demencial, era increíble verle cómo tocaba de todo mientras el tema iba en crescendo.  El segundo gran momento fue obviamente "Starless", una canción tan perfecta y tan apropiada para el directo que casi da rabia que Fripp la tuviera guardada en un cajón durante décadas. El clímax final con el escenario iluminado de rojo fue inolvidable.

El bis tuvo una pequeña sorpresa que yo medio me esperaba por intuición, y fue una versión de "Heroes", que en realidad no es tan sorpresiva puesto que Fripp ya la tocaba con King Crimson años atrás (el motivo por entonces era que él hace las guitarras en la versión de estudio, a día de hoy obviamente entiendo que es un bonito homenaje), a la que le siguió obviamente la frenética "21st Century Schizoid Man".

Tras el show, Levin sacó su cámara y nos hizo unas fotos al público, permitiéndonos a nosotros hacer lo mismo con la banda, pero lo más curioso fue ver a Fripp sacando también fotos e incluso ¡haciéndose un selfie! Decididamente Fripp es ahora un hombre feliz. Y nosotros también durante tres horas gracias a él.

La fotografía no es muy buena pero a la derecha tienen la prueba: Fripp haciendo fotos al público.


Hell Hounds of Krim
Larks' Tongues in Aspic, Part One
Pictures of a City
Cirkus
Fracture
Interlude
The Court of the Crimson King
Radical Action (To Unseat the Hold of Monkey Mind)
Meltdown
Easy Money
The Letters
Red

Devil Dogs of Tessellation Row
Lizard ('The Battle of Glass Tears')
Radical Action II
Level Five
Epitaph
The ConstruKction of Light
Suitable Grounds for the Blues
The Talking Drum
Larks' Tongues in Aspic, Part Two
Starless

Banshee Legs Bell Hassle
"Heroes"
21st Century Schizoid Man

domingo, 18 de octubre de 2015

King Crimson - Olympia (París), 22 de Septiembre del 2015



No hay derecho, no, no lo hay. ¿Acaso se piensa Robert Fripp, líder y guitarrista de King Crimson que le vamos a permitir algo así? Más de veinte años siguiendo al pie de la letra la filosofía crimsoniana de mirar siempre para adelante, nunca hacia atrás. Basando los setlists de sus conciertos en sus últimos discos y dejando la época más conocida y apreciada por el gran público, los 70, en una o dos canciones testimoniales (en su última gira por España creo que solo tocaba "Red" y como bis simbólico, casi como quien da a los perros las sobras de la comida por pena). Diciendo textualmente en entrevistas que nada le repugnaría más que volver al material de sus primeras obras. Cambiando continuamente de formación y de concepto para evitar quedarse estancado. Más de veinte años así... y de repente el año pasado se embarcó en un tour americano con un setlist repleto de ¡¡temas clásicos!! ¡¡Canciones que no se tocaban desde principios de los 70!! ¿Qué mosca le ha picado, señor Fripp?



Resulta que ahora Fripp es un hombre feliz, en palabras suyas. Aparece en un concurso televisivo con su mujer dejándonos a los fans sin palabras (¿es ése el creador de "Fracture" famoso por lo exigente y duro que era trabajar con él? Vean el vídeo, a mí me parece acojonante). Actualiza un blog en el que nos da noticias sobre un conejito blanco que ha adoptado como mascota. Y vuelve a tocar temas antiguos.

En realidad a estas alturas la decisión de volver a sus clásicos podría verse como algo más subversivo que seguir sin mirar al pasado. Quiero decir, no frecuento foros de rock progresivo pero nada podría molestar a sus fans más radicales que esto (aun cuando en el fondo muchos matarían por escuchar esos temas en directo). Pero lo que sucede es que sencillamente el propio Fripp ha reconocido que le agotaba esa norma autoimpuesta de mirar siempre hacia adelante y no tirar del pasado. Y supongo que como cambio refrescante se le ocurrió montar una nueva formación y desempolvar esos viejos temas que, vistos ahora con perspectiva (hablo desde su punto de vista, claro), tampoco estaban tan mal.



He aquí la nueva formación: Robert (obvio), Jakko Jakszyk a la voz y guitarra, Tony Levin al bajo, Mel Collins a los instrumentos de viento y no uno ni dos, sino tres baterías, Bill Rieflin, Gavin Harrison y Pat Mastelotto - la cabra que vieron en la foto no pudo salir de tour por desacuerdos con su manager. Dos cosas interesantes que ya debieron dar pistas a los fans sobre por dónde irían los tiros: el retorno histórico de un miembro de los King Crimson de los 70, Mel Collins, y la primera vez en 30 años que Fripp trabaja en King Crimson sin el guitarrista Adrian Belew, que es el otro gran artífice de los Crimson post-70s. Como curiosidad adicional, en esta gira las tres baterías estaban en primer plano y el resto de la banda al fondo, lo cual dice mucho sobre el enfoque pensado por Fripp.

Cuando un servidor vio los setlists que dieron esta gente en América el 2014 y supe que harían un tour por Europa, decidí que eso era algo que no podía perderme y me dirigí hacia París confiando en que la selección de canciones seguiría siendo la misma (ya que yo no soy un verdadero fan de King Crimson y lo que me motiva son sus discos de los 70, lo siento, amigos).


Las expectativas que tenía era tan elevadas que temía que virtualmente el concierto no pudiera estar a la altura de lo esperado. El extraño inicio algo anticlimático no hizo más que aumentar mis nervios: cuando aún faltaba bastante gente para sentarse salió un tipo a decirnos que oiríamos una composición de Robert Fripp, y nos pusieron una grabación ambiental de unos 20 minutos bastante repetitiva que todos nos pensábamos que sería la intro. Pero no, acabó el tema y nos dijeron que teníamos 10 minutos de descanso. Al parecer esa grabación era el telonero.

Ahora parecía que sí. Una introducción grabada por el grupo nos pedía que por favor no hiciéramos fotos ni vídeos del concierto, que disfrutáramos del espectáculo tranquilamente y no a través de la diminuta pantalla del móvil... no era en el tono molesto que uno esperaría de Fripp (conozco una anécdota de años atrás en un concierto en que abandonó el escenario después de que alguien le hiciera una foto con flash), sino más bien divertido y amable. Y entonces salió la banda y pudimos verle a él, al famoso Fripp... que contra todo pronóstico parecía un anciano tímido pero ligeramente simpático, que lanzó una mirada a todo el público como sorprendiéndose de que hubiera tanta gente, para después acomodarse en su asiento, en un rincón, del que no se movería en todo el show. Mientras tanto sonaba como introducción el final del tema "Islands" en que se escucha una conversación en el estudio.

Y después de que los miembros de la banda juguetearan un poco con los instrumentos marcado el clímax inicial, Fripp empezó a insinuar con su guitarra esa inconfundible melodía que en el estudio hacía un violín y que daba pie a "Larks' Tongues in Aspic, Part One". En el momento en que entró el furioso riff casi de heavy metal quedó claro de qué iba la cosa. Cuando Mel Collins reemplazó a la perfección el solo de violín por uno de flauta se despejó cualquier duda sobre cómo se adaptaría a las canciones. La acústica del recinto era perfecta: las tres baterías se adueñaban de buena parte del protagonismo pero no tapaban al resto de instrumentos. Sencillamente todo parecía indicar que sería una noche memorable y lo fue.


De hecho, hablando claro, para mí ha sido uno de los mejores conciertos que he visto en los últimos años. La primera parte del concierto se centraba en temas nuevos o de discos de los 90 que desconocía en su mayor parte salvo "VROOOM", y no se me hizo nada aburrida. Solo hubo un tema de todo el concierto, "The Light of the Day", que me diera la sensación de bajón. El resto solo por disfrutar de sus interpretaciones me hicieron disfrutar muchísimo, y creo que ésa fue la clave del concierto. Rock progresivo en su máxima expresión.

Solo con presenciar la interacción de los tres baterías uno podía quedarse embelesado. Es algo que jamás había visto: la coordinación tan precisa entre los tres y la forma como, en un mismo tema, pasaban a desmarcarse centrándose cada uno en unas partes de percusión concretas, pero sin exhibicionismos, dándole a los temas aún mayor riqueza. Era algo asombroso.

Si ya con las canciones me tuvieron ganado, con la ración de clásicos (que no nos engañemos, es a lo que habíamos venido) toqué el cielo: una furiosa "Pictures of a City" con un solo de saxofón que le valió un aplauso al veterano Mel Collins, las infalibles "Easy Money" o "One More Red Nightmare" y los dos temas del Islands, sin duda de los momentos cumbre de la noche.


Un par de sorpresas: dos temas inesperados del adorado debut del grupo que no esperaba en absoluto porque no las tocaban en Norteamérica y porque no veía cómo las tocarían sin mellotron, "Epitaph" e "In the Court of the Crimson King". Bien, el truco estaba en que uno de los baterías, Bill Rieflin, tocaba el teclado en algunos temas dejando "solos" a los dos baterías. De modo que cuando escuché el inicio de "Epitaph" a medio concierto literalmente no me lo pude creer. Sé que es el tema típico que gusta a gente que no es fan del grupo, pero yo lo adoro igualmente y me emocionó mucho. Lo mismo digo del inicio del bis con esa inconfundible melodía evocándonos la corte del rey carmesí. ¿Cómo podía Fripp dejar temas tan buenos de lado y quedarse tan tranquilo durante décadas?

El fin del concierto principal era la esperadísima "Starless", con toda seguridad el momento cumbre de la noche porque con una canción tan perfecta y tan dada a ser bordada en directo por una buena banda no podía salir mal. El final del tema con el escenario oscurecido y la banda iluminada en un tono rojizo fue de pelos de punta. Y por supuesto qué mejor desenlace para la velada que la furiosa "21st Century Schizoid Man". Solo un pequeño reproche: introducir en medio un solo de batería individual de Gavin Harrison - durante todo el concierto hicieron algunos solos los tres baterías a la vez que eran una pasada, ¿qué sentido tiene introducir uno individual al final? - que además reemplazó el solo de guitarra (!). Pero bah, se lo perdono tras una noche tan inolvidable.

Sí, amigos, Robert Fripp ahora es feliz y, gracias a eso, yo un poco más también.


Larks' Tongues in Aspic, Part One
VROOOM
Radical Action (To Unseat the Hold of Monkey Mind)
Meltdown
Hell Hounds of Krim
Suitable Grounds for the Blues
The ConstruKction of Light
Interlude
Pictures of a City
Epitaph
Banshee Legs Bell Hassle
Easy Money
The Letters
Sailor's Tale
The Light of Day
One More Red Nightmare
Starless

Devil Dogs Of Tessellation Row
The Court of the Crimson King
21st Century Schizoid Man

PD: habrán notado que he llenado el artículo de fotos del conejo de Robert Fripp. No hay explicación para ello.

viernes, 30 de enero de 2015

McDonald & Giles - McDonald & Giles (1970)



El disco del que hablo hoy reconozco que es una de mis pequeñas debilidades, uno de esos álbums algo olvidados que no obstante uno encuentra frecuentemente en las clásicas listas de grandes joyas ocultas del rock.

Y no obstante, aunque en su momento no tuvo demasiado éxito, si yo hubiera estado ahí habría apostado mucho antes por McDonald & Giles que por la banda de la que venían, unos tales King Crimson. Me explico. King Crimson sorprendieron al mundo del rock en 1969 con un disco debut impresionante, que dejó boquiabiertos a todos por su calidad y por ese sonido propio tan mágico y único. Pero por desgracia, pese a ese prometedor comienzo, durante la gira americana esta primera formación de la banda se desintegró cuando Ian McDonald (instrumentos de viento, teclados y mellotron) y Michael Giles (batería) anunciaron su partida. Fue un golpe casi mortal, ya que en aquella época los cuatro miembro eran absolutamente imprescindibles, y si hubiera que escoger lo más parecido a un líder, éste sería sin duda McDonald (de los cinco temas del debut, tres fueron escritos por todo el grupo y dos por él en solitario; además era el principal responsable de ese sonido tan especial que caracterizaba su debut). La causa fueron las desavinencias con Robert Fripp, guitarrista del grupo, ya que éste se inclinaba cada vez más por un sonido más oscuro y guitarrero mientras que McDonald y Giles querían seguir explorando el sonido más atmosférico y calmado del debut. Fripp, profundamente desolado, se ofreció a abandonar él la banda para que ellos se quedaran, ya que consideraba que ellos representaban mejor a King Crimson que él mismo (yo creo que por entonces era cierto). Sin embargo, parece ser que la principal fuerza motora de la banda en vivo era claramente Fripp, y sus dos compañeros rechazaron su generoso ofrecimiento alegando que él era King Crimson más que ellos (cosa que acabó siendo cierta).

Situémonos entonces en 1970. King Crimson se encuentra de repente solo con Fripp de la formación original (el bajista y cantante Greg Lake se fue poco después del tour americano para formar Emerson, Lake & Palmer) y graban un disco cuya cara A es una copia descarada del debut. A cambio, McDonald & Giles se sacan de la manga un disco que rescata el sonido tan especial del debut pero con composiciones nuevas. ¿Realmente habríais apostado vosotros por King Crimson?

No obstante, como hoy día sabemos, la aventura de McDonald & Giles no pasó de este disco, que se convirtió en consecuencia en una obra de culto que ha sido redescubierta como muchas otras gracias a la magia de Internet.



El álbum es indudablemente la lógica continuación del debut de King Crimson, con el sonido tan característico de mellotron inundando sus surcos y ahondando sobre todo en su faceta más pastoral, especialmente en la preciosa "Flight of the Ibis", que curiosamente tiene un equivalente idéntico en el segundo de King Crimson llamado "Cadence and Cascade". Parece que ser McDonald la empezó a componer estando en el grupo y Fripp acabo quedándose con la melodía y aprovechándola para su segundo álbum... otro punto en contra de King Crimson que nos haría sospechar que el tal Fripp tenía tan pocas ideas que debía tomar prestada la melodía de uno de sus compañeros, ¿quién diría que luego tendría una carrera tan larga y creativa?

Por otro lado la inicial "Suite in C" y "Tomorrow's People" inciden más en la faceta progresiva del grupo muy en la línea también de los primeros King Crimson. No olvidemos que hablamos de 1970, cuando el género está aún en pañales, por tanto estos temas que ahora vemos como buenas composiciones prog típicas de la época deben verse como algo mucho más innovador.

Pero la joya de la corona, la composición que engrandece realmente este disco es la suite de 20 minutos "Birdman" sobre un hombre que ambicionaba volar (las letras por cierto son del mismo letrista de King Crimson, Peter Sinfield). De nuevo recalco el mérito de sacar una suite en un año tan temprano en que los precedentes eran mínimos, pero es que además es una de mis suites favoritas del género, con un final épico de ésos que ponen los pelos de punta. Y todo ella surgió de ese simpático tipo con corbata de la portada.

Lo cual me lleva al último punto: ¿no les parece una portada maravillosa? ¿Nadie les dijo que utilizar una foto con sus parejas no sería lo más adecuado para representar su nuevo proyecto?

jueves, 27 de febrero de 2014

Pequeños grandes detalles de canciones

Hay veces en que lo que le fascina a uno de la canción no es aquello más obvio o aquel gancho obvio introducido por el grupo, sino un detalle, un instante concreto. No me refiero por ejemplo a cosas como el retorno a la melodía principal en el "Starless" de King Crimson, ya que aunque sea sólo un detalle en un tema de más de 10 minutos, es obvio que se trata de uno de los puntos principales de la composición para cerrarla en círculo. Me refiero a detalles teóricamente más discretos. Hay docenas de ejemplos pero éstos son los que he podido sacar hoy.

A veces sucede que de una canción lo que más te gusta es una melodía concreta, no necesariamente la principal o el estribillo. El caso más descarado de esto que me ha sucedido a mí es "Gone Hollywood" de Supertramp, el tema que abre el Breakfast in America que demuestra cómo Rick Davies también podía ser un gran compositor pop. Es una muy buena canción con muchos coros à la Supertramp, pero el momento que me vuelve loco y que es mi favorito absoluto es cuando cantan la melodía de "If we only had time, only had time for you". La melodía surge a mitad de tema de la nada, como un ataque por sorpresa al oyente y me encanta.


"Baby Blue" de Badfinger he creído que también entraría en esta categoría porque lo que me enamoró de la canción fue no la melodía principal o el estribillo sino el puente de "What can I do, what can I say? Except that I want you by my side. How can I show you? Show me a way. Don't you know, the times I tried." Toda la canción es perfecta, pero esta parte en concreto a nivel melódico me parece descomunal, y encima la rematan con ese sencillo y efectivo solo de guitarra.

Lo mismo me sucede con "Loving Cup" de los Rolling Stones. Repito, tanto ésta como la anterior me parecen perfectas en su totalidad, pero lo que me hizo verla con otros ojos es la parte que hay a mitad de canción en que Jagger canta lo de "I feel so humble with you tonight" hasta el final de "What a beautiful buzz". No sé cuantas veces he rebobinado la canción para reescuchar este segmento porque me encanta. Quizá no corresponde a esta lista y en general es el momento favorito de muchos fans, pero como es un tema que no suele mencionarse, he pensado que cabía añadirlo aquí.



Pasando a detalles más pequeños, también debo mencionar "Five Years" de David Bowie. Me pasé un buen tiempo sin poder pasar del primer tema del Ziggy Stardust por culpa de esta canción, que se convirtió en una obsesión para mí, pero sobre todo por un detalle: los dos gritos finales de Bowie. No el clímax final en general (que considero que todos adoraremos y por tanto no entraría en este post) sino la forma como grita "Five years" las dos últimas veces. No sé por qué, me encanta cómo lo hace.

Pasando a Queen, destacaría en una categoría similar un momento de esa genialidad llamada "My Fairy King" de su debut. El momento en que Freddie canta lo de "Mother Mercury, look what they've done to me, I cannot run I cannot hide" y seguidamente Brian entra con su guitarra entonando una melodía atmosférica me parece de esos momentos que tienen una magia descomunal. Ese detalle vale por discos enteros, y lo digo en serio.


A veces incluso uno acaba adorando detalles que objetivamente son errores. Es el caso de un detalle de "I Can Feel" de Mott The Hoople. El motivo por el que la banda suele odiar su segundo disco y, concretamente, este tema es lo mal producido que está (yo no estoy de acuerdo). El detalle que irrita más a Ian Hunter es el hecho de que en todo el tema se oye el chirrido del bombo por haberse grabado mal. Sé que eso es un error pero a mí me gusta mucho cómo queda, quizá porque le aporta un detalle que le hace especial, no sé, pero yo ahora mismo no lo quitaría.

No suele suceder que una letra me llame tan poderosamente la atención que me haga cambiar la percepción de un tema (aunque el año pasado me sucedió con "House with No Door"), pero a veces sucede. "Brown-Eyed Women" ha sido desde que la descubrí una de mis canciones favoritas de Grateful Dead, pero lo que me hizo cogerle un cariño especial son estos versos que siempre me han encantado:

Snowed so hard that the roof caved in.
Delilah Jones went to meet her God,
And the old man never was the same again.

No me pregunten por qué, pero siempre he adorado esta parte (especialmente lo de "And the old man never was the same again" que desprende una melancolía que me encanta), y más cómo queda con la melodía.

Los herederos de Jerry García me han dicho que deje de poner tantos vídeos de esta canción en mi blog, pero no me intimidarán.

Y por último. ¿no les pasa a veces que de una canción lo que más les llama la atención es un instrumento que realmente no es el que más sobresale o en el que uno no debería fijarse? A mí me pasa mucho con las baterías, al sentir cierta debilidad por ese instrumento. Un ejemplo personal para cerrar con el mismo grupo que empecé: "In the court of the Crimson King" de King Crimson. 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Yo y King Crimson


Mi primer contacto con King Crimson vino por vía paterna. Mi padre es de esas personas que tiene un repertorio musical bastante limitado y de la mayoría de grupos solo escucha una canción (aunque, eso sí, mil veces). King Crimson es de esos casos. Él tenía en su colección el mítico In The Court of the Crimson King, de forma que desde pequeño estuve familiarizado con esa carátula (curiosidad tonta: el CD aún tiene la pegatina de las extintas tiendas Virgin). Pero resulta que mi padre sólo escuchaba "Epitaph". Él te diría que es fan de King Crimson pero desde que tengo conciencia jamás le he visto escuchar cualquier canción que no fuera ésa. En una ocasión de hecho dijo algo así como "King Crimson SON "Epitaph"", afirmación que basta para matar de un infarto a cualquier fan de la banda y que demuestra su limitada visión del grupo.

Pero volvamos al autor de este blog. "Epitaph" es una de esas canciones que conozco desde siempre porque mi padre la ponía de forma obsesiva una y otra vez. Por suerte este especie de tratamiento a lo Naranja Mecánica no me hizo aborrecerla, sino que simplemente hizo que desde pequeño conociera la composición, aunque durante muchos años no me fijé en ella.

No sé decir cuándo y por qué pasé repentinamente a escuchar "Epitaph" por iniciativa propia. Imagino que fue cuando empecé a navegar por Internet y leí que su debut era uno de los grandes discos del rock. Escuchándola conscientemente quedé enseguida fascinado. No había oído nunca nada igual, recuerdo especialmente lo mucho que me gustaba cómo cantaba Greg Lake, con ese tono tan dramático, y el famoso sonido de mellotron que me sedujo al instante.

No fue hasta al cabo de un tiempo que me animé a oír el disco entero, y fue de esos casos en que el primer impacto fue tan fuerte que se me ha quedado marcado el momento y lugar exacto en que sucedió. Concretamente fue una noche de verano y puse el CD en mi ordenador mientras hacía no sé qué. Lo primero que sonó fue "21st Century Schizoid Man" y ciertamente no esperaba eso conociendo sólo "Epitaph". La furiosa voz de Lake distorsionada, esa melodía tan cortante, ese extraño puente entre el jazz puro y duro y el rock... me quedé de piedra sin saber cómo reaccionar ante algo así. "I Talk to the Wind", mucho más accesible, me gustó desde el principio. "Moonchild" me desconcertó totalmente con sus 10 minutos de ruiditos. Y el tema homónimo por supuesto acabó de noquearme con ese mellotron épìco. Fue un flechazo instantáneo.


Recuerdo lo mucho que me fascinaba tanto la portada como ese dibujo interior

Años más tarde recomendé este disco a un amigo que acabó haciéndose mucho más fan del grupo que yo explorando su discografía. Recuerdo que me dijo que para muchos fans del grupo el debut no era su mejor disco o incluso siquiera de los mejores. Yo no daba crédito, ¿realmente ése no era ni de sus mejores álbums? No podía ser.
Con el tiempo profundicé más en el grupo y me di cuenta de que era cierto, y que realmente aún siendo su disco más mítico ni siquiera era representativo de los King Crimson de verdad (de ahí que resulte comprensible que los fans prefieran otros). Pero tras todos estos años y habiendo explorado mejor su carrera, sigue siendo mi favorito de ellos y en general uno de mis 10 discos predilectos. Su carrera llegó aún más lejos pero la magia especial de su debut es una debilidad personal.

Mi siguiente contacto con el grupo fue una canción, "Starless". Por entonces aún estaba empezando a descubrir la música y sentía curiosidad por el término rock progresivo, así que indagando acabé en una web dedicada al prog donde había una sección de Canción del mes o algo similar. Una de las que eligieron era "Starless" de King Crimson, que el autor describía acertadamente como un tema que resumía toda la carrera del grupo y quizá su composición definitiva. Descargué el tema y desde luego volví a quedar maravillado ante semejante obra maestra.

Claro, esto tuvo un inconveniente. Empecé con el que aún hoy día me parece su mejor disco y su mejor canción, y encima me dijo un amigo que muchos afirman que su debut no era ni de los mejores álbums del grupo. Ante algo así se me dispararon unas expectativas casi imposibles de cumplir. Eso sumado a lo que iba descubriendo sobre la misteriosa figura de Robert Fripp hicieron que sintiera instintivamente un enorme respeto hacia King Crimson aún sin conocerles bien. Tarde años en "bajarles a la Tierra" y verles con más perspectiva, poniéndoles al mismo nivel que las otras grandes bandas progresivas de la época, pero aún me siguen pareciendo de las mejores bandas del género.

Cómo no caer rendido ante algo así, y más siendo joven y (aún) impresionable...

Mi siguiente disco fue Islands y no sé bien por qué, quizá lo vi recomendado en algún sitio. Era un disco muy accesible así que me gustó enseguida. Tanto éste como el debut fueron discos que escuchaba muy a menudo en otoño, llevándome a asociar a King Crimson con esa época del año y, por extensión, al rock progresivo con el otoño (aún hoy día hago esta arbitraria asociación). Por entonces iba ya a Bachillerato.

Mi siguiente paso fue Larks Tongues in Aspic, y de nuevo no sé por qué elegí éste cuando por ejemplo ya sabía entonces que su obra más mítica de los 70 era Red. Éste lo escuché estando en mi primer o segundo año de carrera y fue mi primer contacto con lo que muchos consideran los "King Crimson de verdad" (dejando de lado "Starless"), es decir, con una formación estable y ese sonido de guitarras que tanto interesaba a Fripp. Me sorprendió mucho porque sonaba diferente a los otros dos que tenía de ellos, pero me fascinó ese estilo a medio camino entre el progresivo y el hard-rock. De nuevo me caló instantáneamente.

Aquí se produjo entonces un vacío que no me sé explicar, ya que tardé años en oír otro disco de ellos. Quizá es porque probé con el In The Wake of Poseidon y al ser mi primera decepción con el grupo los dejé un poco de lado. El motivo de la decepción es obviamente que la cara A es un calco inferior del debut, y aunque apreciaba las composiciones me sabía a poco, era la primera vez que King Crimson no me ofrecían algo nuevo. Con el tiempo le he cogido más el punto pero sigue siendo mi menos predilecto de la época clásica.
Por esa época descubrí también el disco homónimo de McDonald & Giles que pronto se convertiría en una pequeña debilidad personal.

Algún día hablaré de esta joya oculta creada por dos ex-King Crimson

En todo caso fue hace unos pocos años que por fin me animé a escuchar Red. Por entonces ya no era tan inocente en progresivo como cuando había oído los otros discos de King Crimson. De hecho había pasado por unas rachas obsesivas con Genesis y Van Der Graaf Generator que me hicieron ponerles por encima del grupo de Robert Fripp antes de que me diera cuenta. En todo caso, un otoño que estaba en plena fiebre prog me animé con el mítico disco. Obviamente me gustó muchísimo desde el principio pero a diferencia de los otros discos del grupo (salvo el Poseidon) no me produjo ningún impacto ni me hechizó. Lo que sucedía es que las expectativas eran altísimas (sabía que para muchos es el mejor disco del grupo) y que ya conocía el mejor tema con diferencia, así que sencillamente estuvo a la altura de lo que esperaba, sin más. Quizá debería haberlo oído años atrás, siendo un poco más virgen en la materia, seguro que me habría impactado más, pero qué le haremos.

En todo caso, eso nos lleva al presente año, en que he adquirido el Starless and Bible Black, lo cual quiere decir que ya solo me quedará un disco por oír de la carrera setentera del grupo, el mítico Lizard. El gran interrogante será qué me parecerán sus discos de los 80 o 90, que tan buena fama tienen. El tiempo dirá. De momento el Starless and Bible Black me ha encantado y el tiempo dirá si lo mantengo a la altura que lo tengo ahora mismo, prácticamente como mi segundo favorito de la banda.

En todo caso, mi top crimsoniano a día de hoy en cuanto a los pocos discos que conozco ería algo así:

1- In the Court of the Crimson King
2- Starless and Bible Black
3- Islands
4- Larks Tongues in Aspic
5- Red

En realidad el único puesto claro es el primero, el resto son intercambiables, y de hecho hasta hace poco el Red era mi segundo favorito.

En cuanto a canciones:

1- Epitaph
2- Starless
3- 21st Century Schizoid Man
4- In the Court of the Crimson King
5- Larks Tongues in Aspic (Part II)
6- Islands
7- I Talk to the Wind
8- The Night Watch
9- Prelude: Song of the Gulls
10-  Fracture