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sábado, 23 de julio de 2016

1976

Retomando una vieja costumbre, me he animado a listar mis discos favoritos que cumplen 40 años este 2016.

Parte del aliciente está en que 1976 fue un año un tanto "raro" en el mundo del rock. Los géneros que habían predominado en esa década (progresivo, glam, cierto tipo de hard-rock) empezaron a estancarse, sobre todo con el grado de saturación y excesos que estaban sufriendo ya las bandas. Todavía no había salido la vieja guardia punk a darle un soplo de aire fresco (aunque su contribución ya he comentado que se tiende a sobrevalorar o malinterpretar) y en algunos álbums de la época se puede apreciar a bandas antes exitosas buscando un nuevo sitio en estos tiempos cambiantes (Black Sabbath) mientras otros arrasaban en las radiofórmulas suavizando aún más su sonido (Eagles) y entraba en escena el famoso AOR (el debut de Boston, que no ha entrado en mi lista por los pelos).

No es un año de grandes novedades musicales, incluso estilos más bizarros como el kraut-rock empezaron a estar de capa caída y otros como el jazz-rock o fusion llegaron a unos extremos de marcianadas que a mí me cuestan de asimilar (eso incluye clásicos innegables de ese año como Romantic Warrior de Return to Forever o Wired de Jeff Beck que, ay, son demasiado para mí). Pero resulta muy interesante como muestra de una escena que estaba saturándose y como ejemplo de que pese a eso siguió habiendo grandísimos discos.



15) Blue Öyster Cult - Agents of Fortune

Aunque por estilo me pegan mucho más los discos anteriores de Blue Öyster Cult, lo cierto es que de lo que he oído de ellos simpatizo más con su primer acercamiento al AOR. Aunque no sea tanto mi rollo la sucesión de temazos que hay aquí habla por sí sola, además de tener una de mis canciones favoritas de todos los tiempos (ya saben cuál es).


14) Led Zeppelin - Presence

Titular asociado a este álbum: el inicio de la decadencia de Led Zeppelin.
Mi respuesta: ¡bendita decadencia si la de todos los grupos fuera así!
Sí, es cierto que es un bajón innegable respecto a lo que venía antes, pero incluso hoy día que los tengo más apartados reconozco que es un gran disco, incluso más allá de los dos grandes temas clásicos (¡y qué dos temas!).



13) Invisible - El Jardín de los Presentes

El músico argentino Luis Alberto Spinetta tiene el mérito de ser tan bueno que consigue que supere el para mí infranqueable obstáculo de oír música rock cantada en castellano. Un tipo apasionante que estuvo metido en varios proyectos y bandas, en Invisible optó por hacer una banda con cierta tendencia al jazz-rock (especialmente visible en la instrumental "Alarma entre los ángeles") pero que en realidad no se aleja tanto de lo que hacía antes. A destacar la inmensa "Niño condenado".




12) David Bowie - Station to Station

En estos años de incertidumbre nuestro camaleón preferido estaba en plena transición. Ya hacía un par de años que se había bajado del carro del glam antes de que el género decayera oficialmente, había probado con el soul y ahora, aunque aún quedaban resquicios de esa etapa, iba hacia nuevos caminos que desembocarían en la trilogía berlinesa, convirtiéndole en uno de los dinosaurios que mejor supo evolucionar al cambio de tiempos.

Station to Station es por tanto un gran disco de transición entre etapas, que para mí tiene dos de las mayores obras maestras de su carrera - y eso es decir mucho - en el tema homónimo y "TVC15".


11) Rush - 2112

Ya comenté anteriormente la jugada-vacilada que hicieron a su discográfica con 2112, donde mandaron a la porra su demanda de volver a sonar a Led Zeppelin como en sus primeros discos y apostaron de forma aún más contundente por el rock progresivo. Y contra todo pronóstico se salieron la suya y se consagraron definitivamente.
Reconozco que la cara B necesito repescarla de vez en cuando para recordar lo buena que es, pero es que la suite homónima de la cara A (y en especial su obertura) eclipsa prácticamente cualquier cosa.


10) Be-Bop Deluxe - Sunburst Finish

Una de mis debilidades personales, Be-Bop Deluxe fue uno de esos grupos que empezó con la excusa del glam pero que luego tiró hacia lo que hoy conocemos como el cajón de sastre art-rock. El principal artífice es su cantante, guitarrista y compositor Bill Nelson, un guitarrista excelso (fíjense en el solo de "Crying to the Sky") con un gran talento además para escribir buenas canciones que en otras manos habrían optado por darle un toque más convencional. Este álbum es considerado el gran clásico de su carrera (que no es decir mucho dado lo desconocidos que son) y una buena puerta de entrada a uno de los muchos secretos por descubrir de los 70.


9) AC/DC - High Voltage (versión europea)

Mientras el hard-rock fue tirando más esos años hacia el boogie-rock o un sonido más radiofónico, en Australia dos hermanos estaban gestando una banda que volvía al sonido más crudo y primigenio del invento, y que contra todo pronóstico acabarían siendo una de las bandas más famosas de la historia. Su debut es quizá mi disco favorito suyo, repleto de himnos incendiarios de hard-rock y tintes blueseros (la inmortal "The Jack"). Descubrir en su época las guitarras de los hermanos Young y el carisma arrebatador de Bon Scott debía ser algo sensacional.


8) Elliott Murphy  - Night Lights

Cuando el señor Elliott Murphy todavía parecía tener esperanzas de consagrarse como cantautor, una especie de mezcla de sus idolatrados Bob Dylan y Lou Reed, se sacó de la manga su disco más ambicioso: Night Lights, más alejado del folk-rock clásico de sus primeros discos y apostando por una producción más ampulosa que al principio me pilló un poco por sorpresa, pero que a la práctica es su disco más redondo. Desafortunadamente no lo logró y ha quedado relegado a esa etiqueta tan simpática de músico de culto, de modo que tenemos que escarbar para llegar a él y a canciones tan inmortales como la estremecedora "You Never Know What You're in For".


7) Genesis - A Trick of the Tail

Tiempos de cambio para una de las bandas más emblemáticas del rock progresivo: su carismático cantante Peter Gabriel se larga, y en su lugar ponen a cantar a su batería, un tal Phil Collins. Nadie daría un duro por ellos en su momento, pero lo cierto es que no solo funcionó sino que consiguieron el mayor éxito de su carrera.
No me enrollaré mucho (ya lo hice en su momento) pero la clave está en dos factores: las canciones siguen siendo muy buenas y la banda apostó por unirse a esa tendencia de aquellos tiempos de tirar el rock progresivo hacia un sonido más amable (¡hola Supertramp!) que tuvo muchísimo éxito.


6) Al Stewart - The Year of the Cat

Es curioso, no he logrado profundizar en serio en la obra de Al Stewart estos años por mucho que adore este álbum, el más mítico de su carrera. Sin poder juzgar si tiene más discos a la altura, sí que diré que The Year of the Cat es una magnífica muestra de pop radiofónico bien hecho, fácil de escuchar pero con canciones sólidas. No creo que haga falta defender el tema homónimo (una de esas canciones que "lo tienen") pero hay mucho más, miren sino "Sand in your Shoes" o "Midas Shadow".
5) Camel - Moonmadness

¿Recuerdan lo que dije de Genesis? Aplíquenlo también a Camel. La banda de Andrew Latimer llegó más tarde que los otros grandes del progresivo, saltándose la época de primeros devaneos y entrando cuando el género estaba en su apogeo y sus excesos. De modo que cuando el progresivo tiró hacia un sonido más light, ellos estaban todavía en pleno crecimiento musical, y además les vino bien porque, siendo honestos, siempre habían sido una banda progresiva que tiraba más hacia sonidos amables.
Moonmadness podría ser perfectamente su mejor obra: entra de maravilla (tiene uno de mis sonidos de teclado favoritos, a modo de detalle a destacar) y canciones como las tres primeras que lo abren te enamoran al instante. No es mi faceta favorita del género, pero cuando está tan bien hecha, ¿qué le voy a reprochar?


4) Relatively Clean Rivers - Relatively Clean Rivers

La rareza de la lista: una de esas bandas underground que hicieron un solo disco rescatadas hoy día gracias a los blogs de rarezas setenteras. No sé muy bien de dónde sale esta joya, solo sé que fue un disco perpetrado por un tal Phil Pearlman, que había estado en otros proyectos que tengo pendientes de investigar, y que en su época no llegó a casi nadie porque se hicieron solo unas copias de este álbum. Bendito internet que lo ha sacado a la luz, porque a mí me encanta: tiene el sonido exacto de rock americano o folk-rock que más me gusta, con un rollo a lo Grateful Dead o Crosby Stills & Nash, y - lo más sorprendente de todo - muy buenos temas. Que una joya así quedara relegado casi a un capricho de una discográfica es algo que no puedo entender.


3) Van Der Graaf Generator - Still Life

Peter Hammill, completamente a su bola, había decidido reformar su banda Van Der Graaf Generator en una fecha tan poco propicia para el progresivo como 1975. E, ignorante de los cambios que se producían en el género, fue lanzando más grandes discos que seguían su estilo personal tan reconocible al mismo tiempo que anunciaban nuevos caminos. Still Life es una muestra de cómo el hombre iba aún sobrado de talento, como demuestra la emotivísima "Pilgrims" que abre el disco, el tema homónimo o la pequeña suite final.
Yo le tengo además un cariño especial por ser el primer disco que oí del que hoy es uno de mis grupos favoritos.


2) Queen - A Day at the Races

Considerado como el hermano menor de A Night at the Opera (1975), en realidad A Day at the Races es un disco que prueba otros derroteros, no tan excesivo y operístico como su predecesor. Y eso no quita que sea una obra maestra, y de hecho uno de los mejores álbums de Queen. Menos vistoso que los discos que le rodean, A Day at the Races es un álbum que, más allá de sus clásicos - la hard-rockera "Tie Your Mother Down" y la gospeliana "Somebody to Love" (la magia de Freddie Mercury es que adoraba a partes similares a Led Zeppelin, Liza Minnelli y, como se ve aquí, Aretha Franklin) - está repleto de clásicos ocultos del grupo esperando ser descubiertos: mi tema favorito de Roger Taylor ("Drowse"), una de las mejores baladas de Freddie ("You Take my Breath Away"), la mejor canción de John Deacon junto a "Spread Your Wings" ("You and I", que no entiendo cómo no es un clásico) y una de mis mayores debilidades, la balada folk de Brian "Long Away".


1) Be-Bop Deluxe - Modern Music

Me permito repetir grupo porque ambos discos de Be-Bop Deluxe merecían salir aquí. Si Sunburst Finish es su pequeño clásico, el que se cita cuando se quiere recordar a la banda de Bill Nelson, Modern Music es su obra maestra absoluta. Un disco que se me resistió durante años y ante el cual he acabado cayendo rendido, donde afinaron más que nunca ese sonido propio tan especial que - mucho me temo - dejaron más de lado en su siguiente y último álbum, donde las composiciones de Nelson están no solo más refinadas que nunca sino impecablemente secuenciadas a lo largo del disco. Sin ir más lejos la cara B es quizá una de mis suites favoritas del rock, una maravilla de principio a fin.
Qué voy a decir, uno de mis álbums favoritos de todos los tiempos.

viernes, 15 de enero de 2016

David Bowie y yo en 10 vídeos

Puede parecer extraño que a uno le afecte tanto la muerte de alguien a quien nunca ha conocido y que, incluso de conocerle, tampoco le caería especialmente bien. Pero lo cierto es que David Bowie lleva formando parte de mi vida desde hace mucho tiempo. Y haciendo memoria me vienen ciertos flashes sueltos a la cabeza relacionados con su música.

- Mi primer contacto fue cuando apenas mostraba interés por la música salvo un par de grupos y di con un pequeño CD que daban con un diario que compraban mis padres. Era una colección algo extraña en que daban CDs con 4 o 5 temas sueltos de artistas tan variopintos como The Mamas & The Papas, James Brown, Marvin Gaye, James Brown, Steve Winwood... o Status Quo. Por entonces yo no lo sabía, pero el de Bowie eran temas de sus inicios que luego quedarían en el olvido, y de hecho no creo que sea muy ortodoxo que uno de los primeros que escuché fuera "The Laughing Gnome". Pero el que abría el CD fue el que me marcó para bien. Era "Space Oddity", en su primera versión con un sonido más demo, y me encantó. Años después conocería la versión estándar, pero ésta ha sido siempre mi predilecta, con ese sonido más casero.


- Los siguientes años empecé a profundizar un poco en el rock y supongo que conocía los temas típicos de Bowie y que me bajé de internet su mítica "Heroes", aunque no estoy seguro. Pero hubo un momento clave, un instante que me convirtió ya definitivamente en un fan suyo y que me marcó tanto que lo recuerdo nítidamente: estar en casa de mis padres, entrar en el comedor, donde tenían puesta una emisora local con un programa de videoclips, y darme de bruces con "Life on Mars?". Fue un shock para mí. Por un lado la belleza de la canción (todavía es mi favorita suya y una de mis predilectas de todos los tiempos), y por el otro la estética del videoclip. Yo no sabía aún qué era el glam ni de qué rollo iba el tal Bowie, todo eso era nuevo para mí. Y de repente me encontraba con ese videoclip artie tan raro: el maquillaje tan extraño, los gestos de Bowie llenando él solo la pantalla sin ningún complemento (nunca había visto un videoclip tan minimalista), el dramatismo del tema... Me quedé impresionadísimo.

Al día siguiente fui al Fnac a por un disco de Bowie. La única condición: que saliera "Life on Mars?". El escogido fue un recopilatorio que abarcaba de 1969 a 1974. Aquí empezó de verdad mi afición a Bowie.


- Otro flash: pedir para mi cumpleaños el Ziggy Stardust y un tío mío mofándose de que quisiera un disco tan antiguo. Estar enganchado tan obsesivamente a la inicial "Five Years" que tardé un poco en entrar en el resto del disco porque solo escuchaba ese tema en bucle (los dos últimos gritos de Bowie me ponían los pelos de punta).



- Recuerdo coger de la biblioteca algunos CDs suyos. Por ejemplo el Heroes, del que había leído en una web que era un disco que se sustentaba en su tema titular y que la cara B eran un montón de piezas instrumentales aburridas. A mí me gustó aunque me sonaba muy raro, y la cara B pese a lo que me temía también me agradó. Lo compraría años después y se convertiría en mi disco favorito suyo.

Recuerdo tambien el Diamond Dogs y que el tema "Sweet Thing" se me quedó grabado en el subconsciente durante mucho tiempo (sobre todo la parte de "Boys, boys, it's a sweet thing..."), hasta que me lo compré años después y recordé esa melodía que tanto me había fascinado.


- Tampoco olvido lo mucho que me impresionó el DVD de Ziggy Stardust y, sobre todo, su interpretación de "Moonage Daydream", que me hizo prestar más atención a Mick Ronson. En esa época en un canal autonómico pusieron el documental "Cracked Actor" y lo grabé. Me empezaba a fascinar la imagen de Bowie más allá de su música.


- No todo es bueno. Me acuerdo también de la decepción que me supuso en las primeras escuchas el Hunky Dory. Fue el segundo suyo que compré y tenía las expectativas por las nubes, ya que contenía mi canción favorita suya y muchos decían que era su mejor obra solo por detrás de Ziggy Stardust.
"Changes" y "Oh You Pretty Things" nunca me gustaron demasiado y tuvo que ser con el tiempo que comenzara a apreciar la genialidad del resto de temas (a día de hoy me sorprende que me pasara inadvertida la increíble belleza de "Quicksand", una de las canciones pop más bonitas que he oído). A cambio, aún recuerdo la fascinación que ejerció en mí el último tema, "The Bewlay Brothers", que me impresionó mucho.


- A cambio, el siguiente que adquirí, Aladdin Sane, me gustó más de lo previsto y siempre fue uno de mis favoritos. Recuerdo flipar con temas que inexplicablemente no estaban en mi recopilatorio, como "Cracked Actor", "Time" y sobre todo "Lady Grinning Soul", que me llevó a pensar que Bowie era muy bueno a la hora de acabar sus discos.


- Extrañamente hay un vacío desde que compré Diamond Dogs y el Heroes en adelante. Me sacó de letargo alguien de un foro en el que solía escribir que compartía parte de mis gustos y que me preguntó por curiosidad qué me parecía el Station to Station (1976). Eso me animó a comprarlo a ciegas aun siendo un disco que no sabía del todo a qué sonaría. El tema inicial me dejó boquiabierto y "TVC 15" fue casi mi canción de aquel año (hoy día es fija en mi podio Bowie). El resto no estaba a la altura pero me gustó y reactivó mi gusanillo Bowie.


- En aquel entonces ya no era inocente en el tema Bowie. Había leído mucho sobre él y sus discos y sabía a qué sonaban. Me habían regalado Low (1977), del que esperaba muchísimo, pero lo reservaba para otro momento. Mis siguientes acercamientos por tanto fueron menos sorpresivos y más conscientes de lo que hacía.
En lugar de estrenar el Low me decanté por el The Man Who Sold the World (1970), que me gustó mucho por mostrarme la faceta más rockera de Bowie. Sus dos primeros temas, y sobre todo "All the Madmen" fueron mis predilectos.


- Y entonces un lunes por la mañana nada más levantarme entré en un foro mientras comía algo para llenar el estómago y lo primero, lo primerísimo que leo para empezar el día y la semana, es que Bowie ha muerto. Hacía tres días que había sacado un álbum. Sabíamos que estaba muy enfermo pero aún así el shock fue brutal.
Esa misma noche tuve que ir a recoger a alguien en el aeropuerto. Y pensé que seguramente era el día apropiado para estrenar el disco suyo hacia el que tenía más expectativas: Low (además que justamente iba a recoger a la persona que me lo regaló). Y mientras sonaba el primer tema pensaba en lo raro que sería un mundo sin Bowie...


jueves, 27 de febrero de 2014

Pequeños grandes detalles de canciones

Hay veces en que lo que le fascina a uno de la canción no es aquello más obvio o aquel gancho obvio introducido por el grupo, sino un detalle, un instante concreto. No me refiero por ejemplo a cosas como el retorno a la melodía principal en el "Starless" de King Crimson, ya que aunque sea sólo un detalle en un tema de más de 10 minutos, es obvio que se trata de uno de los puntos principales de la composición para cerrarla en círculo. Me refiero a detalles teóricamente más discretos. Hay docenas de ejemplos pero éstos son los que he podido sacar hoy.

A veces sucede que de una canción lo que más te gusta es una melodía concreta, no necesariamente la principal o el estribillo. El caso más descarado de esto que me ha sucedido a mí es "Gone Hollywood" de Supertramp, el tema que abre el Breakfast in America que demuestra cómo Rick Davies también podía ser un gran compositor pop. Es una muy buena canción con muchos coros à la Supertramp, pero el momento que me vuelve loco y que es mi favorito absoluto es cuando cantan la melodía de "If we only had time, only had time for you". La melodía surge a mitad de tema de la nada, como un ataque por sorpresa al oyente y me encanta.


"Baby Blue" de Badfinger he creído que también entraría en esta categoría porque lo que me enamoró de la canción fue no la melodía principal o el estribillo sino el puente de "What can I do, what can I say? Except that I want you by my side. How can I show you? Show me a way. Don't you know, the times I tried." Toda la canción es perfecta, pero esta parte en concreto a nivel melódico me parece descomunal, y encima la rematan con ese sencillo y efectivo solo de guitarra.

Lo mismo me sucede con "Loving Cup" de los Rolling Stones. Repito, tanto ésta como la anterior me parecen perfectas en su totalidad, pero lo que me hizo verla con otros ojos es la parte que hay a mitad de canción en que Jagger canta lo de "I feel so humble with you tonight" hasta el final de "What a beautiful buzz". No sé cuantas veces he rebobinado la canción para reescuchar este segmento porque me encanta. Quizá no corresponde a esta lista y en general es el momento favorito de muchos fans, pero como es un tema que no suele mencionarse, he pensado que cabía añadirlo aquí.



Pasando a detalles más pequeños, también debo mencionar "Five Years" de David Bowie. Me pasé un buen tiempo sin poder pasar del primer tema del Ziggy Stardust por culpa de esta canción, que se convirtió en una obsesión para mí, pero sobre todo por un detalle: los dos gritos finales de Bowie. No el clímax final en general (que considero que todos adoraremos y por tanto no entraría en este post) sino la forma como grita "Five years" las dos últimas veces. No sé por qué, me encanta cómo lo hace.

Pasando a Queen, destacaría en una categoría similar un momento de esa genialidad llamada "My Fairy King" de su debut. El momento en que Freddie canta lo de "Mother Mercury, look what they've done to me, I cannot run I cannot hide" y seguidamente Brian entra con su guitarra entonando una melodía atmosférica me parece de esos momentos que tienen una magia descomunal. Ese detalle vale por discos enteros, y lo digo en serio.


A veces incluso uno acaba adorando detalles que objetivamente son errores. Es el caso de un detalle de "I Can Feel" de Mott The Hoople. El motivo por el que la banda suele odiar su segundo disco y, concretamente, este tema es lo mal producido que está (yo no estoy de acuerdo). El detalle que irrita más a Ian Hunter es el hecho de que en todo el tema se oye el chirrido del bombo por haberse grabado mal. Sé que eso es un error pero a mí me gusta mucho cómo queda, quizá porque le aporta un detalle que le hace especial, no sé, pero yo ahora mismo no lo quitaría.

No suele suceder que una letra me llame tan poderosamente la atención que me haga cambiar la percepción de un tema (aunque el año pasado me sucedió con "House with No Door"), pero a veces sucede. "Brown-Eyed Women" ha sido desde que la descubrí una de mis canciones favoritas de Grateful Dead, pero lo que me hizo cogerle un cariño especial son estos versos que siempre me han encantado:

Snowed so hard that the roof caved in.
Delilah Jones went to meet her God,
And the old man never was the same again.

No me pregunten por qué, pero siempre he adorado esta parte (especialmente lo de "And the old man never was the same again" que desprende una melancolía que me encanta), y más cómo queda con la melodía.

Los herederos de Jerry García me han dicho que deje de poner tantos vídeos de esta canción en mi blog, pero no me intimidarán.

Y por último. ¿no les pasa a veces que de una canción lo que más les llama la atención es un instrumento que realmente no es el que más sobresale o en el que uno no debería fijarse? A mí me pasa mucho con las baterías, al sentir cierta debilidad por ese instrumento. Un ejemplo personal para cerrar con el mismo grupo que empecé: "In the court of the Crimson King" de King Crimson. 

sábado, 21 de septiembre de 2013

David Bowie, artista anónimo

David Bowie, aparte de ser uno de los más grandes artistas de la historia del rock es un personaje muy interesante y lleno de contradicciones. En toda su carrera siempre ha basculado entre un tipo de música exitosa que le diera la fama y su querencia hacia ciertos sonidos y grupos más underground. Hacer un disco como Ziggy Stardust en aquella época era una maniobra muy inteligente a nivel comercial (obviamente eso no tiene nada que ver con su calidad), pero el tocar "White Light/White Heat" en todos los conciertos cuando por entonces nadie conocía la Velvet Underground demostraba sus inquietudes artísticas.

Del mismo modo, aún siendo un artista interesado en proyectar su imagen y alcanzar la fama, ha habido un par de ocasiones muy curiosas en que ha hecho el amago de huir de la fama y querer refugiarse en la humildad del anonimato.


La primera tuvo lugar a finales de los 70 con su exilio a Berlín. Como es de sobras conocido, en aquella época Bowie estaba tocando fondo en Los Ángeles debido a su drogadicción y falta de control sobre su situación personal, así que se fue a Berlín un tiempo para cambiar de aires y de paso impregnarse de las influencias de la capital germana para dar uno de los saltos artísticos más apasionantes de su carrera. Consigo se trajo como mascota a Iggy Pop, por entonces un desecho humano que quería rehabilitarse y emprender una carrera en solitario. Bowie le ayudaría en la grabación de sus dos primeros discos, The Idiot y Lust for Life, pero lo que no es tan conocido es que además luego giró con Iggy en el tour que hizo en el 77 como un miembro más de la banda.

Resulta bizarro que el protagonista de los conciertos, Iggy, fuera mucho menos conocido que el que oficialmente era simplemente el teclista y corista de la banda, David Bowie, pero así fue. Imaginen la escena: Iggy desbocado por el escenario y al fondo Bowie aporreando el teclado indiferente sin buscar ningún protagonismo, simplemente como un músico más. Imagino que la razón de ser de esto era la necesidad de Bowie de evadirse un poco del frenético ritmo de vida de estrella que llevó en los últimos 5 años y que casi acaba con él, una forma de volver a  dedicarse a la música sin preocuparse por ser el centro de atención.


Saltemos diez años adelante. Entre medio habían pasado muchas cosas en el universo Bowie. De entrada se encontró en el cambio de década arruinado después de tantos años produciendo éxitos de ventas y tours interminables. Frustrado, con un hijo al que mantener y después de unos últimos discos más experimentales que fueron celebrados por la crítica pero no el público, Bowie decidió mandar todo a la porra y dedicarse a sacar dinero. Ni más ni menos. No se le puede reprochar nada: había triunfado ya con creces y había perdido todo, había demostrado inquietudes artísticas pero esos discos no vendieron bien. ¿Qué hacer ante una situación así? Pues ir a lo fácil: en los 80 Bowie se convirtió en una máquina de hacer dinero. No sólo grabó una serie de discos que se arrimaban descaradamente a los sonidos más de moda de la época sino que se sumergió de pleno en toda la vorágine promocional de la época: videoclips de lujo, continuas entrevistas, tours gigantescos y excesivos en estadios (teniendo de improbable guitarrista en uno de ellos a ¿¿¡¡Peter Frampton!!??), colaboraciones con otros artistas reputados (¿recuerdan el "Dancing in the Streets" con Mick Jagger?), etc. 

Funcionó, en esos años Bowie ganó dinero para el resto de su vida compensando con creces todo lo que había perdido en los 70. A cambio había renunciado a su integridad artística y más adelante llegaría a reconocer avergonzado que no se sentía orgulloso de lo que había hecho en esos años. Para compensarlo, a finales de los 80 tomó una bizarrísima decisión: se le ocurrió formar un grupo de rock llamado Tin Machine en que él sería "un miembro más de la banda". No solo renunciaba al horrible pop de sintetizadores volviendo a sus raíces rock, sino que para purgarse por la comercialidad en que había caído decidía renunciar al protagonismo e intentar esconderse como si no fuera más que "el cantante y guitarrista de Tin Machine". 

Como podéis ver, para que no le reconocieran, Bowie se dejó perilla en aquellos años.

Obviamente a estas alturas no colaba, y habrá quien sospeche que no se trataba más que una de sus muchas maniobras comerciales quizá oliéndose los cambios que estaban a punto de producirse en el mundo del rock. Sea verdad o no, él fue consecuente con su idea y grabó dos discos bajo el nombre de Tin Machine sin usar su nombre en ellos. Aunque los promotores insistían en anunciar los conciertos que la banda daba en pequeños locales como "la nueva banda de David Bowie", éste se empeñaba en que se anunciasen como Tin Machine a secas. El repertorio por otro lado no incluía ningún tema de su carrera anterior a Tin Machine, y sí muchas versiones incluyendo algunas de artistas poco conocidos por entonces a los que ya tenía echado el ojo, como los Pixies (aún por entonces el bastardo estaba muy al tanto de lo que se cocía en el underground).

Obviamente, como ya he dicho, no coló porque la gente se interesaba por Bowie no por la banda, y el propio Bowie no tardaría en recuperar su carrera en solitario. Una de dos, o Bowie picó de ingenuo o fue otra maquiavélica estrategia publicitaria para compensar tantos años entregado al comercialismo más descarado. En todo caso son dos episodios de lo más curiosos dentro de la carrera de Bowie.