El tercer y último disco de Mermaid es un álbum al que le tengo un aprecio muy especial. No solo es un disco que me trae muy buenos recuerdos de una época muy concreta, sino que de hecho es mi álbum favorito editado en España. No es que consuma yo mucho rock español (más concretamente casi nada) pero 17 años después de descubrir Red Led or Death sigo opinando igual pese a que he dado por el camino con otros discos muy buenos editados en la Península.
Una banda como Mermaid me transporta a principios de los 2000s, cuando aún existía un complejo de inferioridad en lo que respecta a la escena rockera hispana en comparación con lo que se producía en el extranjero, cuando la frase "son tan buenos que parecen de fuera" se utilizaba bastante para defender discos de rock hechos aquí (me refiero sobre todo en lo que se refiere a rock clásico y hard-rock setentero, la escena indie hispana no creo que tuviera esa falta de respetabilidad y apoyo de los medios). Hoy día eso ya no es tanto así. Por suerte han ido surgiendo bastantes bandas reseñables en esos estilos y se les está dando una mayor visibilidad gracias a un contexto más favorable para este tipo de grupos underground: que si Spotify, que si Bandcamp, que si Youtube, etc. Con esto no estoy diciendo que hoy día los grupos pequeños tengan más facilidad para triunfar (me da la impresión de que siguen tocando en los mismos baretos y salas de siempre), pero sí que la minoría de gente que seguimos estos estilos los tenemos más presentes y nos hemos acostumbrado a toparnos con cierta frecuencia con discos muy buenos o como mínimo notables de rock/hard-rock clásico que hacen que no haga falta repetir ese axioma de "para ser españoles son realmente muy buenos".
Volvamos a Mermaid. Llegué a ellos a través de un medio que asocio también con esos años y con mi etapa formativa dentro de lo que es el rock, como es la web Riff Fanzine, gracias a la cual descubrí docenas de grupos magníficos. Recuerdo que aparecieron reseñados en una actualización que también incluía a los catalanes Tokyo Sex Destruction y por algún motivo me llamó poderosamente la entusiasta reseña del álbum y lo rastreé. No recuerdo si me costó mucho encontrarlo pero sí que sé que me enganchó al instante y enseguida di el coñazo con él entre mis amigos aficionados al rock, consiguiendo como mínimo dos adeptos más al grupo. Desafortunadamente llegué a este disco de forma algo tardía: cuando me había hecho fan del grupo, éstos se acababan de separar, y no llegué a verles en directo por unos pocos años, lo cual es aún más triste si tenemos en cuenta que sus conciertos tenían fama de ser arrolladores.
La breve carrera de los pamploneses Mermaid es bastante interesante: empezaron como una banda de stoner-rock pero poco a poco fueron cambiando su sonido hasta desembocar en Red Led or Death en un sonido más hard-rock clásico que suena de forma tan natural que parece que llevaran toda su vida tocando en ese estilo. Sus tres componentes, que utilizaban los pseudónimos de Txetxu Brainloster (guitarra y voz), Firehead (bajo y voz) y Leroy S. Starlight (batería), tenían un sonido muy potente deudor de muchas grandes power-trios de los 70 y que a mí me traen a la cabeza a bandas como Grand Funk Railroad o Thin Lizzy entre otras. No creo que hoy día hubieran llegado a triunfar, pero quizá sí que habrían encontrado un contexto más favorable para una aventura musical como ésta.
Cuesta pensar que un disco tan rematadamente bueno esté tan oculto y olvidado. Un álbum que empieza con un pelotazo como "Silver Bullet" (una de las canciones que suelo usar para cargar las pilas cuando voy a correr) definitivamente no debería pasar desapercibido: las melodías son buenas, la banda suena potentísima y además el solo de guitarra de Brainloster es una maravilla. Es el tema más contundente del disco junto a la frenética y casi adrenalítica "Luchador", cuyo estilo encaja muy bien con la letra ("I'm gonna fight, and I'm gonna win!!"). Por otro lado "I Rock" diría que es el tema con más vocación de clásico del álbum con ese ritmo tan infeccioso, y de hecho tuvo hasta un videoclip, que está colgado en Youtube y cuenta con algunos comentarios de Starlight y el director del vídeo:
Un tema aparte por cierto son las absurdas letras del grupo ("I'm a man too respetable, Lauren Bacall is on the wall" o "Are you ready for the party, are you ready for my brain"), pero para mí forman parte del encanto de la banda. Otros de mis temas predilectos del álbum son "Woman Making Machine" con ese segmento instrumental tan molón o "Gravity Goes", que es donde más se nota esa cierta influencia stoner del pasado, pero realmente es - y no estoy exagerando - de esos álbums en que todas las canciones son temazos y cada una tiene algo que la hace especial: las inesperadas trompetas en "Boots Nights", el riff de "The Last Giant" o "Believe My Diamonds Are Forever But Betrayers" con ese inicio más atmosférico hasta estallar en otra gema hard-rockera.
Hacia la mitad del disco encontramos los dos temas más especiales: "Southeaven Girl (Your Smile Is A Wind)" con ese aroma sureño más reposado y, sobre todo, "Forgiven in the Awaken of Sun", la gran gema del álbum, un largo tema instrumental con aires de western dominado por el órgano que al final incluye un inesperado solo de trompeta. Durante mucho tiempo ha sido mi favorita del grupo, y no debe ser cosa mía porque recuerdo tiempo atrás encontrar una versión en Youtube hecha por otra banda.
Pese a que las críticas que recibió el disco fueron unánimemente entusiastas, justo cuando el grupo se preparaba para su cuarto álbum decidieron separarse. Solo se volvieron a juntar el 2006 para un concierto homenaje al por entonces recientemente fallecido Kike Turmix. Desde entonces sus miembros han tenido varios proyectos, de los cuales los que yo he seguido más de cerca son los de Brainloster, que después de Mermaid formaría otra gran banda llamada Green Manalishi. Recuerdo la expectación que sentíamos yo y mis amigos fan del grupo en los años entre el fin de Mermaid y el debut de Green Manalishi. Leí por entonces en el foro de Ipunkrock a un ex-Mermaid (no recuerdo si Firehead o Starlight) comentando que Brainloster ya tenía el disco hecho y que estaba a la espera de poder editarlo, y que era lo mejor que había hecho nunca, lo cual hizo obviamente que nuestras expectativas se incrementaran. El 2005 vio la luz el debut homónimo de Green Manalishi, un magnífico álbum de hard-rock que seguía la senda emprendida en Red Led or Death, al que le seguiría Unknown Force (2007), otra gran obra que se movía por parámetros similares pero que iba poco a poco suavizando cada vez más su sonido. Les vi en directo en las giras de esos dos discos y fueron sendos conciertazos, pero finalmente se acabaron separando. No parece muy viable mantener un grupo sin salir del underground.
A partir de aquí Brainloster sacó un disco en solitario en el que tiraba hacia un sonido más anclado en el pop-rock americano. A lo tonto si uno mira su carrera queda una evolución musical de lo más interesante desde el stoner rock inicial al hard-rock setentero hasta finalmente este sonido más suavizado. Por otro lado Firehead me consta que ha estado también muy activo y que tiene algunos discos en solitario, pero le he seguido menos.
A la hora de hablar de mis discos favoritos de la primera década del siglo XXI siempre solía incluir éste entre mis predilectos, y reescuchándolo hoy día, con más bagaje musical y conociendo bastantes más grandes obras de estas décadas, me alegra poder decir que lo mantengo. En mi mundo personal, un clásico reciente del género.
Cuando empecé a tratar con otros melómanos por internet uno de los muchos misterios que me encontré y no acabé de entender era qué pasaba con Status Quo. Podía entender el odio hacia bandas como Supertramp - a los que por otra parte adoro - pero no hacia lo que yo veía como una banda currante y honesta de hard-rock en el sentido de que no engañaba a nadie ni habían hecho nada especial que mereciera semejante actitud. ¿Indiferencia? De acuerdo. Pero ¿tenerles manía? Y más extraño era aún para mí descubrir cómo bandas jóvenes de hard-rock estilo 70s de medio pelo se llevaban tantas alabanzas.
Se le puede achacar a Status Quo su estilo de boogie rock machacón sin mucha originalidad, y de hecho por lo poco que he tanteado su carrera tengo la impresión de que a partir de cierto punto se han vuelto tan reiterativos como dicta el tópico. Pero los tres discos suyos que conozco a fondo me parecen intachables - Piledriver (1972), Hello! (1973) y On the Level (1975) -, y además tiene pinta de que todavía me quedan aún un par o tres más por descubrir llenos de interés, lo cual hace que no sea tan mal balance poniéndonos en lo peor.
El caso es que su total ausencia en listas de álbums a descubrir y en conversaciones entre los ambientes en que me muevo ha hecho que aunque me agradaba lo que escuchaba de ellos tardé un tanto en ponerme en serio con su carrera. El 2009 hicieron una gira por mi ciudad y me planteé ir a verles, pero aquel era un mal año para mi precaria economía y tuve que dejarlos pasar... una pena.
Ya en pleno 2016 me encuentro que anuncian que van a hacer su última gira en formato eléctrico y la fecha más cercana que tengo a mano es la del 20 de agosto en Tarragona. Aunque me queda algo lejos, no me parece mal plan pasar el día por la zona en pleno verano y luego ver a los Quo, así que me lanzo a por mi entrada (bueno, falso: en un error que podía haber sido terrible estuve convencido de haberla comprado y no fue hasta una semana antes, cuando busqué el mail para imprimirla, que me di cuenta de que no había llegado a hacerlo; por suerte no habían agotado).
No obstante, a mediados de año una mala noticia que agua un poco las expectativas: el co-líder y guitarrista Rick Parfitt sufrió un infarto grave en mitad del tour y tuvo que ser sustituido. A día de hoy la razón de ser de Status Quo es el dúo de guitarrista Parfitt y Francis Rossi, pero mejor esto que nada. Un detalle curioso: en vez de esconder esta ausencia tan importante, en el recinto se anunció por megafonía antes del show a modo de disculpas a la audiencia, y luego a medio concierto Rossi reiteró las disculpas y dijo que Parfitt nos enviaba su amor (¡gracias!). Teniendo en cuenta que buena parte del público no sabe ni quién es Parfitt, fue un detalle por su parte.
Antes de empezar el recital me invadió una cierta nostalgia hacia esta clase de conciertos a los que antes iba tan a menudo: bandas míticas de los 70 en recintos grandes o medianos que me obligaban a hacer cola horas antes para guardar sitio, las carreras por llegar antes a la primera fila, los vaivenes a lo largo del setlist entre los temas clásicos y los del último disco, que uno siempre pone de su parte para aceptarlo pero que acaba en el olvido tras el concierto en el 90% de ocasiones. Si cada vez voy menos a ese tipo de conciertos es sencillamente porque ese tipo de bandas van desapareciendo fruto de la edad o ya no giran por este país. El signo de los tiempos.
Pero no nos pongamos sentimentales, ya que estamos hablando de un concierto de Status Quo. Los setlists de la banda no tienen secreto, de hecho comparando los de giras pasadas parece que lleven 10 años tocando exactamente los mismos temas, pero siendo la primera vez que los veo y (desgraciadamente) casi seguro la última, no voy a quejarme. Abrieron de forma contundente con la pegadiza "Caroline", siguieron con la más normalita "The Wanderer" y continuaron sin frenar con "Paper Plane", uno de mis momentos favoritos de la noche que me hizo exhalar un grito de alegría al oír el inicio.
Rossi se mostró como un frontman muy simpático y comunicativo, haciendo bromas constantemente con el público y moviéndose con soltura por el escenario a sus 70 años. Mi otro favorito de la noche fue el bajista John Edwards, que lleva con ellos 30 años (desde que se fue Alan Lancaster, un miembro bastante importante de su edad de oro), seguido por el multiinstrumentista Andy Bown, músico más longevo de la banda aparte del dúo dinámico (desde 1976, cuando decidieron añadir un teclista), que se centró en los teclados pero también tocaba en otros temas la guitarra o la armónica.
Del tramo central destacar un medley magnífico que empezó con una de las canciones más celebradas de la noche, "What You're Proposing",y la simpática "Gerdundula", un guiño a sus sonidos iniciales más alejados del boogie rock. Aunque el público celebró mucho más la siguiente, uno de sus mayores hits, "In the Army Now", un tema que tiene todo para no gustarme y que, no obstante, no me desagrada (quizá por ser una de las primeras canciones suyas que escuché).
Uno de mis primeros contactos con el grupo fue este CD que daban con un periódico y que incluía cinco temas suyos (¡y ninguno era "Whatever You Want"!). El primero era, en efecto, "In the Army Now".
Y por último, como era de prever, un tramo final destinado a darlo todo antes de despedirse: "Down Down" (imposible no dejarse contagiar por su buen rollo), la inmortal "Whatever You Want" y su mítica versión de "Rockin' all over the World", a los que les siguió un bis con su hit ochentero "Burning Bridges" que sonó menos pachanguero en directo y sus infaltables versiones de Chuck Berry. La única ausencia grave que lamenté es "Big Fat Mama", una de mis canciones favoritísimas suyas y que suelen tocar casi siempre. Lástima...
Un concierto rejuvenedor, de ésos que te transmite buen rollo durante todo el recital y te devuelve la esencia más puramente lúdica del rock 'n' roll. No cometan el error de menospreciar tan a la ligera esa faceta y a bandas como Status Quo.
Caroline
The Wanderer
Paper Plane
Hold You Back
Beginning of the End
What You're Proposing / Down the Dustpipe / Wild Side of Life / Railroad
Cuando empecé a interesarme por el rock de adolescente, la idea que me llegó de Deep Purple era que lo realmente bueno de la banda era la formación del Made in Japan (1972), es decir, el MK II: Ian Gillan (voces), Ritchie Blackmore (guitarra), Jon Lord (teclados), Ian Paice (batería) y Roger Glover (bajo). Sabía que después se hicieron otros discos con otro cantante - e incluso que había otros álbums más misteriosos en su primera época sesentera - que estaban muy bien pero ya no eran lo mismo. Luego supe que en realidad ese otro cantante era una estrella por derecho propio, David Coverdale, y que esa formación incluía además un bajista con suficiente personalidad como era Glenn Hughes. Pero de todos modos creo que el MK III se ha revalorizado mucho en los últimos 10 años, cuando cada vez más gente dice sin tapujos que lo prefiere a la era Gillan, algo que yo en mis inicios jamás había oído decir a nadie.
¡No obstante había más! Una misteriosa formación que fue la última de los 70 en que no estaban... ¡ni Gillan ni Blackmore! Eran los tipos del MK III con otro guitarrista que a mí ni me sonaba remotamente. Dicha formación grabó un disco y después se disolvió la banda. No parecía muy prometedor. De hecho la fama que tenía este último álbum era de ser un cierre algo flojo de lo que venía siendo una gran trayectoria, una despedida pálida de los brillantes Deep Purple clásicos. Pero, de nuevo, el tiempo lo ha revalorizado y en estos años ya es algo habitual hablar con muy buenas palabras de esta breve etapa del grupo. Aprovechando que llevo unas semanas enganchadísimo a estos Deep Purple he decidido dedicar una extensa entrada para reivindicar lo que sería el MK IV.
Adiós Ritchie, adiós
A principios y mediados de los 70, Deep Purple era una de las bandas más populares del mundo. Puede parecer una obviedad, pero al estar hoy día algo de capa caída a veces se tiende a olvidar que en esos años eran absolutamente gigantes. No obstante, las cosas se pusieron feas cuando la formación que consiguió el éxito se fue a tomar por saco: Ian Gillan se fue por no soportar a Blackmore y este último exigió además que echaran a Glover, no por nada, sino porque había entrado con Ian y por tanto debía irse con él (¿?) - en los 90, cuando se volvió a reunir esta formación, optaron por la idea más astuta de dejar que fuera el colgado de Blackmore el que abandonara la banda, y que Ian y Roger se quedaran.
Pese a ello, los nuevos Deep Purple deslumbraron al mundo con ese discazo que es Burn (1974), donde quedaba de manifiesto el talento de sus dos nuevos fichajes: David Coverdale y Glenn Hughes. Todo parecía viento en popa, pero las cosas se complicaron durante la grabación de su siguiente disco, Stormbringer (1974). Porque si bien en Burn ya se notaban influencias funk - cortesía de Hughes y su increíble labor como bajista y vocalista - la tendencia en su nueva obra llegaba a extremos inimaginables solo un año atrás. De repente teníamos a unos Deep Purple con influencia directa de música negra tipo funk o incluso soul.
Aunque contra todo pronóstico el disco funcionaba - a mí me gusta muchísimo sin ser fan de esos géneros - en el seno del grupo no todos estaban conformes con esta nueva dirección. Más concretamente Blackmore se sentía totalmente alienado respecto a este nuevo enfoque, y no se cortó ni un pelo en decir a la prensa que a él no le gustaba ese tipo de música. En paralelo, Lord también admitía que habían tomado un viraje algo extraño y prometía que el nuevo disco sería rockero... ¡bonita forma de promocionar su nuevo trabajo! Resulta extraño que un tipo tan dominante como Blackmore dejara que se le escaparan las riendas del grupo, pero en esos años estaba pasando un mal momento por estar separándose de su mujer y eso le impidió demostrar al resto quién mandaba ahí.
Pronto surgió otro motivo de conflicto cuando Blackmore se empeñó en que la banda debería grabar una versión de un tema llamado "Black Sheep of the Family" de unos tales Quatermass. El resto no parecieron muy interesados en la idea y Blackmore se lo tomó a mal. Durante el tour, el bueno de Ritchie empezó a pensar en grabar un disco en solitario donde incluiría ese tema, y no tardó en acercarse al cantante de la banda que los teloneaba, unos tales Elf donde se encontraba Ronnie James Dio. El resto de Deep Purple no lo sabían, pero Blackmore había dicho a los managers que dejaría el grupo y estaba ultimando con Dio los detalles para formar Rainbow.
Debo confesar que este es uno de los episodios más confusos para mí de la historia de Deep Purple: ¿por qué puñetas Blackmore se emperró de esa forma en grabar en estudio esa versión? Es un buen tema, pero tampoco espectacular y, sobre todo, Deep Purple hacía muchos años que habían decidido no hacer versiones en estudio. Ni siquiera la que por fin hizo con Rainbow me aporta mucha luz, está muy bien pero no es brillante ni aporta algo especialmente nuevo a la canción. También es cierto que Blackmore no es alguien fácil de entender, estamos hablando de un tipo que ha estado 20 años grabando extraños discos medievales con un sombrerito de brujo y que se ha negado a ir a la ceremonia de inclusión de Deep Purple en el Rock 'N' Roll Hall of Fame porque no se había invitado a Joe Lynn Turner, que solo estuvo en un disco de Deep Purple que no gusta a casi nadie... ¡y al que por otro lado el propio Blackmore no ha invitado para la reunificación de Rainbow (grupo en el que Turner realmente destacó)!
Así pues, en 1975 Blackmore, que dos años antes había echado a dos miembros del grupo, ahora abandonaba el barco.
En busca de un nuevo guitarrista
La marcha de uno de los miembros fundadores imprescindibles de la banda dolió mucho a Ian Paice y sobre todo Jon Lord, que decidieron que lo mejor era separar el grupo. Lo que sucedía es que los chicos nuevos, Coverdale y Hughes, estaban deseosos de continuar: mientras que Lord y Paice ya eran estrellas consagradas y con cierto nivel de vida, los otros dos eran aún jóvenes que acababan de saborear por primera vez la maravillosa vida de rockstar... ¿iban a tener que renunciar a ello solo un año después?
Ambos asediaron a Lord y Paice y les convencieron para seguir. A eso hay que sumarle que, como dije antes, Deep Purple eran increíblemente populares, de modo que había muchas presiones de managers y la discográfica para que siguieran adelante: a nadie le interesaba cerrar una marca tan lucrativa. Finalmente Lord y Paice aceptaron, una decisión que luego retrospectivamente dirían que no fue muy acertada, ya que debieron haberlo dejado cuando se fue Blackmore - claro que esto lo afirmaron influenciados por la traumática gira posterior y por el hecho de que el disco que grabaron no se ha empezado a valorar hasta hace poco.
En algún sitio he leído que su primera opción fue... ¡Jeff Beck! De ser así el guitarrista debía estar muy solicitado en esa época: ese mismo año los Stones le estaban tanteando para que ocupara la plaza vacante de solista. Más allá del señor Beck, la banda probó con varios candidatos que no acabaron de funcionar hasta que Coverdale propuso el nombre de Tommy Bolin, a quien conocía sobre todo por su trabajo en un disco de jazz fusion que le gustaba mucho: Spectrum (1973) de Billy Cobham.
Bolin en aquel entonces acababa de dejar James Gang después de grabar el excelente Miami (1974) y estaba planteándose debutar en solitario. Cuando le propusieron entrar en Deep Purple no es que estuviera especialmente emocionado, de hecho casi no conocía la música del grupo salvo los singles, pero acudió a la audición. Empezaron a improvisar y todos notaron al instante que la cosa funcionaba, incluido el reticente Bolin, que luego admitiría que no sabía que estos tipos fueran tan buenos. Se le propuso ipso facto unirse al grupo y, para que no tuviera problemas con sus planes en solitario, se acordó que podría grabar en paralelo sus discos como solista - eso difícilmente podría parecer problemático en Deep Purple, Jon Lord, había pasado de ser el principal miembro del grupo a aceptar sabiamente colocarse a un segundo plano y relegar sus inquietudes musicales (que tiraban más hacia el rock sinfónico y la música clásica que hacia el hard-rock) en discos en solitario que sacaba en paralelo a su frenética actividad con Deep Purple.
Por cierto, hace años se sacó un álbum que incluía algunas de las jams que hizo la banda en esa época llamado Days May Come que tiene una pinta tremenda pero aún no ha llegado a mis manos...
Venga y pruebe a la banda
El único álbum que grabaría este MK IV sería Come Taste the Band (1975). Resulta curioso que, habiéndose marchado Blackmore, el más reticente a ese enfoque tan funk y soul de su anterior obra, la banda no decidiera explorar más libremente ese camino. Al contrario, Lord cumplió su promesa y Come Taste the Band vuelve al sonido rock con toques funk de Burn (1974). Algo denostado históricamente, escuchado hoy día creo que se defiende solo: no hay ni un solo tema que flojee, la guitarra de Bolin se integra perfectamente en la banda y de hecho es un álbum que fluye muy bien. Es de destacar que, lejos de ser un invitado, Bolin coescribe la mayoría de temas aportando su identidad a la banda ("Lady Luck", una de las más pegadizas, de hecho la trajo Bolin pensando que pegaría bien en el disco).
Temas como "Gettin' Tighter", "I Need Love" o "Dealer" (con un puente precioso cantado por Hughes) son la continuación lógica de ese hard-rock con toques funk que hacían antes, aunque con un toque algo menos duro por la ausencia de Blackmore. "This Time Around/Owed to G" empieza con una parte muy calmada que surgió de una improvisación de Lord a la que Hughes le añadió letra, que luego se une con un tema más fusión de Bolin. Y la mejor del disco a mi gusto es la última, "You Keep on Movin'", que viene de los tiempos de Burn. La habían compuesto Hughes y Coverdale, pero cuando se la enseñaron a papá Blackmore éste les dijo que no le gustaba. Una vez el ogro Blackmore se largó, a la pareja les faltó tiempo para colarla en su primer disco sin él, y no es para menos.
En su momento el disco vendió bien (aunque es cierto que el nombre "Deep Purple" ya te garantizaba unas ventas más que respetables) y fue más o menos bien acogido, pero en general se quedó con la fama de ser uno de sus obras más flojas. A día de hoy ha envejecido muy bien y tiene suficiente personalidad como para poder colarlo en nuestro top del grupo sin parecer excéntricos.
Tour de pesadilla y fin del MK IV
Donde empezaron a complicarse seriamente las cosas fue en el tour de promoción del disco. De entrada, Glenn Hughes llevaba un ritmo de vida tan errático que se había vuelto incontrolable. De hecho en el primer tema del disco, "Comin' Home" tuvo que tocar Bolin las partes de bajo al estar Hughes ilocalizable. Antes de iniciar el tour la banda le puso un ultimátum: o frenaba sus excesos o le echarían del grupo. Hughes prometió controlarse, pero olvidó cumplir lo pactado tan pronto empezó la gira.
Bolin era otra bomba de relojería. De entrada al empezar los ensayos se sintió muy frustrado cuando le pidieron que tocara los temas viejos de Deep Purple igual que hacía Blackmore, negándole la posibilidad de interpretarlos a su forma. Eso a un músico inquieto y fan de las jams como Bolin le resultó frustrante, pero acabó aceptando. No obstante lo peor es que sus problemas con las drogas eran similares a los del bajista, de modo que enseguida se vio que en la gira había dos facciones: Hughes y Bolin absolutamente pasados de vueltas e impredecibles, y el resto intentando mantener el control de la situación. No era un panorama muy agradable.
Aparentemente las primeras fechas del tour en Oceanía, donde Bolin era muy popular, fueron las mejores, manteniendo alto el listón de Deep Purple como banda imbatible en directo. El setlist apostaba muy claramente por el nuevo disco, dejando del MK III sólo los dos temas homónimos de sus respectivos discos y con tres temas de la era MK II sacados de Machine Head: "Smoke on the Water", "Lazy" (el vehículo de lucimiento para Lord y Paice) y "Highway Star". También solían hacer algún tema del disco en solitario de Bolin.
Por desgracia el breve paso por Indonesia fue una experiencia terrible. En Yakarta la llegada de Deep Purple fue recibida con una euforia desorbitada, hasta el punto de que las calles se colapsaron. Para frenar la multitud se puso a disposición del grupo... el ejército. Una vez ahí se les hizo saber que tendrían que tocar dos fechas en vez de una, y que no sería para 20.000 personas como estaba estipulado, sino unas 90.000. Malas vibraciones. Durante el concierto, la banda se temía lo peor: la multitud estaba apelotonada como podía y había en el foso docenas de miembros del ejército armados y con perros, pero aquella noche no sucedió nada sobre el escenario.
El drama se produjo en el hotel después del concierto, cuando dos miembros del personal de seguridad tuvieron una pelea en la habitación de Hughes y uno de éstos se fue. A la mañana siguiente vino la policía a detener a Glenn Hughes y a los otros dos miembros del personal que habían estado en la habitación: el guardaespaldas que había dejado la habitación había muerto cayendo por el hueco del ascensor y se acusaba a los otros tres de asesinato. Los tres fueron enviados a la cárcel e interrogados. Cuando se hizo la hora del segundo concierto, dejaron salir a Hughes bajo escolta para que actuara. Durante ese show sí hubo incidentes entre el público y el ejército (miembros de la banda dicen que se oía a gente gritando porque les atacaban los perros y los soldados), de modo que la banda hizo un set más corto de lo normal para escapar de ahí.
De vuelta a la comisaría las prostitutas que habían estado en la habitación del bajista aparecieron repentinamente para declarar en favor de los detenidos y se les soltó. La banda escapó como pudo del país sin ver ni un céntimo de las ganancias del concierto. Hughes y el resto están convencidos de que lo que sucedió no fue un accidente: el guardaespaldas que perdió la vida no estaba ebrio cuando salió del cuarto y la forma como se sucedieron los hechos da a pensar que estaba planificado expresamente para tenderles una trampa y evitar pagarles.
Traumatizados por todo lo sucedido, llegan a Japón donde les esperaban más problemas. Tommy Bolin, que no encontró heroína de calidad en Yakarta, se había inyectado una dosis que le había regalado una prostituta y el material estaba en tan mal estado que casi tuvo una sobredosis. Cuando se recuperó tenía el brazo paralizado, lo cual suele ser un inconveniente cuando eres un guitarrista. Se hizo lo que pudo para reanimárselo utilizando masajistas y aunque recuperó algo de movilidad para los conciertos, apenas podía tocar gran cosa.
¿Quieren saber lo mejor? Precisamente eso sucedió en los conciertos que iban a grabarse en vídeo y audio de la gira. En consecuencia durante mucho tiempo el único testimonio que tenemos del MK IV en vivo es el mediocre Last Concert in Japan (1977), el concierto en que Tommy Bolin casi no podía tocar la guitarra. En mi opinión éste es uno de los factores que han contribuido a que el MK IV estuviera denostado tanto tiempo. Uno escucha el desastre de solo de guitarra de "Highway Star" y se pregunta cómo pudieron editar eso (supongo que a la discográfica le daba igual la calidad y que el poner la palabra "Japan" en el título sería un aliciente para los fans).
He aquí una pequeña muestra, fíjense como el show se inicia con "Burn" pero con la particularidad de que el riff inicial lo toca Lord a los teclados y no Bolin. De hecho, es Lord quien salva mínimamente el show, y por sacar algo bueno de este artefacto diremos que nos confirma lo enorme músico que era el teclista y cómo podría haber sobresalido más si hubiera querido, pero en su lugar prefirió mantenerse en un modesto segundo plano... salvo cuando el guitarrista no podía tocar.
Después de estos dos incidentes, la gira americana fue sumamente irregular. Se combinaban shows excelentes con otros muy flojos (ya fuera porque esa noche Bolin y/o Hughes estuvieran muy pasados o porque sencillamente no funcionaba la cosa). Teniendo en cuenta que la gran baza de Deep Purple fueron siempre sus históricos conciertos, Lord y Paice comenzaron a sentirse decepcionados, ya que no podían aceptar dar shows que bajaran del sobresaliente. El setlist del tour fue cambiando, rotando prácticamente todos los temas del Come Taste the Band, lo cual lejos de ser una buena señal, en un grupo de setlists fijos como Purple era un síntoma de inseguridad (igual que les pasaría a Queen en su primera crisis musical).
Si esto fuera poco, las declaraciones de la banda a la prensa no eran muy halagüeñas por entonces. Hughes afirmaba que a él lo que le gustaba era la música negra, no el hard-rock al que se estaba dedicando, y Coverdale ya anunciaba que haría un disco en solitario donde podría ser él mismo y no verse obligado a hacer el papel de cantante de Deep Purple. Bolin, cuyo debut en solitario había sido un gran éxito de ventas, seguramente se preguntaba cuándo podría dedicarse de nuevo a su música.
Por suerte, con el tiempo se editaría un directo de esa parte de la gira que por fin haría justicia a las noches buenas del quinteto: On the Wings of a Russian Foxbat, un documento imprescindible para fans del grupo que demuestra que, en otras circunstancias, podrían haberse mantenido como una formación imbatible. No fue así, cuando llegaron a Reino Unido la desidia se había apoderado del grupo y después de un concierto vergonzosamente flojísimo en Liverpool - el último planeado de la gira - Coverdale dijo furioso al acabar que lo dejaba, una decisión que en realidad ya debían haber tomado Lord y Paice tiempo atrás una vez que hubieran cumplido todos sus compromisos. En ese aspecto fue una ruptura fácil: nadie quería seguir adelante.
Tras la separación, Paice y Lord montaron un grupo, Paice Ashton Lord, que solo duró un disco (que por cierto tengo mucha curiosidad por escuchar). Bolin pudo centrarse en su carrera en solitario grabando un exitoso segundo álbum, pero sus excesos le cobraron factura: murió de sobredosis en mitad de un tour al año siguiente. Hughes editó un disco en solitario y ha sobrevivido hasta nuestros días de milagro con una trayectoria algo errática teniendo en cuenta su talento. Coverdale como sabemos fue el que salió mejor parado. Quizá no sea tan talentoso como Hughes pero supo encauzar bien su talento con Whitesnake, donde por cierto llegó a reclutar a sus ex-compañeros Paice y Lord en alguna formación.
Diez años después, la formación del MK II volvió a reunirse con el celebrado Perfect Strangers (1985). La continuidad que tuvo esta nueva versión del grupo a lo largo de los años contribuyó a hacer caer en el olvido ese último episodio de los Deep Purple clásicos (eso sumado a que Gillan ha sido, salvo una espantada, un miembro estable desde entonces y el cantante no quiere ni oír hablar de esos Purple "que imitaban a Stevie Wonder"). Una pena que esta última formación que hizo música tan buena y, sobre todo, llegara a adquirir personalidad propia, se quedara en un curioso episodio suelto. La historia del rock tiene docenas de momentos semiocultos por descubrir, como afortunadamente se ha ido haciendo en estos años con el MK IV.
Cuando uno ya ha pasado por los discos clásicos e imprescindibles de un grupo resulta bastante curioso enfrentarse a sus obras menores. Ya hemos visto a la banda en sus mejores momentos, ahora toca verles en una situación de debilidad, y eso es lo que sucede con el último disco del MK II de Deep Purple: Who Do We Think We Are? (1973), un álbum del que había oído hablar tan poco y de forma tan tibia que no esperaba gran cosa. Y desde luego las circunstancias en que se grabó no hacían presagiar mucho.
Who Do We Think We Are? es el clásico producto de una situación insostenible: una banda agotada después de años de frenética actividad y con tensiones insostenibles entre sus miembros, más concretamente entre el cantante Ian Gillan y el guitarrista Ritchie Blackmore. En realidad parece ser que su relación ya se resentía desde 1971 por el clásico problemas de egos: Ritchie, como bien sabemos, no es un tipo fácil, y Gillan acaparaba demasiado protagonismo. La relación entre ambos acabó siendo cada vez peor, pero afortunadamente nada de eso se notó en sus excelentes conciertos presentando Machine Head (1972) - incluyendo el Made in Japan (1972).
Muchos grandes discos se han grabado en una situación de tensión, pero a eso hay que sumarle que la banda llevaba un ritmo de trabajo agotador. Mientras estaban de tour ya habían reservado los estudios para grabar su siguiente álbum (el cuarto en apenas tres años), pero como tuvieron que cancelar algunos shows por enfermedad, los programaron al final y eso provocó que apenas hubiera tiempo de descanso entre el tour y la grabación del disco. En conclusión, cuando llegaron a Roma no tenían material ni ganas de ponerse a ello. Según Gillan, si sus managers les hubieran permitido tomarse un tiempo de vacaciones, el MK II habría durado más tiempo. Quién sabe, en todo caso ese contexto aceleró las cosas.
De estas primeras sesiones solo salieron dos temas. El primero es el gran clásico del disco, "Woman from Tokyo", un tema de rock 'n' roll sencillo y pegadizo con un buen riff de guitarra y una letra que iba sobre el primer tour en Japón que iban a empezar en breve y que se inmortalizaría en su directo más famoso. La otras es "Painted Horse", con un tono más blues y Gillan a la armónica. Se descartó por las típicas peleas entre guitarrista y cantante: Ritchie dijo que había que grabar otra toma vocal, Ian se negó y en conclusión Ritchie dijo que entonces se iba fuera del disco. No estaba Blackmore para tonterías.
Mientras tanto, la banda tampoco se ponía de acuerdo con la dirección a tomar. Ian quería desesperadamente cambiar de estilo y tirar hacia influencias progresivas, en la línea de Fireball (1971), algo que a Blackmore - y seguramente al resto - no les interesaba. Y Blackmore por su cuenta se guardaba sus mejores composiciones para un proyecto que tenía entre manos, Baby Face (donde pensaba contar con ¡Phil Lynnott y Paul Rodgers! - al que pensaba traerse al batería de Deep Purple, Ian Paice). No era un ambiente muy prometedor.
Finalmente, tras otra tortuosa sesión consiguieron sacar algunos temas más hasta que les dio para la duración mínima 34 minutos escasos. En general el disco no aguanta comparaciones con los predecesores, pero a cambio mantiene un buen nivel medio, sin grandes picos pero tampoco ningún tema que sobre: buenos temas rockeros como"Mary Long" (como curiosidad, el único que tocaron en vivo en aquella época), "Rat Bat Blue" sostenida por un marcado ritmo de batería de Ian Paice o "Smooth Dancer" que criticaba la situación de la banda. "Place in Line" por otro lado es un blues que rompe un poco el estilo del disco y que es quizá la más floja del mismo, pero a cambio viene seguida por la mejor composición de todo el álbum: "Our Lady", con un gran trabajo de Jon Lord a los teclados.
¿Qué pasó después de este difícil parto? Ian Gillan se dio cuenta de que no podían aguantar más tiempo juntos él y Ritchie, así que comunicó a los managers que se largaba. Estos le pidieron que siguiera para unos últimos conciertos que quedaban y aceptó. Dichos shows fueron de una tensión aún más insoportable, ya que el resto de la banda sabían que Gillan no tardaría en irse y el cantante optó por viajar aparte (por otro lado, en toda la gira apenas se dirigieron nunca la palabra él y Ritchie). Para intentar que la banda no se desmoronara, los managers convencieron a Ritchie de que dejara ese proyecto aparte y que siguiera en el grupo. Este aceptó solo si se iba el bajista Roger Glover, condición que todos aceptaron. En consecuencia Glover empezó a notar que el resto le hacía el vacío también a él durante el tour... desde luego, debieron ser unos días llenos de felicidad en el seno de Deep Purple.
De todo eso ha quedado un disco sin duda menor pero bastante decente que a mí al menos me resulta más agradable e interesante de escuchar que cualquiera que hayan hecho después de los 70s. En su edad de oro, el MK II de Deep Purple era tan bueno que sencillamente no sabían sacar un mal disco.
Estas semanas por algún motivo me ha dado sobre todo por escuchar discos en vivo, algunos viejos conocidos, y otros nuevos. Más concretamente éstos:
The Allman Brothers - Wipe the Windows, Check the Oil, Dollar Gas (1976)
Éste es uno de esos discos de los que no sabía que esperar porque no tiene excesiva buena fama, de hecho muchos prefieren algunos directos de los 90 o 00 con Warren Haynes y/o Derek Trucks, pero como yo no simpatizo mucho con esos Allman (no por cuestionar a Haynes o Trucks, simplemente no trago el sonido de discos de rock estilo clásico grabados en los 90 y 00) me dije que un directo de los Allman Brothers de los 70 con Dickey Betts centrado en la gira de Brothers and Sisters (1973) no puede ser malo. Y no me equivocaba, que no les engañen: es un muy buen disco.
El problema tiene nombre y apellidos: Live at Fillmore East (1970) - el cual por cierto he vuelto a rescatar, pero ahora soy incapaz de escucharlo en su edición clásica, sin su "Mountain Jam", los temas del debut y ese magnífico blues del final cantado por Elvin Bishop. A su lado queda empequeñecido. Y mucho. Pero, a ver, ¿y qué directo no? Dejando de lado comparaciones, este álbum es un muy buen directo, muy disfrutable y con momentos geniales. Por ejemplo, "Ramblin Man" en su parte cantada no es tan chula como desearía pero a cambio luego Betts se marca un solo de guitarra impresionante. Y además la selección de temas es muy acertada, evitando pisarse con el mítico Fillmore salvo "In Memory of Elizabeth Reed".
En definitiva, sí. Y creo que ni está editado en CD, una pena...
Beck, Bogert & Appice - Live in Japan (1973)
Ya deben conocer la historia, pero por si acaso ahí va: Jeff Beck planeó a principios de los 70 montar un supergrupo con Rod Stewart, el bajista Tim Bogert y el batería Carmine Appice, pero un accidente le tuvo inhabilitado un tiempo, durante el cual Rod formó los Faces y Bogert y Appice se fueron para Cactus. Beck mientras tanto formó una nueva banda buenísima e infravalorada. Pero una vez Cactus y el segundo Jeff Beck Group se separaron, por fin formaron ese grupo que habían pospuesto (Rod, obviamente, ya se daba por perdido habiéndose convertido en una estrella por derecho propio).
Esta formación, la última en que Beck explotó su faceta más hard-rockera, duró solo un disco y nos dejó este grandioso directo, que nos muestra lo que era un power trio en directo. Se centran en el álbum que habían sacado, lógicamente, y rescatan algunas versiones de discos anteriores de Jeff como el "Down Down" o "Morning Dew".
Tampoco está editado en CD que yo sepa.
Neil Young & Crazy Horse - Live at Fillmore East 1970 (2006)
Bueno, qué les voy a decir de este artefacto. El testimonio de cómo se la gastaban en vivo los Crazy Horse de Danny Whitten, con versiones apabullantes de Everybody Knows This Is Nowherre (1969). Me lo compré en Dublín el día después de ver a Neil con Crazy Horse, me pareció un bonito recuerdo relacionado con el concierto. En fin, imprescindible.
Ten Years After - Recorded Live (1973)
El gran directo clásico de una de las mejores bandas en vivo que conozco. Hoy día palidece al lado del gigantesco Live at Fillmore East 1970 (vivir en Nueva York en esos años con dinero para ir al Fillmore cada semana debía ser un sueño hecho realidad para todo fan del rock), pero en su momento como testimonio de cómo se las gastaban en vivo Alvin Lee y compañía debía ser alucinante. Y aun así, oyéndolo yo ahora después del directo insuperable del Fillmore, sigue siendo un disco enorme e imprescindible.
Un pro y un contra. Pro: la edición en CD tiene de Bonus algunas improvisaciones magníficas y algunos temas que no estaban antes como un "Standing at the Station" colosal. Contra: ¿cómo demonios no hay ningún tema de su mejor disco, Cricklewood Green (1970)? A cambio, el directo de Fillmore lo representa por completo.
Led Zeppelin - BBC Sessions (1997)
Hoy día confieso que rescato poco, muy poco, a Led Zeppelin, pero se me antojó este directo hace poco que sabía que me encantaría, y no sé decir directamente si es mi favorito de ellos. Sobre todo el disco 1, retratando su faceta más bluesera de los inicios, es impresionante, e incluye algún tema muy bueno nunca grabado en estudio.
Grateful Dead - Live London 5/23/72
Aunque no sean fans, si conocen mínimamente a los Grateful Dead, sabrán de qué rollo va esto. Últimamente se me antojaba oír su época en vivo de la gira del Europe 72 (1972) y decidí tantear algún bootleg de ese tour para no volver a recurrir al mismo disco, aprovechando que los Dead han editado todos los conciertos de esa gira. Me decanté por éste porque me encanta como pasan del brutal y oscuro "Dark Star" a la melancólica "Morning Dew", que siempre les queda increíble.
Crosby Stills Nash & Young - Live 1974 (2014)
Y éste lo estoy oyendo ahora por primera vez, un triple directo de una de mis bandas favoritas. Citando el título que le quería poner Crosby al álbum: what could possibly go wrong?
Caress of Steel fue literalmente el disco que casi acabó con la carrera de Rush, lo cual es una frase muy poco prometedora para iniciar la reseña de un álbum.
El trío canadiense contaba en aquella época con dos discos de estudio, Rush (1974) y Fly By Night (1975), que se vendieron bastante bien y les dieron cierta reputación. En ambos practicaban un hard-rock setentero muy potente con claras influencias de Led Zeppelin en que destacaba sobre todo su potencial como músicos, y es que instrumentalmente Rush siempre han sido sencillamente estratosféricos.
Sin embargo, nuestros amigos no aspiraban a ser simplemente una versión canadiense de Led Zeppelin. De hecho uno de los motivos por los que su primer batería abandonó la banda era la disparidad de opiniones musicales: el bajista Geddy Lee y el guitarrista Alex Lifeson por entonces ya estaban muy interesados en la música de bandas como Yes y Genesis, algo en lo que no concordaban con su batería. Así pues, éste dejó amistosamente el grupo y en su lugar entró Neil Peart aka uno de los mejores baterías de la historia del rock, cuya apabullante técnica les permitiría ampliar sus horizontes musicales sin limitaciones.
Después de esos dos primeros discos, Rush sorprendieron sacando repentinamente Caress of Steel, un álbum que contaba con una larga suite que ocupaba toda una cara del vinilo y otro tema que ocupaba la mitad de la cara A. El disco se vendió fatal, y por una vez no puedo dejar de ponerme un poco de parte de los que les dieron la espalda. Hoy en día ya sabemos qué vino después y cada vez que escuchamos un álbum de Rush lo hacemos desde la perspectiva de estar oyendo el disco de una banda legendaria. Pero en 1975 Rush no eran más que un muy buen grupo de hard-rock que de repente se pasaron de listos queriendo sumarse a la moda del rock progresivo. Y es que, debo decirlo, los temas largos de Caress of Steel suenan a prog-rock hecho por amateurs. No son malos porque musicalmente las melodías y la ejecución está muy bien pero, en lo que respecta al tema de 20 minutos, como suite progresiva es totalmente fallida.
"The Fountain of Lamneth", que es como se llama, es un ejemplo de manual de una banda inexperta intentando hacer un gran tema de rock progresivo, o dicho otra forma, de prog-rock amateur. El tema se salva porque musicalmente es bueno, pero como composición deja mucho que desear en global. El problema es que sus diferentes segmentos están fatal unidos y no hay ninguna fluidez ni continuidad, parece un corta-pega hecho de cualquier forma. A mí me irrita especialmente el solo de batería de Neil Peart, no por el solo de batería en sí (a mí no suelen molestarme si están bien hechos e integrados en la composición), sino porque no pega ni con cola en su posición. Aparece repentinamente después de la primera parte del tema y rompe por completo el ritmo - valga la redundancia - y el estilo de la canción. De hecho, los diferentes segmentos están separados por silencios, lo cual enfatiza la sensación de poca fluidez.
No obstante, aunque suene contradictorio, es un tema disfrutable, ya que la música en sí misma es buena, simplemente fracasa como composición global. La primera vez que la escuché recuerdo que me decepcionó tanto que la paré a la mitad y dudé sobre si valdría la pena ese álbum, pero con el tiempo le cogí el punto.
Caress of Steel ofrece en definitiva un sonido de power trio adaptado a canciones que aspiran a ser puro prog-rock. Quizá lo ideal habría sido que la banda hubiera hecho ese paso poco a poco en lugar de lanzarse ya a un tema de 20 minutos sin experiencia previa. Pero, qué queréis, eran jóvenes llenos de ambición y el paso del tiempo les ha dado la razón, del mismo modo que ha reivindicado este disco. Es cierto que aquí practican un prog-rock aún poco depurado, pero tiene un encanto especial oír canciones de ese género sin protagonismo de teclados, como si un power trio hubiera decidido de repente imitar a Yes o Genesis (que es en realidad lo que sucedió).
El gran atractivo del álbum es que, a juzgar por lo que he oído de ellos y por lo que he leído comentar a expertos en el grupo, se trata de uno de los discos de Rush donde más destaca Alex Lifeson. Curiosamente, este grupo representa uno de esos pocos casos en que el miembro que menos destaca es el guitarrista, no porque no sea bueno ni tenga momentos de lucimiento, sino por la enorme competencia que tiene: Neil Peart, un batería virtuoso, un prodigio de técnica; y Geddy Lee, un bajista excelente siguiendo la tradición de los power trios que además tiene un timbre de voz imposible de olvidar ("Mickey Mouse en helio" según un crítico de la época) y, por si eso fuera poco, con el tiempo acaparó más protagonismo con los teclados y sintetizadores. Los tres miembros de Rush siempre han sido piezas fundamentales e insustituibles, pero Caress of Steel es uno de los álbums del grupo donde más llama la atención la guitarra.
Pasando al resto de temas, "Bastille Day" es un temazo infalible de hard-rock en la línea de sus discos anteriores, al igual que la siguiente "I Think I'm Going Bald", la más floja del disco pero con una letra bastante cachonda.
Las dos siguientes son de momento mis favoritas. "Lakeside Park" es un medio tiempo con un sonido muy atractivo y una buena melodía, mientras que "The Necromancer" es su otro experimento con temas progresivos. Bastante menos ambicioso (12 minutos) también flaquea en su construcción, pero sale mejor parado que el desgarbado tema de 20 minutos y cuenta con algunos solos de guitarra maravillosos.
Como dije, el álbum fue un sonoro fracaso de ventas que enfureció a la discográfica. Ésta pidió a la banda que volviera al sonido simple de antes y que compusieran temas más radiables. Su respuesta fue bastante clara: 2112, un disco que se iniciaba con una composición de 20 minutos sobre una sociedad futurista.
Según han dicho ellos mismos, al llegar a ese punto se plantearon qué hacer y decidieron jugársela del todo, preferían ser fieles a sí mismos y seguir el camino musical que a ellos les interesaba aunque fuera a costa de su carrera. 2112 fue una arriesgada apuesta que sabían que podría ser su fin, pero estaban dispuestos a asumir eso antes que transigir a las exigencias de la discográfica. Cuántos casos debe haber en la historia del rock de bandas en una situación similar que decidieron hacer lo mismo que Rush, acabando así con su carrera. Rush fue uno de los pocos casos en que ganaron la apuesta, ya que el disco fue un éxito de ventas que les catapultó al estrellato, donde se han mantenido desde entonces. Pero, no hay que olvidarlo, fue una (afortunada) excepción.