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sábado, 10 de abril de 2021

Ron "Pigpen" McKernan

Viendo el excelente documental Long Strange Trip (2017) que narra la historia de Grateful Dead en 6 episodios me he acordado de un miembro muy injustamente olvidado de los que pasaron por la banda, el cantante y teclista Ron "Pigpen" McKernan, y se me ha ocurrido hacerle un pequeño homenaje.

Puede que no lo sepan, pero Pigpen es el miembro más desconocido del ilustre club de los 27 junto a otro bluesmen como Alan Wilson de Canned Heat, pero su muerte pasó más inadvertida salvo entre los miembros del grupo. Y puede que tampoco sepan que, por extraño que parezca, en los inicios del grupo Pigpen era la cabeza más visible de la banda (no diremos "líder") hasta que progresivamente el cantante y guitarrista Jerry Garcia fue volviéndose el rostro por excelencia de Grateful Dead (a su pesar me atrevería a decir). En realidad tenía sentido, puesto que los Grateful Dead nacieron a mediados de los 60 como un proyecto de Pigpen y Garcia y su idea inicial era básicamente hacer blues-rock, y de todos los miembros del grupo Pigpen era el bluesman por excelencia. Llevaba mamando esa música desde pequeño y la interpretaba como si fuera una parte intrínseca de él mismo.

El problema de Pigpen es que el grupo fue tirando hacia la psicodelia y otros sonidos más experimentales donde él no encajaba tanto. En concreto cuando todos empezaron a experimentar con drogas como el LSD, Pigpen quedó algo de lado porque no le interesaban ese tipo de drogas, lo suyo era el alcohol. Eso ya de entrada fue un importante handicap para él, puesto que la base de muchas de las famosas improvisaciones de los Dead se basaban - al menos en sus inicios - en esa experiencia conjunta que suponía consumir ácido y dejarse llevar todos juntos, una experiencia en que Pigpen quedaba algo de lado si no se unía a la euforia psicodélica.

El segundo gran problema llegó cuando el grupo fue adentrándose en música cada vez más compleja y él y el guitarrista rítmico Bob Weir se quedaron atrás respecto al resto. Tal es así que en cierto momento a finales de los 60 el resto despidió informalmente (nunca se hacía nada formalmente en los Grateful Dead) a Bob y Pigpen porque estaban "entorpeciendo" los avances musicales del resto, que iban adentrándose en caminos cada vez más complejos y sinuosos. La historia tuvo un final feliz cuando Bob simplemente siguió yendo a los ensayos pese a estar en teoría fuera de la banda y el resto los readmitió porque no querían echar del grupo a dos colegas. Lo que sucede es que si bien Bob consiguió acoplarse al nivel musical del resto (a principios de los 70 dio un salto brutal como guitarrista rítmico, en gran parte porque se pasó mucho tiempo escuchando discos de jazz y aprendiendo de ahí los patrones que le ayudarían a improvisar con su guitarra), Pigpen en cambio se quedó siempre atrás. Y cuando con el cambio de década la banda fichó al teclista Keith Godchaux (que, con su formación clásica tenía mucha más versatilidad que Pigpen), su puesto quedó en un lugar dramáticamente secundario. En los Dead de los 70 el característico órgano de Pigpen quedaba prácticamente olvidado y era reemplazado por el piano de Keith. Así mismo la faceta blues que aportaba Pigpen cada vez quedaba más en un segundo plano.

La gira del Europe 72 (1972) fue el último momento destacable de Pigpen en el grupo, pero ya por entonces su alcoholismo hacía que fuera demasiado errático como para contar con él en la banda (un pequeño apunte: entre los consumidores de drogas psicodélicas no se tenía mucha tolerancia a los alcohólicos, eran muy mal vistos, no era cool emborracharse del mismo modo que sí lo era colocarse y "viajar"). En el documental un roadie comenta que le hicieron compartir cuarto con Pigpen porque nadie más quería, y por las noches le enseñaba a tocar blues.

En 1973 la banda estaba ensayando ya sin él, puesto que se encontraba muy enfermo. Éste estaba intentando dejar el alcohol e incluso pensaba en un disco en solitario, y Garcia había pedido que se le buscara el mejor tratamiento posible, pero para entonces ya era demasiado tarde. Su último encuentro con la banda fue muy triste: Pigpen fue con un fotógrafo a un ensayo del grupo para hacerse unas fotos con ellos, pero éstos se encontraban enfrascados en la música y les molestó la interrupción, así que le despacharon rápidamente. Pocos días después moriría solo en su casa de una hemorragia gastrointestinal.

Cuando uno lee comentarios sobre gente ya fallecida suele encontrarse comentarios contradictorios al respecto, ya que las personas somos complejas y tenemos varias facetas diferentes, es algo que comprobé hace poco en la biografía que leí de Janis Joplin (quien por cierto era muy amiga de Pigpen y también había muerto a los 27 en gran parte por su afición al alcohol). Pero curiosamente con Pigpen no sucede: todos los comentarios sobre él coinciden en que era alguien que imponía mucho por su aspecto (era un tipo más bien grande y de mirada seria) pero que era un absoluto buenazo y, sobre todo, alguien de una extrema sensibilidad.

Creo que algo que ha jugado en su contra a la hora de recordarle es que sus mejores momentos en vivo no le hacen justicia escuchados en disco. Quiero decir, cuando uno oye las jams de "Dark Star" o "Playing in the Band" se disfrutan perfectamente escuchadas en casa, sin haber estado en el concierto. Pero las jams que dirigía/cantaba Pigpen como las versiones extendidas de "Turn on your Lovelight" o "Good Lovin" siempre me han parecido demasiado "verbales". Eso tiene una explicación: Pigpen era el miembro del grupo que mejor sabía manejar a la audiencia, cuando cantaba sus temas siempre conseguía que todo el público se levantara y bailara, y en esas versiones extendidas de esos temas está hablando todo el rato porque está interpelando a la audiencia. Eso, vivido en un concierto, sería genial (los que vieron a Pigpen en su esplendor coinciden en que era todo un espectáculo verle manejar al público), pero escuchado en la frialdad de casa pierde el efecto, y eso quizá contribuye a que no le hagamos tanta justicia como merece. No obstante, sus versiones de blues ("Good Morning Little Schoolgirl", "Big Boss Man") son excelentes, y de entre sus pocas composiciones propias - en los inicios del grupo en realidad casi componía únicamente Garcia, así que en ese aspecto Pigpen iba a la par que el resto - mi favorita es seguramente ésta que nunca llegó a grabar en estudio y que creo que despliega muy bien su sensibilidad:


En el documental antes mencionado hay un momento curioso en que John Barrow (uno de los dos letristas del grupo) acude a la tumba de Pigpen y comenta lo absurdo que es que muchos fans hayan dejado en señal de reconocimiento púas de guitarra. ¿Qué sentido tiene cuando Pigpen era teclista? Este pequeño detalle creo que encaja muy bien con la figura de alguien que creo que fue un incomprendido, un músico muy sensible que quizá no estaba en la banda adecuada.

Hubo un momento a finales de los 60 en que los Grateful Dead se convirtieron en algo tan grande y con vida propia que ni los propios músicos podían controlarlo, pero así como el resto de la banda supo acomodarse a ello, Pigpen se quedó atrás. Al resto también les acabaría sucediendo en cierta forma (a finales de su carrera Garcia acabó harto de tocar en estadios y prefería sus íntimos conciertos en solitario, pero se veía obligado a seguir adelante para no parar la maquinaria de los Grateful Dead, de la que dependían tantas personas como medio de sustento), pero Pigpen fue la primera víctima de ese ese largo y extraño viaje.





domingo, 22 de octubre de 2017

The Rolling Stones - Estadi Lluís Companys (Barcelona), 27 de septiembre del 2017



Vi a los Rolling Stones el 2003 en la gira del Forty Licks, y lo recuerdo como uno de los conciertos que más me impactó en aquellos años. Era mi primer concierto de estadio y además me permitió ver de cerca a algunos de los rostros más icónicos de la historia del rock. ¿Cómo no quedar marcado por algo así? Por aquel entonces ya existía la sensación de que no les quedaba mucho más, no porque no estuvieran en plena forma, sino por temas de edad. Quizá una o dos giras más a lo sumo. Y aquí estoy, catorce años después reencontrándome con ellos incluso con la misma camiseta que llevé en aquel lejano 2003.

¿Qué ha sucedido de mientras en el universo Stone? Un disco de estudio bastante decente - A Bigger Bang (2005) - al que le siguió una gira frustrada hacia la mitad por el famoso incidente de Keith Richards con un cocotero. El concierto en Barcelona quedó cancelado, y de esta forma mi entrada del que debía ser mi segunda cita con los Stones sigue intacta en mi casa. Cuando volvieron el 2007 no repetí: estaba pelado de dinero y me decanté por otros conciertos más asequibles. Dicho tour hispano en realidad no dejó muy buen recuerdo: extrañamente en algunos de los recintos quedaron muchas entradas por vender (quizá por el elevado precio y la espantada del año anterior) y según dicen Keith Richards estaba flojísimo.

Lo mejor de la gira del 2007

Diez años después solo nos han deparado otro disco de estudio de versiones de blues y una visita a Madrid. Desde hace ya un año no obstante empezaron los rumores de que los Stones darían una fecha en Barcelona, que al final se alargaron tanto que se les dejó de dar crédito. Y entonces, por sorpresa, meses después estalla la noticia en pleno Mayo: una minigira europea que recala por aquí la última semana de Septiembre. Solo dos días después me iba una semana de viaje, me vino de un pelo volver a perdérmelos. En esta ocasión parecía que el destino me sonreía.

¡Qué contraste el tema de las entradas respecto a su gira del 2007 con tantos asientos vacíos! A día de hoy la adquisición de entradas para cualquier grupo dinosáurico es una batalla campal que implica peleas contantes con páginas de ventas de entradas, colas virtuales, sufrimiento y, para rematar, unos gastos de comisión insultantes. Permítanme una pequeña comparativa de precios en tres conciertos de los Stones para unas entradas situadas en el mismo sitio:

  • 2003: 44 euros.
  • 2007: 81 euros.
  • 2017: 136 euros.
¿Saben qué significa esto? Significa que estuve dudando hasta el último momento sobre si ir o no porque, aunque podía permitirme ese precio, me parecía un insulto. Y significa que, en vista de cómo cada vez nos fastidian más a los fans con nuevos inventos para sacarnos dinero (lo último es el famoso "Golden Circle" a precio de oro para estar en las primeras filas, cuando de toda la vida el espacio cerrado delante del escenario era para los que tenían entradas de pista y llegaban antes) un servidor va a empezar a despedirse del rock de estadio. No voy a engañarles tampoco. Mis grupos de estadio favoritos están ya en edad de jubilarse o, directamente, palmarla, y sus sucesores (Muse, Coldplay, Foo Fighters) no son lo mío. Pero el matiz está en que me alegro de que sea así y de poder bajarme de este circo... en unos años. En todo caso, conseguí mis entradas con una rapidez y facilidad tan pasmosa que entendí que realmente el destino quería que viera otra vez a los Stones.


La absoluta desorganización y caos que hubo a la hora de hacer cola al mediodía fue algo que pocas veces he visto y que se hizo salvable por tener lugar en Septiembre, con un tiempo agradable. No quiero ni imaginarme eso en verano. En mi vida he pasado tantos controles de seguridad ni me habían pedido que vaciara mis bolsillos por bultos tan pequeños como mi reproductor de mp3 o los tapones para los oídos. Supongo que los recientes atentados en Barcelona tienen algo que ver.

Lo importante es que conseguimos estar cerca del escenario para ver a los Rolling Stones en la que, esta vez me temo que es bastante probable, quizá sea la última oportunidad de escucharles. El elevadísimo precio de las entradas no se vio reflejado en los teloneros, que en el 2003 era una banda de bastante caché como los Pretenders y en este caso era un grupo nacional, los Zigarros, que si bien sonaban entretenidos, tampoco me mataban y dudo que tuvieran ni la mitad de caché que la banda de Chrissie Hynde. De modo que ese incremento del precio no ha ido a los teloneros, no.



Con quince minutos de retraso, el concierto dio inicio con "Sympathy for the Devil", que jamás me imaginé como tema inicial, salvo por lo apropiado del verso inicial de "Please allow me to introduce myself". Y experimenté una vez más algo que supongo que se irá perdiendo cuando pueda dejar de ver a estos grandes grupos clásicos: el impacto de ver que son reales, que están ahí. Ver a un Mick Jagger de carne y hueso contoneándose de forma tan característica a unos metros de ti. A Keith, Ron y Charlie, tal y como hemos visto cientos de veces en fotos, ahí, tocando sus instrumentos en vivo para nosotros.

Pero también se hizo evidente algo, una sensación que se mezclaba con el entusiasmo de ver a los Stones y disfrutar de este cancionero impecable en vivo: la constatación de que Keith no estaba fino. Que tal y como me temía por lo que había leído, desde el incidente cocotero no había vuelto a recuperar del todo la forma. Si preguntan a cualquiera que fue a este concierto, habrá divergencias en algunos aspectos pero todos coincidirán en lo mismo: fue de menos a más. Los primeros temas, Richards no acabó de entrar en el concierto. Temas tan infalibles como "Sympathy for the Devil" o "It's Only Rock N Roll" se sostenían por el resto de la banda, pero cuando Keith intentaba hacer el solo era notorio que la cosa no funcionaba. Para mí el concierto empezó a encarrilarse de verdad con la tercera canción, "Tumbling Dice", la primera que sonó realmente fantástica, y se sostuvo un poco con las acertadísimas versiones de blues o un "Paint It Black" en que Richards, esta vez sí, hizo un muy buen trabajo a la guitarra.

No me malinterpreten, tampoco pretendo decir que Richards lo hiciera mal, simplemente era totalmente inestable. A veces acertaba por completo y otras no daba ni una, justificando su presencia más por el carisma que emana con esas pintas de pirata envejecido que por sus dotes de guitarrista. Cuando a medio concierto Mick presentó a la banda, Keith fue paradójicamente (o no tanto) el que más aplausos se llevó, pero luego en vez de dar las gracias y ponerse a cantar sus dos temas, se quedó un rato extrañamente largo ante el micrófono sin decir nada. No se sabía si es que estaba alargándose a propósito o si estaba tan emocionado que no se podía saber cómo iba a reaccionar, como si estuviéramos ante uno de esos abuelos ya algo gagás e imprevisibles. En cierto modo, esto hizo que el concierto tuviera algo más de autenticidad. El show del 2003 fue impecable rock de estadio sin apenas fallos pero también sin espontaneidad; en esta ocasión el concierto fue más imperfecto pero también, por ello, más humano y con un punto de imprevisibilidad que nunca le va mal al rock (otro detalle a reseñar es que en esta ocasión hubo poquísimos efectos escénicos, parece que en estos últimos tours los Stones prefieren centrar la atención en la música).



En todo caso, parece que Keith está monopolizando mi reseña, y es una gran injusticia, porque precisamente los otros Stones sostuvieron de forma impecable el resto del concierto. Ron Wood se destapó como un guitarrista increíble aún más que en el 2003, quizá para compensar los fallos de Keith. Cuando se lanzaba a hacer uno de sus solos era una gozada escucharle. Y además transmitía un entusiasmo contagioso, siempre sonriente, saltando, bailando y en permanente complicidad con el público. Al entrar en los Stones, Ron perdió la oportunidad de una carrera que demostrara todo su potencial como guitarrista, pero a cambio se nota que éste es su trabajo soñado y que no lo cambiaría por nada en el mundo.

Sobre Mick Jagger no creo que haga falta decir nada porque ya nos conocemos la historia: que sencillamente no es normal que un tipo de 74 años esté tan en forma y que consiga moverse y bailar con tanta soltura, haciendo gestos que si los llevamos a cabo el común de los mortales quedan ridículos pero si los hace él son lo más guay del mundo. Que es uno de los más grandes frontmen de la historia con una habilidad pasmosa para entretener, llevar adelante el concierto y tener el público en la palma de la mano. Y que esos tics típicos de rock de estadio de los que tanto nos burlamos seguramente los acabaremos echando de menos cuando él ya no esté: "Estic molt content de tocar aquí", "Hace 10 años que tocamos aquí y lo echamos de menos", "Sou uns malparits" y el más extraño de todos, "Avui he menjat botifarra i trinxat" (¿?).



Y por supuesto, Charlie, el eterno Charlie Watts que siempre se da por hecho que está ahí y al que no se recuerda tanto como merece. Un batería magnífico que a sus 76 años es capaz de llevar adelante dos horas y cuarto de concierto sin equivocarse ni una sola vez y tocando con mucha contundencia cuando el tema lo necesita. Es el gran tapado, sobre todo porque él lo quiere así, pero no hay que dejar de tenerle presente.

En lo que respecta al resto de la banda, Darryl Jones tuvo un momento de pleno lucimiento con el solo de bajo en "Miss You" y me hizo especial ilusión escuchar a un ex-Allman Brothers como Chuck Leavell al teclado. En cambio, eché de menos a Lisa Fischer como corista femenina, la que traían en esta ocasión no me gustó cómo hizo "Gimme Shelter", dándole un toque excesivamente chillón.

En cuanto al repertorio, al ser el disco más reciente uno de versiones de blues, los temas "nuevos" eran viejos blues que siempre quedan bien tocados por ellos, y el resto como era de suponer fue una sucesión de clásicos del repertorio stoniano, combinando los temas que sabemos que van a caer siempre con unas pocas sorpresas. Entre ellas, dos temas más del Exile a parte de "Tumbling Dice" como "Rocks Off" (votada por los fans en una encuesta online entre las que estaban a elegir "Bitch", "Live with me" y "All Down the Line") y "Happy", en la que Keith casi no cantaba pero se compensaba por el enorme trabajo de Ron a la steel guitar. El segundo tema que cantó Keith fue el único de todo el repertorio que para mí flojeó: la balada "Slipping Away", que no obstante es un tema fijo en las giras stonianas. Es el precio a pagar, uno ya sabe desde hace años que Keith cantará esa balada pero a cambio también un clásico stoniano.



El resto de mis momentos álgidos a parte de los mencionados serían "You Can't Always Get What You Want" con un Ron absolutamente pletórico, "Honky Tonk Woman" y, el momento cumbre de la noche por unanimidad, "Midnight Rambler". Solo por esta canción valió la pena el precio de la entrada y toda la cola. Fue la que más eché en falta el 2003 y sonó tal y como esperaba que fuera: sucia, con un trabajo extraordinario de Mick a la armónica, con un solo apabullante de Ron, Charlie manteniendo el peso del tema con contundencia y con un pequeño juego de voces entre Mick y el público. Descomunal, ni el mayor hater de los Stones puede negar que, al menos en esos minutos, suenan increíbles.

Sé que en muchos sectores de aficionados al rock es mucho más fácil criticarles por lo que son hoy día (y que incluso en bastantes aspectos tienen razón), pero realmente los echaré mucho de menos cuando ya no estén dando guerra.

Sympathy for the Devil
It's Only Rock 'n' Roll (But I Like It)
Tumbling Dice
Just Your Fool
Ride 'Em on Down
Under My Thumb
Rocks Off
You Can't Always Get What You Want
Paint It Black
Honky Tonk Women
Happy
Slipping Away
Miss You
Midnight Rambler
Street Fighting Man
Start Me Up
Brown Sugar
Jumpin' Jack Flash

Gimme Shelter
(I Can't Get No) Satisfaction

sábado, 8 de abril de 2017

Canned Heat - Woodstock '69




Cuando hace años (11 años ya, aish....) Canned Heat y Ten Years After giraron conjuntamente por aquí, utilizaron como gancho el nombre de "Woodstock Revival". Más allá de la maniobra comercial, el nombre era bastante pertinente, ya que son dos de las bandas por excelencia que consiguieron su mayor momento de popularidad con el famoso festival. De hecho, centrándonos en mis adorados Canned Heat, Woodstock fue el tramo final de su edad de oro.

Situémonos: formados a mediados de los 60, Canned Heat consiguieron su primer y merecido éxito en 1968 con su segundo disco Boogie with Canned Heat (1968), donde desplegaban su particular forma de interpretar el blues. También era el álbum en que se cerraba la formación clásica del grupo: Bob Hite a la voz, Alan Wilson a la voz y guitarra, Henry Vestine a la guitarra, Larry Taylor al bajo y, el nuevo fichaje, Fito de la Parra a la batería. Los tres discos que le siguieron fueron grandes éxitos de ventas confirmados por sus míticos conciertos, de ahí que tuviera sentido que se les ofreciera participar en el festival de Woodstock.



Pero, ay, solo unos días antes del concierto sucedió algo que pudo haber provocado que no actuaran en el que sería el momento más vistoso de su carrera: Henry Vestine dejó la banda tras una discusión con Larry Taylor. Las cosas se sucedieron muy rápido: la banda hizo una jam informal con los guitarristas Mike Bloomfield y Harvey Mandel, y le ofrecieron a ambos sustituir a Vestine. Mandel, que tenía por entonces una carrera en solitario, aceptó.

Antes de actuar en un festival tan multitudinario, la banda solo pudo hacer dos conciertos con su nuevo guitarrista. Fito, convencido de que no estaban preparados para actuar ante un público tan masivo estando tan verdes, se negó a ir y se encerró en su casa. Tuvo que ir el mánager del grupo hasta allá, colarse y convencerle. No se arrepentiría.



Pese a lo accidentado que fue todo, la actuación de Canned Heat en Woodstock fue absolutamente memorable, y es una pena que nunca se haya editado entera en disco. La banda salió a actuar al atardecer, como se puede comprobar mirando vídeos del festival: en las primeras canciones hay luz pero en el bis ya es de noche. Una de las mejores horas para actuar al aire libre.

Fito comentaba en su autobiografía que a la hora de preparar setlists solían ir muy por libre, seleccionando más versiones de blues que temas propios e ignorando a menudo sus hits. No obstante, en Woodstock parece que al ser un festival prefirieron ir sobre seguro y tuvieron el detalle de tocar dos de sus hits y un tema de estudio:

I'm Her Man
Going Up the Country
A Change Is Gonna Come / Leaving This Town
I Know My Baby
Woodstock Boogie

On the Road Again



Abren con una referencia a su último disco, el blues festivo "I'm Her Man" cantado por el entrañable Bob Hite. Al acabar, éste menciona lo espectacular que es todo ese despliegue de público, pero enseguida se encarga de quitar magnificencia a ese momento cuando añade a continuación "Solo tengo una cosa que decir... necesito ir a mear". Así era Bob.

Le sigue "Going Up the Country", que quedó como uno de los temas por excelencia asociados a Woodstock, ya que aparece la versión de estudio en el documental. Debo decir que me habría gustado que saliera la versión en directo, que mantiene la melodía pero con un toque más electrificado.

Aquí la banda decide lanzarse con sus versiones de blues. La primera la conocía porque es la que aparece en el documental de Woodstock. Fue mi primera toma de contacto visual con Canned Heat y recuerdo que me llamó mucho la atención las pintas de Bob Hite (haciendo honor a su apodo "el Oso" y vestido tan informalmente con una camisa gastada), así como uno de los momentos por excelencia de la película: cuando un espontáneo sube al escenario y Bob, en vez de evitarlo, se abraza a él y comparten juntos un cigarro.


No puedo decir mucho del siguiente, ya que la versión que circula por la red se oye fatal, así que salto a mi momento favorito del concierto: "Woodstock Boogie". En realidad es la clásica improvisación que Canned Heat hacían tras cada concierto que aquí se alarga hasta media hora. Merece destacarse la introducción de Alan Wilson a la guitarra, que me parece una maravilla. De hecho en general me gusta más este boogie que el que aparece oficialmente en el disco dos de Living the Blues (1968), que se me hace algo pesado, y eso que soy muy de jams.



Y como bis, otro hit, "On the Road Again", que en realidad lo cambian tanto que acaba siendo otro vehículo para desparramarse en improvisaciones blueseras. En las últimas ediciones en DVD del documental de Woodstock sale una grabación en vídeo de ésta.


¿Y qué sucedió tras Woodstock? Canned Heat editaron el mejor disco de su carrera con esta formación, esa obra maestra del blues-rock llamada Future Blues (1970), tras el cual hicieron una colaboración con John Lee Hooker y ahí se acabó su edad de oro. El insustituible Alan Wilson murió y tanto Taylor como Mandel dejaron el grupo. Por ello, Woodstock representa el tramo final de su edad de oro, fue su momento a nivel creativo y de popularidad, pero luego todo fue cuesta abajo.

Una pena, si algo demuestra esa actuación es que eran una de las mejores bandas de blues-rock del mundo.


lunes, 20 de marzo de 2017

The Groundhogs - Split (1971)




Llega un momento en la vida de todo aficionado al rock en que debe hacerse la siguiente pregunta: ¿son los Groundhogs la banda de blues-rock más injustamente olvidada de la historia? Y la respuesta es que probablemente sí. Los mencioné hace ya años en mi famosa y prestigiosa selección de bandas que tenían puntos de convertirse en mis favoritas y aunque extrañamente he tardado cinco años en avanzar en su discografía, debo decir que han subido mucho en estima entre mis preferencias.

Los británicos Groundhogs son una banda que me recuerda algo a Canned Heat no tanto por estilo o sonido sino por ser uno de esos grupos de finales de los 60 que intentó expandir los límites del blues-rock. Pero mientras los Canned Heat se caracterizaban por un sonido muuucho más sucio, los Groundhogs tienen esa pulcritud británica; y, sobre todo, mientras los americanos tiran más hacia una mezcla de blues y psicodelia (oigan por ejemplo "Change my Ways" o "My Time Ain't Long"), los marmotas seguían otro camino. He leído a veces cómo se les aplica la etiqueta de "blues progresivo" pero no me acaba de gustar, parece que cuando complicas un género lo has de acabar etiquetando como "progresivo" llevando el concepto a terrenos maravillosamente absurdos. Pero sí que es cierto, que llevan su sonido hacia unos derroteros bastante innovadores en la época y que hoy día siguen sonando sorprendentes.

El responsable de todo esto es el líder, cantante, guitarrista y compositor Tony McPhee, con un estilo muy reconocible y asombrosamente olvidado dentro del género. Sus cómplices son una base rítmica con nombres de malos de películas de espías soviéticas, Peter Cruikshank y Ken Pustelnik. Conjuntados no tienen mucho que envidiar a cualquiera de los grandes power trios del rock, suenan avasalladores y magníficamente conjuntados.



La primera vez que escuché el magistral Split (1971) de primeras no congenié con él. El motivo era que me esperaba algo más blues y aquí en cambio me sonaban muy duros, rozando el hard-rock (curiosamente también tardé en pillarle el punto a Free por el motivo contrario, esperando que sonaran más duros de lo que eran). Pero es un disco demasiado raro como para que no simpatice con él. Si lo comparamos con sus dos obras anteriores, Blues Obituary (1969) - mi favorito de ellos - o Thank Christ for the Bomb (1970) - uno de los mejores títulos de la historia - Split supone un enorme paso adelante. Un disco mucho más oscuro y retorcido, que a veces te lleva por terrenos que parecen alejados del blues-rock hasta que repentinamente un solo de guitarra o cierto deje musical nos devuelve brevemente al género.

La cara A de Split la forman cuatro temas titulados igual que el disco que no van unidos musicalmente sino a nivel lírico a partir de una experiencia de McPhee:

La noche después de un concierto en Huddersfield, me invitaron a la casa de Mick Hubberts (un técnico) a un curry. Mick tenia un inquilino americano que había hecho algunos porros de cannabis con la hierba que Ken Pustelnik (mi antiguo batería) le había dado. Recuerdo como regresamos del concierto la noche anterior e intentarlo sin ningún efecto. También recuerdo pensando sobre ello (y es divertido recordarlo ahora) que las semillas se habían quedado dentro y que el porro podría ‘petar’ como un cigarro explosivo de esos de broma. Compartí un porro que el tío había hecho. De repente la tele de Mick se dividió por la mitad. Los demás parecían estar pasándolo bien pero yo me sentía raro. Fui al baño y abrí el grifo pero empecé a sentir que “las cosas” crecían como en ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Intente tocar la guitarra para centrarme en algo pero estaba perdiendo contacto con la realidad y todo lo que podía ver eran espirales. Mi corazón latía tan rápido que pensaba que iba a explotar, Mick me pidió que vigilara el curry, ya que la última vez que lo vio se estaba saliendo de la sartén, fui a la cocina y abrí una ventana, y el jardín parecía un paisaje de Marte. La mujer de Mick estaba allí, así que me agarre a ella porque ella no estaba fumada y necesitaba a alguien así para conseguirlo yo también (conseguir estar bien). 

     Incluso empecé a perder la consciencia. Después de unas horas volví a la normalidad. Estoy seguro que aquel episodio abrió una puerta que no pude cerrar. 

    Unas semanas después, mi entonces mujer y yo, nos fuimos a pasear con el hijo de nuestra casera, era un día muy caluroso, y mas tarde, aquella noche no podía dormir. Fue entonces cuando me dio un ataque de pánico, empecé a preguntarme cómo podía existir, sigo teniendo problemas en explicarlo, era una negación de la existencia, así que intente huir de aquel pensamiento, corrí escaleras arriba, hacia la parte superior de los apartamentos (‘Split 1’) estaba demasiado oscuro y encendí las luces, y entonces estaba demasiado iluminado (‘Split 2’) no pude deshacerme del pensamiento en toda la noche, finalmente pude dormir de puro exhausto (‘Split 3’) pero cuando me levante el sentimiento volvió hacia mí inmediatamente, estaba completamente paranoico (‘Split 4’). Mirando hacia atrás, hubo algunos meses donde hubiera creído cualquier cosa, una puerta se abrió en mi mente y no pude cerrarla. No lo temo ahora, pero solía hacerlo. 



El disco lo abre "Split (Part 1)", un tema enérgico de blues-hard-rock que en el tramo final estalla en un pletórico solo de guitarra. Primer indicio de la fuerza que podían desplegar los Marmotas. "Split (Part 2)" me gusta aún más porque es más extraña, encajando con el universo enrarecido que evoca la portada. La guitarra de McPhee empieza haciendo unos ruidos inquietantes que poco a poco van dando a forma a un riff de guitarra en wah-wah. Se le une la banda y vuelve el caos, pero en la parte cantada - oh, sorpresa - nos acordamos de que estamos en realidad en un blues ¿No les dije antes que continuamente McPhee nos lleva por extraños derroteros para luego recordarnos que todo esto parte del blues?

Pero si tuviera que quedarme con un "Split" sería el tercero, con ese inicio inquietante y lúgubre con órgano que luego de repente da paso a una de las mejores melodías del disco, muy hábilmente acompañada por la acústica en las partes cantadas y luego recibiendo la respuesta con un guitarrazo eléctrico. El solo de guitarra es uno de mis favoritos de McPhee, es un solo de blues de toda la vida pero tocado de forma absolutamente desquiciada. Y por último, el "Split (Part 4)" es el más convencional y asentado en el blues de los cuatro, lo cual por otro lado no tiene nada de malo.

Pasando a la cara B tenemos el pequeño clásico "Cherry Red", lo más parecido a un tema con posibilidades comerciales que encontraremos, con ese riff machacón y el falsete en el estribillo. "A Year in the Life" es un tema lento que para mí resulta la gran joya oculta del disco, mientras que "Junkman" empieza como un blues-rock juguetón hasta que de repente al final McPhee nos sorprende con unos minutos de ruidos psicodélicos con la guitarra. Y por último un final muy curioso: una versión del "Groundhog" de John Lee Hooker, el blues que dio nombre al grupo. Es como si, después de este viaje alucinatorio, McPhee quisiera al final recordarnos cuál es el origen de todo este mundo. Al final, todo esto que hemos presenciado es algo que viene del blues por increíble que parezca.


viernes, 10 de abril de 2015

Algunos directos molones para alegrar la primavera

Estas semanas por algún motivo me ha dado sobre todo por escuchar discos en vivo, algunos viejos conocidos, y otros nuevos. Más concretamente éstos:

The Allman Brothers - Wipe the Windows, Check the Oil, Dollar Gas (1976)

Éste es uno de esos discos de los que no sabía que esperar porque no tiene excesiva buena fama, de hecho muchos prefieren algunos directos de los 90 o 00 con Warren Haynes y/o Derek Trucks, pero como yo no simpatizo mucho con esos Allman (no por cuestionar a Haynes o Trucks, simplemente no trago el sonido de discos de rock estilo clásico grabados en los 90 y 00) me dije que un directo de los Allman Brothers de los 70 con Dickey Betts centrado en la gira de Brothers and Sisters (1973) no puede ser malo. Y no me equivocaba, que no les engañen: es un muy buen disco.

El problema tiene nombre y apellidos: Live at Fillmore East (1970) - el cual por cierto he vuelto a rescatar, pero ahora soy incapaz de escucharlo en su edición clásica, sin su "Mountain Jam", los temas del debut y ese magnífico blues del final cantado por Elvin Bishop. A su lado queda empequeñecido. Y mucho. Pero, a ver, ¿y qué directo no? Dejando de lado comparaciones, este álbum es un muy buen directo, muy disfrutable y con momentos geniales. Por ejemplo, "Ramblin Man" en su parte cantada no es tan chula como desearía pero a cambio luego Betts se marca un solo de guitarra impresionante. Y además la selección de temas es muy acertada, evitando pisarse con el mítico Fillmore salvo "In Memory of Elizabeth Reed".
En definitiva, sí. Y creo que ni está editado en CD, una pena...

Beck, Bogert & Appice - Live in Japan (1973)

Ya deben conocer la historia, pero por si acaso ahí va: Jeff Beck planeó a principios de los 70 montar un supergrupo con Rod Stewart, el bajista Tim Bogert y el batería Carmine Appice, pero un accidente le tuvo inhabilitado un tiempo, durante el cual Rod formó los Faces y Bogert y Appice se fueron para Cactus. Beck mientras tanto formó una nueva banda buenísima e infravalorada. Pero una vez Cactus y el segundo Jeff Beck Group se separaron, por fin formaron ese grupo que habían pospuesto (Rod, obviamente, ya se daba por perdido habiéndose convertido en una estrella por derecho propio).

Esta formación, la última en que Beck explotó su faceta más hard-rockera, duró solo un disco y nos dejó este grandioso directo, que nos muestra lo que era un power trio en directo. Se centran en el álbum que habían sacado, lógicamente, y rescatan algunas versiones de discos anteriores de Jeff como el "Down Down" o "Morning Dew".
Tampoco está editado en CD que yo sepa.

Neil Young & Crazy Horse - Live at Fillmore East 1970 (2006)

Bueno, qué les voy a decir de este artefacto. El testimonio de cómo se la gastaban en vivo los Crazy Horse de Danny Whitten, con versiones apabullantes de Everybody Knows This Is Nowherre (1969). Me lo compré en Dublín el día después de ver a Neil con Crazy Horse, me pareció un bonito recuerdo relacionado con el concierto. En fin, imprescindible.

Ten Years After - Recorded Live (1973)

El gran directo clásico de una de las mejores bandas en vivo que conozco. Hoy día palidece al lado del gigantesco Live at Fillmore East 1970 (vivir en Nueva York en esos años con dinero para ir al Fillmore cada semana debía ser un sueño hecho realidad para todo fan del rock), pero en su momento como testimonio de cómo se las gastaban en vivo Alvin Lee y compañía debía ser alucinante. Y aun así, oyéndolo yo ahora después del directo insuperable del Fillmore, sigue siendo un disco enorme e imprescindible.

Un pro y un contra. Pro: la edición en CD tiene de Bonus algunas improvisaciones magníficas y algunos temas que no estaban antes como un "Standing at the Station" colosal. Contra: ¿cómo demonios no hay ningún tema de su mejor disco, Cricklewood Green (1970)? A cambio, el directo de Fillmore lo representa por completo.

Led Zeppelin - BBC Sessions (1997)

Hoy día confieso que rescato poco, muy poco, a Led Zeppelin, pero se me antojó este directo hace poco que sabía que me encantaría, y no sé decir directamente si es mi favorito de ellos. Sobre todo el disco 1, retratando su faceta más bluesera de los inicios, es impresionante, e incluye algún tema muy bueno nunca grabado en estudio.

Grateful Dead - Live London 5/23/72

Aunque no sean fans, si conocen mínimamente a los Grateful Dead, sabrán de qué rollo va esto. Últimamente se me antojaba oír su época en vivo de la gira del Europe 72 (1972) y decidí tantear algún bootleg de ese tour para no volver a recurrir al mismo disco, aprovechando que los Dead han editado todos los conciertos de esa gira. Me decanté por éste porque me encanta como pasan del brutal y oscuro "Dark Star" a la melancólica "Morning Dew", que siempre les queda increíble.

Crosby Stills Nash & Young - Live 1974 (2014)

Y éste lo estoy oyendo ahora por primera vez, un triple directo de una de mis bandas favoritas. Citando el título que le quería poner Crosby al álbum: what could possibly go wrong?

martes, 2 de diciembre de 2014

John Mayall - Liceu de Barcelona, 18 de Noviembre del 2014

Ver a un músico en un tour dedicado a celebrar su 80º aniversario tiene su mérito. Pero más aún lo tiene que sobre el escenario uno le eche fácilmente 20 años menos y que se mueva con toda soltura (a diferencia del recientemente fallecido Johnny Winter, a quien se le notaba la edad sobre el escenario), más aún. Ese es el caso del infatigable John Mayall.


Sé que el lector pensará que tengo manía a Eric Clapton, y le aseguro que no es así, que es uno de mis guitarristas favoritos y que me gustaría volver a verle en vivo, pero el caso es que es inevitable hacer comparaciones. Por un lado tenemos al que fuera alumno de Mayall (lo que no quita que luego le superara, ojo), perteneciente a una generación más joven y que a día de hoy gira en grandes recintos con una numerosa banda de musicazos que le permite estar más acomodado, además de plantearse a los 60 y pocos retirarse de una vez (en su autobiografía ya lo dejaba caer, desde entonces lo ha vuelto a dar a entender en varias ocasiones). Por el otro está el que fue el maestro de Clapton y otras luminarias que alcanzarían el éxito con otras bandas, el señor John Mayall, que a sus 80 años recién cumplidos y sin atisbos de querer jubilarse gira con una sencilla banda (batería, bajo y guitarrista) por salas y parece disfrutar aún del contacto con el público. No planteo esto en detrimento de Clapton, quien si sigue en activo a su edad y con su fortuna es porque le sigue agradando su profesión aunque no lo demuestre, sino para enaltecer a Mayall.


Porque, repito, con sus 80 años, sigue siendo un profesional como la copa de un pino y no una vieja gloria a la que uno debe ver con cierta condescendencia por eso de "para lo mayor que está lo hace muy bien". Porque el tipo lleva un mes haciendo un intenso tour que va ¡a casi concierto por día! (mirando en la web, después del concierto de Barcelona que yo vi le espera una semana de un concierto cada día con solo uno de descanso, en las fechas anteriores lleva siguiendo un ritmo similar). Porque en su último concierto en el Liceu tocó hora y media directo al grano. Sin largos discursos, agradecía al público el recibimiento, anunciaba cada tema y de qué disco venía, además de su compositor si era una versión, y punto. Y porque el tipo se permitió un setlist que no iba a lo fácil, con solo un tema del famoso disco de Clapton y ni uno del más célebre de su carrera, el directo The Turning Point (además parece ser que suele cambiar bastante el setlist en cada concierto, es decir que no se apoya en un listado de canciones fijas). Y curiosamente no lo lamenté, porque lo bueno de Mayall es que aunque rescate temas de discos más modernos, siempre se ha mantenido dentro del blues y en directo todas las canciones salen bien paradas (la mejor del concierto de hecho fue una que no conocía de nada, "Chicago Line", con una larga improvisación y solos de bajo).

A Mayall se le veía motivado, encarando cada canción con ganas y dejando generosamente que los miembros de su banda se explayaran (Rocky Athas a la guitarra, Jay Davenport a la batería y Greg Rzab al bajo). Habrá quien crea que los músicos deben jubilarse al llegar a cierta edad, pero para mí Mayall es el ejemplo de lo que debería ser una respetable leyenda de blues que quiere seguir en activo: un tipo que sigue girando infatigable, él solo con sus tres músicos y sus canciones. Nada más.

domingo, 6 de octubre de 2013

Derek is Eric


Somos muchos los que creemos que la cumbre de Eric Clapton como músico está en el breve periodo de tiempo en que estuvo con Derek & The Dominos. De hecho como creo haber dicho más de una vez, si Clapton hubiera muerto tras esa etapa (y no habría sido nada raro, ya que tras ese disco se pasó varios años recluido pasando por una durísima fase de drogadicción) hoy día sería una leyenda a la altura de Jimi Hendrix. Es más, si Eric hubiera muerto en 1972, estando aún en esa fase de drogadicción extrema, habría fallecido con 27 años por tanto podría haber sido otro miembro del famoso club. ¡Ya te vale, Eric!

La historia de Derek & The Dominos empieza de hecho donde acabó Blind Faith. En la gira del grupo, Clapton estaba ya cansado de ese proyecto que se le había ido de las manos (ver este artículo para más detalles), pero en cambio la banda que llevaban de teloneros le producía exactamente las sensaciones contrarias. Se trataban de Delaney & Bonnie, un matrimonio americano que practicaban una mezcla entre rock y soul blanco que rebosaba autenticidad. A Clapton le encantaron y no tardó en unirse a ellos en los conciertos contagiado por el entusiasmo de la banda y su música. Al resto de Blind Faith no le hizo nada de gracia ver como su guitarrista parecía preferir actuar con su banda telonera que con ellos, y efectivamente al final de la gira se separaron.

De nuevo solo y sin proyectos en mente, Clapton salió de gira con Delanney & Bonnie, de la cual se editó un directo muy bueno llamado On Tour with Eric Clapton. Mientras estaba con ellos, Delanney intentó convencer a Clapton de que debía explotar su don musical, que no podía simplemente dejarse llevar en proyectos que no le interesaban y privar al mundo de su talento. De esas conversaciones surgió el debut de Eric Clapton en solitario, grabado con los propios Delanney & Bonnie, su banda de acompañamiento y algunos invitados de lujo como Leon Russell. El álbum no obstante para mí fue una decepción, ya que está muy influenciado por el tipo de música de influencia soul que practicaba ese dúo, de forma que paradójicamente el debut de Eric Clapton en solitario acabó siendo un disco en que Clapton estaba oculto por los numerosos músicos que le acompañaban y una producción que, si bien servía para el estilo de Delaney & Bonnie, no creo que fuera adecuada para Eric.

Eric (sentado abajo a la izquierda) está diciendo: "Si este es mi primer disco en solitario, ¿qué hace aquí toda esta gente?"

Tras este disco, Clapton perdió el contacto con Delaney & Bonnie - muchos dicen que el dúo se aprovechó descaradamente del guitarrista para darse a conocer, algo que ignoro si es cierto o no - y se produjo el último hecho que desembocaría en la formación de Derek & The Dominos. La banda de acompañamiento de Delaney & Bonnie le hicieron saber a Eric que el dúo había disuelto el grupo y que por tanto estaban libres, ¿le gustaría trabajar con ellos? Por descontado que le gustaría. No solo eran tres músicos prodigiosos sino que, como habían tocado juntos en la gira de Delaney & Bonnie así como en su disco en solitario, ya les conocía y sabía que había buen feeling entre ellos.

A diferencia de todas sus anteriores bandas, ésta estaba formada por músicos totalmente desconocidos, pero a cambio eran buenísimos, y sería una formación a la altura de las anteriores: Carl Radle al bajo, Jim Gordon a la batería y Bobby Whitlock a los teclados. Radle luego volvería a trabajar con Clapton a lo largo de la década y era un bajista prodigioso, sus líneas de bajo son el secreto mejor guardado de Derek & The Dominos, tanto en el disco como en el directo. No suele mencionarse mucho, pero creo que contribuye a dar tanta consistencia al sonido de la banda. Gordon era un muy buen batería al que Clapton consideraba de hecho el mejor del mundo (opinión exagerada pero no obstante si opinaba así, algo tendría). Y Whitlock es quizá el que está más en un segundo plano a los teclados, pero lo compensa siendo el coautor de la mayoría de los temas originales y con la que es una de las marcas de estilo de Derek & The Dominos: sus coros. Uno de los rasgos más característicos de esta banda son los coros de Whitlock acompañando a Clapton, que acaban de mejorar las melodías vocales y les dan más énfasis haciendo la réplica a Eric (véase "Why Does Love Got To Be So Sad", tanto en estudio como en el directo del Fillmore).


Con esta maravillosa banda Clapton por fin pudo cumplir un sueño que ambicionaba desde hacía años: girar con una banda desconocida, lejos del estrellato del show business. Los Derek & The Dominos debutaron en una gira por modestos clubs ingleses en la que, por petición expresa de Clapton, estaba prohibido usar el nombre del guitarrista como reclamo. De esta forma dieron varios conciertos sin presiones, divirtiéndose, improvisando y conociéndose mejor, precisamente lo que le habría hecho falta a Blind Faith.

Una vez ya habían cogido forma, se fueron a Estados Unidos a grabar su disco en estudio que sería producido por Tom Dowd, que por entonces trabajaba en esa obra maestra del rock sureño que es Idlewild South de los Allman Brothers - Clapton quería a Phil Spector, pero gracias a Dios no pudo ser, y no lo digo porque no sea un gran productor sino porque no creo que su estilo encajara para este álbum. La grabación de la que acabaría siendo su mayor obra maestra curiosamente empezó de forma bastante floja. Tenían algunas canciones pero no acababan de arrancar del todo, parecía que les costaba pillar el punto. En todo caso, Dowd propuso una noche ir a ver actuar a los famosos Allman Brothers, de los cuales Clapton era muy fan.

Versión de "Tell The Truth" producida por Phil Spector de cuando él iba a ser el productor. La diferencia con la versión final demuestra lo diferente que habría sido el disco. Teniendo esto en cuenta, es una suerte que el álbum cayera en manos de Tom Dowd, ya que prefiero mucho antes su tono más bluesero.

A menudo las grandes obras maestras no solo de la música sino del resto de artes surgen de una rara suma de circunstancias en que todos los elementos encajan. Situándonos en el rock, ¿cuántos músicos excelentes pero sin una gran obra maestra en su haber lo habrían conseguido de encontrarse en unas circunstancias más propicias? Por supuesto primero hace falta talento, pero a menudo también que se aúnen una serie de factores que no dependen enteramente del músico. El caso de Layla & Other Assorted Love Songs es paradigmático. Clapton JAMÁS pudo volver a hacer algo así. De hecho nada que se le acerque remotamente. Y aunque tenía talento, lo que hace de Layla un disco tan magistral es también una suma de factores circunstanciales: el que Delaney & Bonnie fueran teloneros de Blind Faith, el que estos disolvieran su grupo y Clapton los adoptara, las circunstancias personales del guitarrista que le llevaron a usar el disco para canalizar sus sentimientos (como es bien sabido, estaba locamente enamorada de la mujer de su amigo George Harrison) y, por último, el que Tom Dowd le presentara a Duane Allman. Porque, digamoslo claro, sin Duane Layla no sería en absoluto un disco ni remotamente tan bueno.

Según dicen, el encuentro entre Duane y Eric fue bastante curioso. Eric estaba en primera fila en el concierto de los Allman Brothers al que Tom les llevó y en mitad de una canción Duane de repente le reconoció entre el público y se puso nervioso ya que admiraba muchísimo a Clapton. El otro guitarrista, Dickey Betts, notó que algo no iba bien, se acercó a donde estaba Duane y cuando vio a Clapton también se puso nervioso. Después del concierto Duane le echaría en cara a Dowd que no le avisaran antes de que Eric Clapton iba a estar entre el público.


Desde el principio hubo un entendimiento instintivo entre Eric y Duane, que tenían un carácter similar y se admiraban mutuamente. Se propuso al guitarrista de Allman Brothers que se uniera a las sesiones del Layla, pero éste dijo que sólo se pasaría a chafardear. A la práctica Duane acabó contribuyendo con su guitarra en casi todos los temas del disco, hasta el punto de que en algunos sitios se le suele considerar a él también como un miembro más de Derek & The Dominos. Pero no es cierto, Duane tenía ya compromisos con su banda madre y era inimaginable que la dejara de lado.

Duane fue el catalizador que necesitaban y que hizo que Layla por fin funcionara. A partir de su incorporación, el disco salió solo y de hecho estaban tan inspirados que acabó siendo un álbum doble. Las guitarras de Duane son una de las claves fundamentales de ese disco, sin él Layla no sería lo que es. De hecho el gran problema de Clapton en solitario es que siempre ha sido un músico muy perezoso y acomodado, el hecho de ser tan apreciado instantáneamente le hacía bajar el listón: ¿para qué matarse si el público le iba a adorar igual? Por ello lo mejor de sí lo daba en formaciones en que se veía obligado a sudar: en Cream y junto a Duane en Derek & The Dominos. Duane era un guitarrista extraordinario, si Eric no espabilaba le eclipsaría en su propio disco. Por otro lado, el feeling entre ambos, sumado a la compenetración con los otros tres músicos tras tanto tiempo tocando juntos, hizo que todo saliera a la perfección. Y el resultado fue magia.

Clapton jamás ha vuelto a tocar tan bien como en Layla, ni ha vuelto a cantar tan apasionadamente como en este disco (otro detalle de los muchos a resaltar: en este álbum está su mejor trabajo como cantante de los que he oído). Sus sentimientos hacia Pattie Harrison le hicieron sacar todo lo que llevaba guardado dentro y eso se nota en sus interpretaciones desgarradoras.
El dúo de guitarras Clapton-Allman es uno de los mejores que jamás he oído. En temas como "Anyday" es tan monumental lo que hacen que no me extraña que Clapton se viera incapaz de tocar ese tema en vivo con solo una guitarra.



Las composiciones por otro lado son magníficas, desde los temas menos blueseros y brutales como la inicial "I Looked Away" a temas de puro blues-rock como "Tell The Truth" que si no existieran alguien tendría que componerlos (me vuelve loco como entra ahí el slide de Duane en el estribillo). En cuanto a temas más accesibles, la preciosa "Bell Bottom Blues" es magnífica, la canción que más disfrutarán los fans del Clapton posterior a los que les eche atrás este maremoto de blues. Como curiosidad, cuando le vi en directo la tocó como segundo tema del concierto, fue la única referencia a Layla aparte del tema homónimo. Para los más puristas del blues, Clapton hizo una buena selección de temas como la lenta "Have You Ever Loved a Woman", "Nobody Knows You When You're Down and Out" y "Key to the Highway", que por si no lo sabían es una pura improvisación (por ello el tema empieza con un fade in). Pero como digo, el disco está lleno de detalles incluso en temas menos obvios. Fíjense en el solo final de "Keep on Growing", una canción que no suele mencionarse y a mí me parece una obra maestra, es absolutamente espectacular (y mientras tanto el bajo de Radle sosteniendo la canción con ese ritmo, fíjense también en él por favor). Y eso que es de los pocos temas en que Duane no participó y por tanto el solo es totalmente obra de Clapton (los otros en que no aparece son los dos primeros del álbum).



La cumbre del disco para mí es el tema homónimo. La parte rockera desborda pasión y locura, con unas guitarras salvajes y una melodía inolvidable que Clapton canta con tanta pasión que cuando se amuermó años después se encontró con el problema de que no le salía cantarla con la fuerza del disco. En cuanto a la coda final de piano, es una contribución del batería Jim Gordon. Hay discrepancias sobre si viene a cuento o si debería ir por separado, ya que son dos melodías virtualmente distintas. Para mí es impensable oír el tema sin esa melodía final, que aunque sea simplona me parece una maravilla que aún me emociona cada vez que la escucho. Mi momento especial de cuando vi a Clapton fue cuando acabaron la parte rockera de "Layla" y se detuvieron un momento, haciéndome pensar que tocarían solo la parte rockera (en los directos de los 70 que han llegado a mis manos lo hacía así de hecho). Pero entonces de repente empezó a sonar ese piano y... ¡¡oh!!


El disco desafortunadamente fue un fracaso comercial debido al hecho de que el gran público no sabía quienes eran Derek & The Dominos. La discográfica, desesperada, intentó salvar la situación con una campaña con la frase "Derek is Eric". Pero la verdad es que tampoco a la crítica pareció gustarle mucho el álbum, es uno de esos casos de obras que se han reconocido más bien con el paso del tiempo.

Mientras tanto, nuestros amigos se embarcaban en una gira que quedó documentada con el álbum In Concert, que luego fue reeditado y ampliado en CD con el nombre Live at Fillmore. De nuevo es un disco que genera división de opiniones, a mí me encanta, es de mis directos favoritos. Es cierto que tiene el inconveniente de que Clapton debía defender canciones interpretadas por dos guitarras (¡y la segunda era Duane Allman nada más y nada menos!) con solo una, pero tal y como dije aquí, ése es parte del encanto del concierto. Es Eric dejándose la piel en cada tema porque no tiene otro guitarrista de acompañamiento, Eric dándolo todo en cada minuto. Posteriormente recurriría en directo a otro guitarra de acompañamiento y huiría de esa imagen de guitar hero, que en este directo es donde más se puede percibir. La cumbre de Clapton como guitarrista creo de hecho que se encuentra aquí.

Por supuesto los no amantes del blues-rock y las jams, que se alejen del disco, aunque Clapton ya nos avisa, puesto que comienza con dos temas que sobrepasan los 10 minutos. El tracklist se basa mayormente en temas de su debut en solitario, del Layla y del segundo disco de Derek & The Dominos que nunca llegó a salir ("Roll It Over" y la fabulosa "Gotta Get Better in a Little While" con la que abren, una de mis composiciones favoritas de Derek & The Dominos). Aparte hay una referencia a Blind Faith y un "Crossroads" muy diferente al que practicaba con Cream.


Nunca sabremos cómo habría sido ese hipotético segundo álbum, porque los excesos con las drogas acabaron con la banda. Clapton, como ya dije, estuvo unos años recluido del mundo en su mansión hundiéndose en su drogadicción hasta tocar fondo. Cuando regresó a la música con 461 Ocean Blvd. había perdido la práctica a la guitarra y no quería ser más un guitar hero de blues. Carl Radle siguió trabajando como bajista de la banda de Clapton durante todos los 70 (de hecho en su autobiografía comenta que fue él quien le animó a regresar a la música) hasta que su alcoholismo acabó con él. Jim Gordon tuvo un desenlace más inesperadamente trágico. Después de actuar varios años como músico de sesión en los 80 mató a su madre presa de una esquizofrenia. Bobby Whitlock es el único superviviente con una carrera en solitario poco conocida en los 70 (su debut lleva años deambulando en mi carpeta de escuchas pendientes).

Así pues, Derek & The Dominos fue un pequeño instante de absoluta genialidad que no pudo durar mucho. La única grabación en vídeo que existe de la banda es esta actuación en el programa de Johnny Cash. Resulta irónico que el único testimonio visual que hay de la banda sea la interpretación del que creo que es el único tema algo flojo del Layla, "It's Too Late", pero en todo caso aquí va:



martes, 23 de julio de 2013

La carrera de Canned Heat en unos cuantos vídeos


A raíz de lo que comenté en otro post sobre la biografía que me he leído recientemente sobre Canned Heat, debo decir que es un lujo a día de hoy leer biografías como ésta teniendo Internet a nuestra disposición. La empecé a leer estando de viaje en Francia pero a la vuelta me faltó tiempo para buscar vídeos de Youtube de la etapa de Canned Heat de los 70, que no conocía y, aunque es claramente inferior, resulta muy curiosa.
De hecho Youtube permite hacer un pequeño repaso muy chulo a su carrera clásica:


Único vídeo que conozco de la primerísima etapa del grupo, pre-Fito de la Parra. Resulta curioso ver a su primer batería Frank Cook y, sobre todo, las pintas tan formales del grupo que cambiarían en solo un año. Aquí aún parecen unos respetables músicos de blues blanco. Ojo sobre todo a Bob Hite tan bien arreglado y un Alan Wilson más nerd que nunca.



Comparad ahora a los mismos tipos (menos el guitarrista Henry Vestine reemplazado por Harvey Mandel) dos años después. Pintas hippies y el sonido más sucio y auténtico de los Canned Heat clásicos. Yeah.


Atención, aquí se acabó la edad de oro y empieza la época más oscura con discos más olvidables. Alan Wilson se murió, y el guitarrista Harvey Mandel y el bajista Alan Wilson se fueron. A cambio vuelve Henry Vestine (aunque no se le ve en este vídeo), quien permanece unos cuantos años con el grupo. Aquí es donde ya se produce el cambio de sonido y perdemos a los Canned Heat clásicos.
Al bajo tenemos a un tal Tony de la Barreda, un colega de Fito, y a la guitarra a un tal Joel Scott Hill, quien iba de estrellita de rock y básicamente buscaba utilizar Canned Heat como vehículo de lucimiento propio. Ambos no duraron para el siguiente disco.
En este vídeo se puede ver el cambio de sonido: un tema más rockero y vulgar que no recuerda ni remotamente al boogie de los vídeos anteriores cantado por el figurita de Scott Hill. Mal asunto.


Tony y Joel se van, a cambio entran Richard Hite al bajo (hermano del Oso, como puede deducirse de su obvio parecido) y un tal James Shane, guitarrista menos estrella que el anterior y que a cambio aporta varias composiciones propias al grupo, algo que por entonces necesitaban desesperadamente. Buen cambio. En un intento de mejorar su sonido incluyen a un pianista y en formaciones posteriores mantendrían casi siempre a alguien a los teclados.
El resultado puede observarse con lujo de detalles en el directo de Montreux 1973, donde hicieron algunos temas con el bluesman Clarence Gatemouth Brown. En Youtube hay muchos vídeos del concierto pero yo he escogido "On the Road Again" porque comparándola con la versión clásica pueden verse mejor los cambios de sonido. El que reinterpreten tan libremente la canción no es algo raro, Canned Heat siempre hacían eso incluso en sus años mozos, lo interesante es el cómo. Se pierde ese sonido de blues tan pantanoso aún teniendo dos buenos guitarristas a bordo (uno de ellos el que la interpretaba originalmente) y se le añade un extraño solo de teclado. Está bien pero definitivamente nos alejamos cada vez más de los Canned Heat clásicos, ¿no creen?



Buf, la cosa se desvirtúa cada vez más. Se van los dos guitarristas y el pianista y entra más gente nueva (ya no tiene sentido ir mencionando nombres, no duran casi nada estas formaciones debido al caótico universo en que se movía la banda y su falta de éxito). Un último intento desesperado de ser molones: metamos más instrumentos, utilicemos acompañamientos de viento, somos los nuevos Canned Heat ultramolones, simpáticos y con un montón de músicos cojonudos acompañándonos. No, en realidad no molan, todos estos acompañamientos son un intento de esconder ciertas carencias internas bastante obvias. Si no fuera por la voz de Hite ni sabríamos que son ellos, solo salvo el bonito gorro de Fito de la Parra.

Los siguientes años fueron los más inciertos de la historia del grupo, sin casi actividad musical... hasta que a finales de la década les llegó un pequeño rayo de esperanza. Su ex-colega Larry Taylor está ahora con el bluesman Hollywood Fats, al cual le va razonablemente bien. Deciden aliarse ambas bandas con una formación que pasó a denominarse los Burger Brothers (juego de palabras con la película Blues Brothers que bromea sobre el hecho de que Bob y Hollywood Fats tenían cierto problema de sobrepeso debido a su adicción a las hamburguesas). El único vídeo que encontré de esta formación lo han quitado de Youtube, confío que lo suban de nuevo, a cambio hay varios audios de esa época. No me acaba de matar pero les revitalizó un poco y fue la formación que tocó en la celebración del 10º aniversario de Woodstock.

A partir de aquí entramos en la época más oscura y olvidada del grupo, por ello apenas hay vídeos visibles (y los pocos que hay desaparecen enseguida, gracias, seguro que esto ayuda mucho a la banda). Aquí ya es absurdo hablar de formaciones, ya que los músicos van y vienen y Canned Heat se convierten más en una banda de blues por la que pasan varios músicos coordinados por Fito de la Parra que otra cosa. Lo cual no es malo, pero sencillamente no puede hablarse de una banda propiamente dicha. He aquí algunos ejemplos de estos años más oscuros:








(ésta es la formación del primer concierto suyo que vi)

Y con esto acabo mis entradas especiales dedicadas a Canned Heat. Don't forget to boogie, amigos!