viernes, 30 de noviembre de 2012

Grabar conciertos

Uno de los temas sobre los que más se debate hoy día es la costumbre de mucha gente de grabar los conciertos a los que asiste. Entre la popularidad de los móviles con cámara y el auge de las redes sociales, se está convirtiendo en una costumbre casi obligada grabar algunas fotos y vídeos del concierto al que has asistido para luego subirlo a tu blog y Facebook y mostrarlo a tus amigos.

Entiendo perfectamente que mucha gente se queje, sobre todo cuando en un concierto te encuentras cientos de cámaras y móviles que te tapan el escenario para tener una grabación cutre e inescuchable que luego seguramente ni los propios autores podrán disfrutar por su mala calidad. Me parece casi ridículo el ver a gente que pierde más tiempo en grabar el concierto y se olvida de disfrutar la música (aunque eso ya sería otro tema seguramente), pero al mismo tiempo también entiendo lo atractivo que resulta tener un recuerdo del concierto al que has ido aprovechando las tecnologías digitales.



Mi posición al respecto ha ido cambiando con los años. La primera vez que decidí hacer fotos de un concierto fue cuando vi a Ten Years After junto a Canned Heat el 2006. Por entonces tuve la inocentísima idea de comprarme una cámara desechable porque temía que si me pillaban la cámara digital me la hicieran tirar. Cuando estuve en la sala y vi a decenas de personas haciendo fotos y vídeos sin problema con sus cámaras, tomé nota y me traje la mía al siguiente concierto al que asistí, uno de The Riders on the Storm, el primero del que hice fotos. Obviamente la cosa mejoró.

A los siguientes conciertos que fui solía llevarme siempre mi cámara pero enseguida me surgió un dilema: aunque muchos lo nieguen, cuando haces fotos no estás del todo atento a la música, al menos si quieres hacer fotos decentes. La preferencia para mí siempre estaba en la música, así que en principio eso descartaba la cámara, pero finalmente encontré una solución.

Cuando tocaban una canción que me gustaba mucho la grababa en vídeo pero sin preocuparme de encuadrar bien la cámara, así me quedaba un recuerdo de ese momento y no dejaba de disfrutar la música. Lo malo es que luego los vídeos eran algo caóticos, pero no me importaba.
Las fotos las reservaba para cuando tocaban temas que no me gustaban y a los que no me importaba prestar menos atención. Es decir, cuando el grupo decía que tocarían un tema nuevo yo ya estaba preparando la cámara. En el concierto de Eagles en Barcelona pude sacar muy buenas fotos gracias a los horribles temas en solitario de Don Henley, supongo que es lo único positivo de que cayeran varias canciones tan malas.

A día de hoy en cambio ya nunca llevo la cámara. Y es que con el tiempo me he dado cuenta de que no hace falta que me moleste. Al día siguiente en Internet encontraré decenas de fotos y vídeos filmados a mucha más calidad que mi cámara que luego puedo guardarme en mi cuenta de Youtube.
Por un lado entiendo lo molesto que es tener decenas de cámaras grabando todo el concierto, pero al menos así otra gente me consigue recuerdos del concierto sin que yo tenga que molestarme. Así que, ¡gracias anónimos fotógrafos!

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