domingo, 18 de abril de 2021

Supertramp - Even in the Quietest Moments (1977)

 

Me es difícil valorar con cierta distancia (ya no digamos objetividad, si es que eso es posible) un disco que personalmente significa tanto para mí como Even in the Quietest Moments (1977). Sí que creo que, al margen de las consideraciones personales, es el mejor disco del grupo junto a Crime of the Century (1974) al tener su mejor colección de canciones sin un solo bajón, pero aparte de eso el motivo por el que le tengo tanto cariño es que fue uno de los primeros álbums que descubrí cuando empecé a interesarme por la música de adolescente más allá de los pocos grupos en que me movía por entonces (básicamente Queen y Elton John).

Llegué a él por recomendación de mi madre, que lo consideraba uno de sus discos favoritos, e inicialmente me recomendó que escuchara simplemente el tema "Fool's Overture", que es quizá su canción favorita. Dicha composición me enamoró desde la primera escucha y durante un tiempo mi contacto con Supertramp no pasaba de este tema, de igual forma que me pasó con otros grupos de los que me haría fan, de los que inicialmente solo escuchaba una canción suya, la que me recomendaban, antes de pasar a escuchar los discos enteros ("Stairway to Heaven" en el caso de Led Zeppelin, hasta que me animé a oír el Remasters entero, o "Money" en el caso de Pink Floyd, hasta que decidí oír entero el The Dark Side of the Moon). De modo, que escuchando Even in the Quietest Moments es inevitable que me vengan flashes de aquellas primeras escuchas, cuando mi universo musical era tan limitado y los pocos detalles que tenía a mi alcance me dejaban una impresión más fuerte. Por entonces teníamos ese disco solo en vinilo, y uno de mis primeros recuerdos es un pequeño momento de la primera parte a piano de la canción que, ay, estaba rallada y siempre tenía que saltar con la aguja, de modo que mis primeras escuchas de "Fool's Overture" implicaban estar cerca del tocadiscos en los primeros minutos para saltar ese momento cuando llegaba. Otro es el final del tema que va justo antes, "From Now On", ya que a veces situaba la aguja justo al final de esa canción para pillar "Fool's Overture" desde el principio y oía entonces ese coro lleno de voces desvaneciéndose en fade out de la canción anterior sin conocer el resto de la composición. No sabía a qué sonaba pero me daba una imagen como de comuna hippie todos cantando a coro, supongo que alentado por esa portada con el paisaje nevado.

Recuerdo también las fotos de la banda en la carpeta del vinilo, porque en aquellos años teníamos muy poca información de dichos grupos y debíamos recrearnos en lo poco que nos daban los discos. No sabía quiénes eran Supertramp, si eran unos tipos chungos con vida de rockstar peligrosa (obviamente no era así, más bien al contrario) o unos tipos más bien inofensivos. Yo veía simplemente a cinco tipos melenudos y era incapaz de situar qué rol ocupaba cada uno en el grupo o su carácter, y creo que siempre tiene cierta fascinación cuando uno empieza con una banda nueva y no sabe nada de ellos. Recuerdo la foto de John y Dougie haciendo el tonto al lado de Rick, y por otro lado a Bob y Roger más serios fumando, y que obviamente me simpatizaban más los primeros. Seguramente todos estos detalles son irrelevantes, pero para mí esas pequeñas impresiones van asociadas a mis primeros contactos con el que sería uno de mis discos favoritos.

Finalmente me animé a escuchar el disco entero, y me encantó. Me lo grabé en cinta de cassette (ya tengo una edad, amigos) y recuerdo una primavera que solía sacar a pasear a mi perra oyéndola muy a menudo. Sobre todo la sensación de quietud que daba oír el tema homónimo con el ambiente primaveral, algo que creo que a Roger le enorgullecería porque supongo que es lo que pretendía. Y aunque mis gustos irían ampliándose y cambiando con el paso del tiempo, Even in the Quietest Moments siempre siguió siendo uno de mis discos predilectos y más especiales.



Ésta es la parte personal, pero ¿qué podemos decir del álbum en su contexto con los datos que ahora sabemos? De entrada que querían resarcirse del "error" de Crisis? What Crisis? (1975) al haberse grabado tan rápido (he entrecomillado "error" porque es un gran disco, ¡de modo que ojalá todos los errores fueran así!) y tomarse su tiempo. Una vez ya instalados en la costa oeste de EEUU, se metieron a trabajar en un estudio situado en un rancho en las montañas en el cual sacaron la fotografía de la portada. La idea era cuidar más las canciones y de nuevo que fluyera bien como álbum, igual que el Crime of the Century, pero al mismo tiempo buscaban darle un tono menos dramático. Creo que triunfaron, al igual que harían en su siguiente disco, en seguir sonando a ellos mismos a la vez que aportaban una faceta diferente de los álbums anteriores, evitando ser una mera repetición pero sin alejarse de su estilo. Un rasgo nada menor del disco es que aquí no usarían teclado eléctrico en ninguna canción, aún siendo el instrumento que más se asociaba al sonido Supertramp, y Rick por otro lado no mostraría tanto su deje blues-rockero como en sus otras obras clásicas.

Como de costumbre, muchas de las canciones existían desde hacía tiempo. Rick llevaba años dándole vueltas a "From Now On" hasta que por fin se decidió a incluirla aquí, y "Give a Little Bit" era una composición también bastante antigua de Roger que Bob comenta que recuerda haberle oído ensayar en su habitación de hotel en las giras anteriores. Una vez más la clave no está solo en la calidad de las canciones sino en haberlas sacado a la luz en un álbum en que encajaran todas juntas, algo muy importante para el grupo por entonces.

En el aspecto menos positivo, Even in the Quietest Moments es también el álbum en que se inicia el cisma Rick/Roger. Si tras el éxito de Crime se habían ido distanciando a raíz de que cada uno había encontrado y fortalecido su personalidad (tanto en el ámbito musical como personal), aquí empezaron a vislumbrarse ciertas tensiones cuando sus caminos se iban distanciando cada vez más: Roger se involucró muy a fondo en temas espirituales mientras que Rick se asentaba casándose con Sue, que en unos años se revelaría como un personaje muy importante en el universo Supertramp... para mal. Rick siempre se sentiría molesto porque Roger colara sus "rollos espirituales" en los discos del grupo, y Roger se sentiría cada vez más alejado de un Rick cada vez más acomodado.

El álbum se inicia con el que considero uno de los temas definitivos de Supertramp y mi hit favorito del grupo, "Give a Little Bit", una canción que me transmite buen rollo inmediato con su melodía ultrapegadiza. Le sigue mi debilidad personal del álbum, "Lover Boy", una composición de Rick que es mi segunda favorita del disco pese a ser con diferencia la menos conocida de todas. No sé si es cosa mía pero a mí me parece una canción maravillosa que siempre me ha dado muy buenas vibraciones. No sabría explicarlo pero este tema para mí representa en cierto modo la conexión tan especial que tengo con el disco sobre todo al ser un tema que uno nunca oye fuera de él porque no está en recopilatorios o directos (por desgracia para mí es de los pocos temas de los discos clásicos del grupo que jamás se han tocado en vivo porque al parecer no les acababa de funcionar, y parece ser que en la gira del 2010 estuvieron ensayándola, pero nada... una pena).

El tramo final de la cara A representa el segmento tranquilo del disco con dos temas lentos de ambos compositores. "Even in the Quietest Moments" es mi balada acústica favorita de Roger, creo que tiene un aire ensoñador muy especial, y sobre todo me gusta cómo en la parte final el tema da un giro inesperado con la entrada de la batería y un segmento instrumental que le diferencia de otros temas por el estilo de Roger que no se salen del patrón típico acústico. En cuanto a "Downstream", es una preciosa balada a piano de Rick que me trae recuerdos de la primera vez que vi a Supertramp el 2002. Era el primer concierto de mi vida, y recuerdo que con este tema la gente sacó los mecheros (¿recuerdan cuando se hacía eso en los conciertos?) y que todo el Palau Sant Jordi coreó los "We will stay..." del estribillo, lo cual fue bastante emocionante sobre todo habida cuenta que no es uno de los temas más populares del grupo - la siguiente vez que les vi no hubo mecheros ni gente coreando el estribillo...

La cara B del disco no puedo decir que sea inferior a la A, pero realmente siempre me ha gustado más la primera parte del álbum aunque la segunda tenga mi canción favorita del grupo. Creo que es porque la cara B no tiene ese rollo tan especial de la A, pero los temas es innegable que siguen siendo de primer nivel. "Babaji" es un tema muy pegadizo de Roger que recuerda a los anteriores discos, aunque en este caso interpretada al piano en lugar del teclado eléctrico, y "From Now On" constituye el gran clásico de Rick del disco, con una letra fantástica sobre un hombre aprisionado en su trabajo que fantasea con llevar una vida más emocionante. Como en muchos temas de Rick, aunque la melodía principal daría para una buena canción convencional, él le da algunos giros inesperados hasta desembocar en el climático final en que un numeroso coro de voces canta el estribillo.

Me dejo para el final "Fool's Overture", que es como he dicho mi tema favorito de Supertramp y una de mis canciones preferidas de siempre. De casi 11 minutos de duración, es una ambiciosa composición de Roger que combina una preciosa melodía a piano y otra con teclados eléctricos con las que estuvo jugueteando durante años sin saber qué hacer con ellas hasta que un feliz día descubrió que encajaban juntas. La primera vez que vi a Roger tocando solo junto a un saxofonista éste fue el tema que le pedimos que tocara en el bis, y él se rió argumentando que no podía tocar una canción tan compleja él solo. La tercera vez que fui a un concierto suyo no obstante la había conseguido adaptar a ese formato y fue uno de los momentos más emotivos que vi en un concierto. Por cierto, en su época clásica solían hacer que en el final climático de la canción salieran los roadies disfrazados de forma extravagante por el escenario. Uno de esos detalles que demuestran cómo a Supertramp no les falta su punto de extravagante humor británico.



sábado, 17 de abril de 2021

Supertramp - Crisis? What Crisis? (1975)

Cuando Crime of the Century salió a la venta en 1974 el gran éxito del disco les pilló a todos un poco desprevenidos. Quiero decir, todos confiaban en que el álbum triunfaría (tanto la discográfica como la banda veía potencial a las canciones) pero fue un poco súbito pasar de ser un grupo virtualmente desconocido a hacerse tan populares. El motivo no es solo que el álbum fuera tan bueno - la historia del rock está repleta de discos geniales que no triunfan - sino que era uno de esos ejemplos de disco salido en el momento perfecto. A mediados de los 70 el rock progresivo empezaba a atascarse un tanto como género e iba derivando o bien hacía ciertos excesos megalómanos o, por el contrario, una vía más pop-melódica, ejemplificada por ejemplo en los discos que lanzaron bandas como Camel en esos años. Supertramp eran el grupo perfecto para ese contexto.

Pero claro, la discográfica les pidió ipso facto nuevo material para aprovechar su momento de éxito, algo justificable teniendo en cuenta la libertad que les dieron con su anterior disco, y la banda se encerró a grabar las primeras sesiones de Crisis? What Crisis? (1975) cuando apenas habían acabado una extensa gira por Norteamérica. En consecuencia, el grupo no tuvo tiempo de componer nuevo material, pero por suerte Rick y sobre todo Roger tenían muchas canciones que habían estado ensayando en la época del Crime of the Century (algunas incluso las tocaban en vivo) que habían descartado del disco, no porque no fueran buenas sino porque no encajaban en el global del álbum. En ese sentido, el productor Ken Scott diría años después que Crime era mejor disco pero que Crisis tenía las mejores canciones, algo con lo que no concuerdo pero que refleja esa filosofía que tenían de no grabar una mera recopilación de buenos temas sino una serie de composiciones que fluyeran bien en conjunto.

Así pues se produce una curiosa paradoja con Crisis? What Crisis?: fue un disco grabado con las prisas y supuso una experiencia muy poco satisfactoria para el grupo, pero aún reconociendo ese defecto las canciones son tan buenas que difícilmente le podemos poner pegas los fans, de hecho muchos lo tienen como su disco favorito del grupo e incluso el propio Roger Hodgson lo ha citado como su preferido pese a que admite que no es el mejor que hicieron. Yo adelanto ya mi opinión antes de entrar en materia: la cara A es extraordinaria, fácilmente la mejor cara de un disco de Supertramp, pero creo que la B baja mucho el nivel aunque se recupera en el tramo final; de haber mantenido el mismo nivel que la cara A éste sería sin duda el mejor disco del grupo.

El disco se abre con la bonita introducción de Roger "Easy Does It" que empalma directamente con la magnífica "Sister Moonshine", una de esas canciones acústicas que tan buen rollo dan y que ya adelanta lo que sería la más famosa "Give a Little Bit". Le sigue el único tema nuevo que Rick pudo componer para el disco, la bluesera "Ain't Nobody But Me", que se complementa a la perfección con la última canción de la cara A, "Another Man's Woman", uno de los grandes clásicos de Rick por excelencia que en directo siempre desembocaba en uno de los momentos cumbre de la banda con el colosal solo de Rick al piano. Me dejo mi favorita del disco para el final: "A Soapbox Opera" es una balada que para mí refleja a la perfección lo que hace a Supertramp tan especiales. La canción en sí misma es preciosa sin arreglos (solo basta escuchar la versión más desnuda del Paris (1980) para verificarlo) pero lo que la convierte en un tema tan especial y único es el tratamiento que se le da, desde la forma como Bob marca el ritmo a los maravillosos arreglos orquestales que le dan más dramatismo pero también una especie de ¿fragilidad? que la hacen aún más conmovedora. Si a eso le sumamos una de mis interpretaciones vocales predilectas de Roger creo que no queda más por decir...


En la cara B como dije es donde creo que se baja el nivel. No me malinterpretéis, no creo que haya temas malos, ni siquiera flojos, pero creo que palidecen mucho en comparación no solo con la cara A sino con cualquier canción del álbum anterior y posterior a éste. "Lady" está bien pero siempre me pareció un poco un "Dreamer" de baratillo. "Poor Boy" de Rick tiene a su favor ese tono melancólico tan especial que le imprime a algunos temas como aquel que destaqué de su segundo disco, acentuado por los instrumentos de viento de Helliwell, que aquí tienen un tono retro muy acorde con el tipo de composición, y un estribillo que está bastante bien... pero realmente no me parece de sus mejores temas. En lo que respecta a "Just a Normal Day", es una balada que me parece el tema menos conseguido del disco y que tiene como rasgo más destacable un dueto entre Rick y Roger a las voces en la que quizá sea su última composición realmente escrita entre los dos.

La cosa mejora en el tramo final con dos temas de Roger, que aquí ya se posiciona claramente como el compositor más aventajado del dúo. La primera, "The Meaning", me pasó mucho tiempo desapercibida pero me parece una absoluta maravilla (¡y qué bien encaja aquí el clarinete de Helliwell!), y la última es un pequeño clásico suyo, la breve balada al armonio "Two of Us", que durante un tiempo pasó algo desapercibida (fue la única canción del álbum que no se tocó en vivo en la gira posterior junto a la intro) pero que luego resurgiría de forma sorpresiva tocada con guitarra en el directo Paris.

La experiencia de grabación del disco desde luego no fue satisfactoria para un grupo conocido por su perfeccionismo en el estudio y que le gustaba tomarse su tiempo, pero pensándolo bien si no se hubieran visto apurados quizá no se habrían visto obligados a sacar muchas de estas maravillosas canciones que les "sobraban" de su anterior disco. Y viendo el nivel medio quizá no puedo evitar alegrarme por una vez de que la discográfica les metiera prisa...



sábado, 10 de abril de 2021

Ron "Pigpen" McKernan

Viendo el excelente documental Long Strange Trip (2017) que narra la historia de Grateful Dead en 6 episodios me he acordado de un miembro muy injustamente olvidado de los que pasaron por la banda, el cantante y teclista Ron "Pigpen" McKernan, y se me ha ocurrido hacerle un pequeño homenaje.

Puede que no lo sepan, pero Pigpen es el miembro más desconocido del ilustre club de los 27 junto a otro bluesmen como Alan Wilson de Canned Heat, pero su muerte pasó más inadvertida salvo entre los miembros del grupo. Y puede que tampoco sepan que, por extraño que parezca, en los inicios del grupo Pigpen era la cabeza más visible de la banda (no diremos "líder") hasta que progresivamente el cantante y guitarrista Jerry Garcia fue volviéndose el rostro por excelencia de Grateful Dead (a su pesar me atrevería a decir). En realidad tenía sentido, puesto que los Grateful Dead nacieron a mediados de los 60 como un proyecto de Pigpen y Garcia y su idea inicial era básicamente hacer blues-rock, y de todos los miembros del grupo Pigpen era el bluesman por excelencia. Llevaba mamando esa música desde pequeño y la interpretaba como si fuera una parte intrínseca de él mismo.

El problema de Pigpen es que el grupo fue tirando hacia la psicodelia y otros sonidos más experimentales donde él no encajaba tanto. En concreto cuando todos empezaron a experimentar con drogas como el LSD, Pigpen quedó algo de lado porque no le interesaban ese tipo de drogas, lo suyo era el alcohol. Eso ya de entrada fue un importante handicap para él, puesto que la base de muchas de las famosas improvisaciones de los Dead se basaban - al menos en sus inicios - en esa experiencia conjunta que suponía consumir ácido y dejarse llevar todos juntos, una experiencia en que Pigpen quedaba algo de lado si no se unía a la euforia psicodélica.

El segundo gran problema llegó cuando el grupo fue adentrándose en música cada vez más compleja y él y el guitarrista rítmico Bob Weir se quedaron atrás respecto al resto. Tal es así que en cierto momento a finales de los 60 el resto despidió informalmente (nunca se hacía nada formalmente en los Grateful Dead) a Bob y Pigpen porque estaban "entorpeciendo" los avances musicales del resto, que iban adentrándose en caminos cada vez más complejos y sinuosos. La historia tuvo un final feliz cuando Bob simplemente siguió yendo a los ensayos pese a estar en teoría fuera de la banda y el resto los readmitió porque no querían echar del grupo a dos colegas. Lo que sucede es que si bien Bob consiguió acoplarse al nivel musical del resto (a principios de los 70 dio un salto brutal como guitarrista rítmico, en gran parte porque se pasó mucho tiempo escuchando discos de jazz y aprendiendo de ahí los patrones que le ayudarían a improvisar con su guitarra), Pigpen en cambio se quedó siempre atrás. Y cuando con el cambio de década la banda fichó al teclista Keith Godchaux (que, con su formación clásica tenía mucha más versatilidad que Pigpen), su puesto quedó en un lugar dramáticamente secundario. En los Dead de los 70 el característico órgano de Pigpen quedaba prácticamente olvidado y era reemplazado por el piano de Keith. Así mismo la faceta blues que aportaba Pigpen cada vez quedaba más en un segundo plano.

La gira del Europe 72 (1972) fue el último momento destacable de Pigpen en el grupo, pero ya por entonces su alcoholismo hacía que fuera demasiado errático como para contar con él en la banda (un pequeño apunte: entre los consumidores de drogas psicodélicas no se tenía mucha tolerancia a los alcohólicos, eran muy mal vistos, no era cool emborracharse del mismo modo que sí lo era colocarse y "viajar"). En el documental un roadie comenta que le hicieron compartir cuarto con Pigpen porque nadie más quería, y por las noches le enseñaba a tocar blues.

En 1973 la banda estaba ensayando ya sin él, puesto que se encontraba muy enfermo. Éste estaba intentando dejar el alcohol e incluso pensaba en un disco en solitario, y Garcia había pedido que se le buscara el mejor tratamiento posible, pero para entonces ya era demasiado tarde. Su último encuentro con la banda fue muy triste: Pigpen fue con un fotógrafo a un ensayo del grupo para hacerse unas fotos con ellos, pero éstos se encontraban enfrascados en la música y les molestó la interrupción, así que le despacharon rápidamente. Pocos días después moriría solo en su casa de una hemorragia gastrointestinal.

Cuando uno lee comentarios sobre gente ya fallecida suele encontrarse comentarios contradictorios al respecto, ya que las personas somos complejas y tenemos varias facetas diferentes, es algo que comprobé hace poco en la biografía que leí de Janis Joplin (quien por cierto era muy amiga de Pigpen y también había muerto a los 27 en gran parte por su afición al alcohol). Pero curiosamente con Pigpen no sucede: todos los comentarios sobre él coinciden en que era alguien que imponía mucho por su aspecto (era un tipo más bien grande y de mirada seria) pero que era un absoluto buenazo y, sobre todo, alguien de una extrema sensibilidad.

Creo que algo que ha jugado en su contra a la hora de recordarle es que sus mejores momentos en vivo no le hacen justicia escuchados en disco. Quiero decir, cuando uno oye las jams de "Dark Star" o "Playing in the Band" se disfrutan perfectamente escuchadas en casa, sin haber estado en el concierto. Pero las jams que dirigía/cantaba Pigpen como las versiones extendidas de "Turn on your Lovelight" o "Good Lovin" siempre me han parecido demasiado "verbales". Eso tiene una explicación: Pigpen era el miembro del grupo que mejor sabía manejar a la audiencia, cuando cantaba sus temas siempre conseguía que todo el público se levantara y bailara, y en esas versiones extendidas de esos temas está hablando todo el rato porque está interpelando a la audiencia. Eso, vivido en un concierto, sería genial (los que vieron a Pigpen en su esplendor coinciden en que era todo un espectáculo verle manejar al público), pero escuchado en la frialdad de casa pierde el efecto, y eso quizá contribuye a que no le hagamos tanta justicia como merece. No obstante, sus versiones de blues ("Good Morning Little Schoolgirl", "Big Boss Man") son excelentes, y de entre sus pocas composiciones propias - en los inicios del grupo en realidad casi componía únicamente Garcia, así que en ese aspecto Pigpen iba a la par que el resto - mi favorita es seguramente ésta que nunca llegó a grabar en estudio y que creo que despliega muy bien su sensibilidad:


En el documental antes mencionado hay un momento curioso en que John Barrow (uno de los dos letristas del grupo) acude a la tumba de Pigpen y comenta lo absurdo que es que muchos fans hayan dejado en señal de reconocimiento púas de guitarra. ¿Qué sentido tiene cuando Pigpen era teclista? Este pequeño detalle creo que encaja muy bien con la figura de alguien que creo que fue un incomprendido, un músico muy sensible que quizá no estaba en la banda adecuada.

Hubo un momento a finales de los 60 en que los Grateful Dead se convirtieron en algo tan grande y con vida propia que ni los propios músicos podían controlarlo, pero así como el resto de la banda supo acomodarse a ello, Pigpen se quedó atrás. Al resto también les acabaría sucediendo en cierta forma (a finales de su carrera Garcia acabó harto de tocar en estadios y prefería sus íntimos conciertos en solitario, pero se veía obligado a seguir adelante para no parar la maquinaria de los Grateful Dead, de la que dependían tantas personas como medio de sustento), pero Pigpen fue la primera víctima de ese ese largo y extraño viaje.





miércoles, 24 de marzo de 2021

Supertramp - Crime of the Century (1974)

 

Después de encadenar dos sonoros fracasos de ventas como su debut homónimo e Indelibly Stamped (1971), de perder el mecenazgo que les había brindado hasta entonces un excéntrico millonario y de que toda su banda les abandonara por segunda vez, unos Rick Davies y Roger Hodgson ya desencantados pensaron que lo mejor era dejarlo. Por suerte hubo dos cosas que les animaron a darse una última oportunidad: tenían un montón de canciones nuevas que sonaban bastante mejor que las que habían compuesto hasta la fecha (algunas de hecho databan de antes pero las habían perfilado) y su nuevo bajista, Dougie Thomson, trajo a la banda una dosis de entusiasmo más que necesaria y les animó a seguir adelante un poco más, después de todo sería una pena dejarlo antes de publicar estos nuevos temas tan prometedores.

OK, en este caso sí que puede decirse que a la tercera va la vencida. De entrada un factor decisivo es que por fin formaron una banda estable y que encajaba 100% con el sonido que buscaban. Se incorpora el batería Bob Siebenberg, de estilo siempre enfocado a reforzar la canción y no al lucimiento personal, y el saxofonista John Helliwell, cuyo marcado sentido del humor le dio un punto extra, lo cual me hace recordar esa escena de Los siete samurais de Akira Kurosawa en que uno de los cabecillas del grupo decide reclutar a un samurai entre otras cosas porque está siempre diciendo ocurrencias graciosas y "uno necesita tener a alguien así para animarle en los momentos difíciles". Y si algo necesitaba urgentemente Supertramp en aquellos momentos era alguien que les animara - y ya de paso la locuacidad de Helliwell le convertiría automáticamente en el frontman del grupo en todos los conciertos, un papel que los tímidos Rick y Roger se resistían a asumir.

Tenemos pues la combinación ganadora: buenos temas y una formación adecuada para ellos. Nuestros amigos se tomaron la cosa en serio y pasaron un largo tiempo conviviendo juntos para conocerse y trabajar todas las canciones nuevas antes de meterse en un estudio, de modo que este nuevo repertorio estaba más que trabajado y ensayado cuando tuvieron que defenderlo en vivo y en estudio.

Hay un aspecto que me fascina de esta historia y es el cambio tan súbito que dieron Supertramp de sus dos primeros discos a Crime of the Century (1974), no solo en términos de calidad sino de estilo. En sus anteriores obras apenas percibimos destellos del que sería su famoso sonido clásico, y de repente en el tercer álbum no es que hubieran encontrado su sonido... ¡es que lo exhibían totalmente definido y perfeccionado hasta el más mínimo detalle! ¡Está ya todo ahí! Lo normal es algo como por ejemplo lo que le sucedió a sus contemporáneos Queen, que desde su debut hasta A Night at the Opera (1975) fueron gradualmente descubriendo su sonido de forma escalonada. ¡Lo de Supertramp es como si Queen hubieran pasado de su debut con tintes heavy metal directamente a Opera sin todo lo que hubo en medio! En todo caso, tenían ya los temas y el sonido propio, solo hizo faltar convencer al gran productor Ken Scott para que les produjera el álbum y empezó la grabación del que considero la obra cumbre de su carrera.

Otro de los aspectos que más me llama la atención de Crime of the Century es que fue un disco bastante costoso y laborioso para los estándares de la época, lo cual resulta chocante si pensamos que lo grabó una banda que había encadenado dos fracasos de ventas seguidos y que llevaba 3 años girando sin mucho éxito. Eso es algo que dice mucho a favor de cómo funcionaban muchas de las discográficas en la época, que estaban dispuestas a apostar por grupos o artistas que no acababan de despegar basándose en la música que tenían a ofrecer. En el caso de Supertramp cuando éstos acudieron a la discográfica a pedir que les financiaran su tercer álbum, al principio todos se pensaban que habían ido para anunciar que se separaban, ya que era una de sus muchas bandas del montón que no llegaban a ninguna parte. ¡Cuál fue su sorpresa cuando Rick y Roger les dijeron que querían grabar un tercer disco! Y si aceptaron pese a lo mal que se habían vendido los anteriores es porque éstos les mostraron algunas de las maquetas que habían preparado y confiaron en el potencial de esas nuevas canciones. No voy a idealizar la industria discográfica de los 70, que seguía explotando y robando a muchos de sus artistas, pero al menos se guiaban también por la idea de apostar por la música, y no solo por lo que diera beneficios seguros.

La grabación de Crime of the Century fue una experiencia extenuante en gran parte por el perfeccionismo enfermizo del productor Ken Scott, el hombre clave en el sonido del disco. Es uno de esos álbums que están repletos de pequeños detalles que, por separado pueden parecer tonterías, pero que en conjunto le dan una mayor riqueza a la música. Además éste fue un disco que se elaboró pensando en el álbum como un todo y no como una mera suma de canciones. Por entonces Supertramp tenían bastantes más temas nuevos de los que acabaron en el tracklist final y tuvieron que hacer una rigurosa selección de los que entrarían. Cuando lleguemos a Crisis? What Crisis? (1975) nos preguntaremos cómo algunas de esas canciones tan buenas fueron descartadas de Crime of the Century, pero en realidad ya adelanto la respuesta: los temas que seleccionaron se hicieron no solo en base a su calidad sino a que encajaran mejor en ese puzzle de canciones que era ese disco, de modo que dejaron fuera algunas canciones que les parecían magníficas pero que no sabían cómo encajarlas en el Crime. Parece ser que la forma como hicieron este difícil cribaje fue en primer lugar escoger qué temas de Rick entrarían (ya que Roger tenía muchas más composiciones donde escoger y sería más complejo hacer esta primera selección) y luego ver qué canciones de Roger se complementaban mejor con éstas, siguiendo la estructura que luego repetirían en sus siguientes álbums de alternar temas de Rick y Roger para darle más heterogeneidad a la música y explotar uno de los fuertes de Supertramp, que era la combinación de dos voces y estilos tan distintos. Se dedicaron incontables horas en trabajar qué canciones elegían y mirar en qué orden colocarlas para que la experiencia sonora fluyera lo mejor posible, y es algo que se nota mucho: Crime of the Century es de esos discos en que cada canción desemboca a la siguiente con tanta naturalidad que sabe mal parar el álbum a medias, ya que cada composición parece un complemento o respuesta musical a la anterior.

El álbum se abre con uno de los temas definitivos de Supertramp, "School", la gran aportación musical de Roger al disco en que narra sus experiencias en el instituto y que se trata de la única canción del disco que realmente compuso a medias con Rick. Sí, para entonces Rick y Roger ya escribían completamente separados porque habían encontrado cada uno sus estilos propios, pero en este tema de Roger su compañero hizo unas aportaciones decisivas: el célebre solo de armónica inicial, el solo de piano y la parte intermedia en que dialoga con Roger. Tan importantes son estas pequeñas grandes contribuciones de Rick que cuando años después Roger se empeñó en separar qué canciones eran suyas y cuáles de Rick (como si dicha distinción no fuera obvia...), en el caso de "School" la aceptó como una canción de los dos.

Le sigue la más rockera "Bloody Well Right", que durante bastante tiempo no me entusiasmaba hasta que le cogí el punto sobre todo por las partes de guitarra eléctrica, breves pero que le dan un poco más de dureza en contraste con su estribillo tan melódico. Ya en estos dos temas distinguimos los dos estilos tan diferenciados entre Rick y Roger: Roger es mucho más melódico, e incluso cuando tira hacia temas más progresivos siempre se apoya mucho en la melodía; Rick tiene menos rango vocal que su compañero y un timbre menos reconocible pero a cambio tiene más mojo, y sus temas se mueven en un sonido más especial que bebe de influencias blues, progresivas y pop. De los dos quien tiene más las de ganar es Roger, pero a mí no me hagáis escoger, adoro a ambos y ya reivindiqué por aquí a Rick hace años.

"Hide in your Shell" es lo más parecido que conozco a algo que podríamos llamar pop progresivo, con una base melódica muy marcada pero un trabajo brutal de coros, teclados y diferentes efectos (la forma como suena la batería, el uso de ¡un serrucho! de fondo en el estribillo, etc.) y la letra es de mis favoritas. En contraste viene el gran tema oculto del disco, "Asylum", la canción que más suele pasar desapercibida por no ser tan pegadiza ni tener grandes golpes de efecto pero que con el tiempo se revela como un momento magistral por varios motivos: tiene la mejor interpretación vocal de Rick en el disco (fijaos cómo canta el trozo final mientras insiste que no está loco), la letra siempre me ha gustado bastante y los arreglos orquestales son una absoluta maravilla. Permitid que dedique unas palabras a esos arreglos porque son uno de los elementos clave del álbum. Me recuerdan a los que usaba Elton John en su época clásica por el hecho de que complementan las canciones a la perfección sin abusar ni volverse empalagosos o cobrar demasiado protagonismo, el punto intermedio justo que a veces es tan difícil de encontrar. En los últimos temas de la cara B se volverán aún más importantes.

La cara B se abre con el gran hit del disco, "Dreamer", que a mí es quizá el tema que menos me entusiasma sin desagradarme (en su faceta puramente pop prefiero otras canciones de Roger). Un detalle a resaltar es que aunque Ken Scott era un productor enfermizamente perfeccionista, tampoco perdía de vista que en un disco de rock la perfección no lo es todo, y en el caso de "Dreamer" se dieron cuenta de que por más que lo intentaran no lograban captar la frescura que tenía el tema en la maqueta que había grabado Roger años atrás. ¿Solución? En este caso construyeron el tema sobre la maqueta, añadiendo el resto de instrumentos y elementos y puliendo el sonido.

Seguimos avanzando y ahora nos encontramos con una composición que son palabras mayores: "Rudy" no es solo la mejor del disco, podría ser el mejor tema de Supertramp en general, un tema magistral de Rick con una de mis letras favoritas del rock en que un viaje en tren sirve de metáfora sobre el paso del tiempo y cómo la vida va pasando sin que el personaje que da nombre al tema haya sabido aprovecharla. Es el tema más puramente progresivo del álbum sin un estribillo propiamente dicho y con un segmento central que recrea el viaje en tren que me parece inconmesurable. La conexión que había entre Rick al piano y Roger a la guitarra complementados por los otros tres músicos pocas veces funcionó mejor que aquí, y la emoción con que Rick canta los últimos versos mientras se oyen las violines siempre me pone los pelos de punta.

El tramo final empieza con la gran joya oculta de Roger en este álbum, "If Everyone Was Listening", un tema terriblemente olvidado entre tantas grandes canciones pero que a mí me encanta. Es una de esas canciones con un feeling especial melancólico sin llegar a sonar triste y cuya clave es que sencillamente tienen algo que no sabría describir pero que sin duda está ahí. No en vano es la favorita del disco de Bob Siebenberg y una amiga fan del grupo incluso la citaba como su favorita de todo su repertorio. No obstante es la única composición del disco que no sale en su mítico directo Paris (1980) y la única que no he pillado (ni pillaré, me temo) nunca en vivo.

Y como gran cierre final tenemos otra de las grandes composiciones de Rick - éste es el único disco en que creo que supera a su compañero en cuanto a la calidad de sus temas - que es la propia "Crime of the Century", que sigue una estructura por la que siento debilidad: canciones que empiezan con unos pocos versos y luego desembocan en una larga parte instrumental (por ejemplo "The Dream's Dream" de Television sería otro ejemplo), que en este caso viene apoyada por una misteriosa melodía de piano que se va repitiendo hasta alcanzar el gran clímax del disco cuando se van sumando los arreglos orquestales y el saxofón de Helliwell, cerrando finalmente con el mismo solo de armónica que abría el álbum. Pocos cierres de disco se me ocurren a la altura de éste.

Aunque no lo parezca yo quería hacer una reseña más breve del disco - y desde luego las otras que haré no quiero que me queden tan largas - pero hay tantas cosas que decir, tantos detalles por resaltar, que me es difícil ser escueto. Me parece uno de los discos más perfectos que ha dado la historia del rock, pero además es un álbum muy emotivo y rebosante de sentimiento, y no es solo mera técnica o canciones bien construidas. Es por tanto una combinación que no siempre se da, al menos no de la forma que tenemos aquí.

Crime of the Century era la apuesta final de Supertramp, si el disco fracasaba el grupo se iba sin duda a la porra (y el escaso éxito que tuvo el single de adelanto que sacaron con esta nueva formación, "Land Ho", hizo que la apuesta pareciera cada vez más insegura). Por suerte lo lograron. Pero sabiendo lo cerca que estuvieron de separarse antes y lo razonable que habría sido que la discográfica les hubiera dado la patada, uno no puede evitar preguntarse cuántas potenciales obras maestras y grandes carreras nos hemos perdido de otros grupos que no pudieron o quisieron aguantar un poco más hasta dar con la tecla adecuada. Estuvimos muy cerca de perdernos una de las grandes obras maestras del rock, pero por suerte Rick y Roger decidieron darse una última oportunidad.


domingo, 21 de marzo de 2021

Supertramp - Indelibly Stamped (1971)

 


Cuando Supertramp se metieron a fondo en el circuito de giras para promocionar su debut se encontraron con un problema: muchas de las canciones de ese disco no se prestaban demasiado a ser interpretadas en directo. Pensemos que en esa época el grupo básicamente tocaba en clubs pequeños, festivales como grupo de final de cartel o de teloneros de otras bandas, de modo que quizá no fueran las mejores circunstancias para tocar "Maybe I'm a Beggar" ante un público que mayormente no conocía las canciones. De modo que si Supertramp (1970) fue un disco cocinado en estudio, su siguiente obra, Indelibly Stamped (1971), en realidad tiraría por el lado contrario: era un álbum pensado para funcionar en directo en estas circunstancias. Por extraño que parezca hoy día, durante esos años Supertramp dieron conciertos exhibiendo una faceta más rockera y directa para adaptarse a las circunstancias: la audiencia no sabía quiénes eran, quería pasar un buen rato rockeando, y Supertramp les daba eso confiando así ganarse una base de fans. Habría sido impagable escuchar algún bootleg de estos confusos años.

Y aunque esto aún no suena a Supertramp, aquí ya tenemos algunas pistas de lo que nos depararía el futuro cercano. Después de que los líderes del grupo, Rick Davies y Roger Hodgson, se vieran obligados a reclutar a una nueva banda enteramente nueva ante la deserción de su guitarrista y batería, dieron forma a una alineación que ya se parecía más a los Supertramp clásicos: Roger se pasa definitivamente a la guitarra, que es donde siempre tenía que haber estado, y le cedieron el puesto de bajista a otro músico; se ficha como miembro fijo del grupo a un saxofonista y Rick Davies no solo pasa a cantar la mitad de los temas sino que abandona el órgano para centrarse en el piano y el teclado eléctrico. Vamos por el buen camino, pero aún falta bastante para sonar a Supertramp.

La polémica portada ya es una muestra de la confusión que vivía el grupo. Personalmente es una portada que siempre me ha resultado algo molesta, no por el contenido sino porque me parece totalmente fuera de lugar en comparación con las cubiertas del resto de discos de Supertramp y que no refleja nada el espíritu del grupo. De hecho lo que me molesta no son los pechos sino los tatuajes, ya que Supertramp son quizá la banda de rock a la que menos me imagino haciéndose ostentosos tatuajes de ese estilo. Quizá lo que me molesta es que me parece una portada que da una imagen equivocada de lo que eran y que no entiendo muy bien a cuento de qué venía, pero vaya, tampoco tiene más importancia más allá de reflejar que, efectivamente, no sabían hacia donde tirar.

Indelibly Stamped es sin duda el disco más puramente rockero de la carrera de Supertramp, y al igual que me sucede con el debut, a veces me he preguntado si me gusta porque las canciones están bastante bien o porque me va este tipo de música, y apostaría a que son ambas cosas. De entrada el mayor detractor del álbum es el propio Roger, quien intenta justificarse diciendo que fueron años muy confusos en que no sabían qué estaban haciendo. Pero si le gusta tan poco Indelibly Stamped (un disco que, pese a que vendió menos que el debut, yo creo que es superior a éste y sin duda mucho más interesante) es en gran parte por ser un álbum dominado por la personalidad de Rick Davies. Si bien es cierto que por entonces los temas los coescribían realmente los dos, es innegable que las canciones que interpreta cada uno están muy marcadas por sus estilos personales, y quien lleva la batuta aquí es sorprendentemente Rick, quien hasta hacía poco apenas cantaba por no considerarse capacitado para ello - también debe influir el ser el disco de Supertramp donde más toca la guitarra eléctrica cuando él siempre prefirió la acústica, ¿se han fijado que la mayoría de canciones de Supertramp con guitarra eléctrica son composiciones de Rick pese a que la guitarra la toca Roger? Pues eso.

De entrada abre el disco con el tema de más aroma a clásico, el rockero "Your Poppa Don't Mind", que podrían haber mantenido más años en los setlists sin problema, lo cual ya supone una forma clara de desmarcarse de su obra anterior (del tono melancólico dominado por la sensible voz de Roger pasamos a un disco que empieza con otro cantante que ofrece una canción más animada). El mismo tono se mantiene en "Remember" (con ese sonido de audiencia del principio que ya da pistas de que éste era un álbum pensado para ser tocado en vivo) o "Potter", cantada por el saxofonista. También tenemos alguna sorpresa como "Friend in Need" o "Coming Home to See You" (durante un tiempo fue mi favorita del álbum) con su tono más ligero-divertido, pero las pistas más claras de lo que serían los futuros Supertramp los encontramos en lo dos temas lentos: "Forever" y sobre todo "Times Have Changed", una canción en la que jamás me había fijado (y hace más de 10 años que tengo el disco) y que al rescatarlo estos días se ha convertido en una obsesión. Desconozco si soy el único al que le pasa, pero a mí me encanta:


En lo que respecta a Roger, el único de los temas que canta con algo de estatus de semiclásico es la triste "Rosie Had Everything Planned", que es la canción de estos primeros discos de Supertramp que aún interpreta con regularidad en sus shows en solitario (curiosidad: es el único tema del repertorio del grupo en que no aparece Rick Davies como coautor, confirmándonos que en estos dos primeros discos realmente escribieron juntos las canciones; luego seguirían apareciendo los dos como coautores para evitar disputas pero en realidad ya escribían por separado). No obstante debo confesar que mi favorita suya aquí siempre ha sido "Travelled". Soy consciente de que es un tema menor que parte de una breve melodía y que luego deriva en un estribillo repetido hasta el final, pero tiene algo que me flipa. En cambio, el último tema, "Aries", es innegable que se trata de la más floja del álbum y que se nota lo que es: una larga improvisación acústica conducida por los cinco miembros de la banda. No obstante debo decir que me agrada, una vez más me gusta el rollo que transmiten en estos temas.

Indelibly Stamped tiene pues varios puntos a favor de Supertramp: un poco más de variedad estilística, más pistas de hacia donde se dirigía el grupo y el aliciente que supone el alternar entre dos cantantes tan diferentes como Rick y Roger, que siempre ayuda a hacer sus discos más amenos. Pero por descontado todavía faltaba hasta llegar a su sonido clásico, algo que como veremos llegó de forma sorprendentemente súbita en cuestión de un par de años y justo cuando estuvieron a punto de separarse tras la deserción paulatina de los tres nuevos músicos que habían fichado y las malas ventas de un disco más que interesante y aprovechable.

sábado, 20 de marzo de 2021

Supertramp - Supertramp (1970)

 

Pues después de un año sin apenas poder añadir contenido, he decidido a raíz de la excelente biografía de Supertramp que estoy leyendo estos días ir comentando por aquí la discografía clásica del que es uno de mis grupos favoritos álbum por álbum con algunos datos que saco de allá y reflexiones mías que me están viniendo a la mente mientras rescato sus discos. Como toda tarea que implica cierta constancia y asiduidad pero que se encuentra en la parte baja de tu lista de prioridades personales (no es por falta de ganas, sino de tiempo), no estoy seguro de si podré seguir hasta el final o si me quedaré a medias, pero me apetece intentarlo y dedicar unas cuantas entradas a los buenos de Rick Davies y Roger Hodgson, de modo que empecemos con su debut.

Los dos primeros discos de Supertramp son toda una rareza en su carrera. De entrada los únicos miembros clásicos que tenemos ahí son a los ya citados Davies y Hodgson, pero además el sonido de estos álbums no se parece en nada a lo que vino después, de modo que es fácil desdeñarlos, pero a mí me gustan bastante y creo que tienen sus virtudes. De esos dos discos el más peculiar es su debut homónimo porque es el que menos se parece al tipo de música que les haría famosos. De hecho resulta sorprendentemente alejado de lo que sería el sonido Supertramp y se nota que aún no tenían muy claro que querían hacer con sus vidas. De entrada Roger Hodgson, que más adelante aparte de vocalista sería el guitarrista y uno de los teclistas del grupo aquí toca el bajo, y no porque le apeteciera sino sencillamente porque cuando él y Davies estaban fichando músicos para la banda se encontraron con un guitarrista que les gustó, Richard Palmer-James, y el puesto de bajo tenía que ocuparlo alguien. Por otro lado el teclista Rick Davies, que en el futuro cantaría la mitad de temas, aquí solo es vocalista en una canción y con un tono de voz para mí irreconocible, y además utiliza mucho más el órgano en lugar del piano eléctrico que sería un signo de identidad del grupo. Finalmente es la única formación de Supertramp en formato cuarteto, sin instrumentos de viento, si bien Roger toca la flauta en algunos temas. Considerando esta suma de circunstancias, lo extraño sería que esto sonara a Supertramp.

Soy consciente de que Supertramp (1970) no es un gran disco pero realmente me gusta bastante y disfruto escuchándolo aunque no suene a ellos, supongo que porque siento debilidad por el sonido que tenían aquí, ese rollo progresivo-pastoral tan característico de principios de los 70. Pero el caso es que ése no puede ser el único motivo que me haga disfrutar de este álbum, porque si bien hay muchas obras de ese estilo en esa época superiores a ésta, no son tantas las que me han motivado a reescucharlas o acabar añadiéndolas a mi colección. Por tanto, si rescato Supertramp de vez en cuando es porque algo debe haber aquí que merece la pena, que es lo que estoy intentando confusamente desgranar en este post.

Retrospectivamente, Hodgson resaltó como una de las virtudes de este disco que rebosa inocencia, y tiene razón. Se nota que aquí eran unos músicos aún descubriéndose a sí mismos, que no sabían muy bien por dónde tirar y que lógicamente se dejaron contagiar por algunos de los sonidos predominantes de la época antes de descubrirse a sí mismos. Lo curioso es que como mínimo Hodgson ya tenía compuestos muchos temas que serían futuros clásicos de Supertramp pero fue reticente a incluirlos en los dos primeros discos del grupo, como si quizá intuyera que convenía dejarlos reposar a la espera de que tuviera las cosas más claras. En su lugar el disco está formado por composiciones co-escritas por los dos artífices de Supertramp junto a letras de Richard Palmer-James, y el resultado es bastante impersonal. Son canciones que podría haber compuesto cualquier banda de ese estilo en la época, pero las redime que el nivel es bastante potable y sobre todo que Hodgson las canta con una sinceridad y sensibilidad que las hace más válidas. Puede que Supertramp fuera un disco algo forzado (cuatro músicos que no se conocían y sin mucho en común encerrados en una casa intentando componer música nueva para su proyecto, más que un grupo surgido de la espontánea química entre miembros a partir de la cual la música surgiría sola) pero no suena falso.

El único testimonio en vídeo que se conserva de los Supertramp pre-Crime of the Century. Impagable documento que nos muestra lo mucho que cambiaron en 4 años.

Hay algunos temas bastante rockeros en la línea de bandas de la época a las que ellos admiraban como Spooky Tooth, por ejemplo el magnífico "It's a Long Road", "Nothing to Show" (cuyo breve solo de teclados a medio tema es de los poquísimos precedentes que podemos rascar de algo parecido a los Supertramp clásicos) o mi favorito del disco, "Try Again", que desemboca en un climático segmento instrumental que en vivo se convertiría en el momento cumbre de los conciertos, durando a veces hasta 15 minutos. Pero en general predominan temas más melancólicos como "Words Unspoken" (con algunas partes vocales como la del estribillo que le dan algo más de interés), "Maybe I'm a Beggar" (quizá la mejor de ese estilo aunque preferiría que la cantara Roger en vez de Richard Palmer-James) o el final de "Surely" que creo que funciona bien como cierre de álbum.

Precisamente por no parecerse en nada a lo que hicieron después, Supertramp seguramente sea un disco que satisfaría más a los amantes del prog-rock o el rock de teclados de los 70s antes que a los fans del grupo, y quizá si a mí me gusta es más como fan del prog-rock o rock de teclados de los 70s que como fan de Supertramp. No es una gran joya por descubrir y resulta comprensible que en su época pasara completamente desapercibido, pero insisto, no creo que si lo siga oyendo sea simplemente porque tenga el nombre del grupo en la portada. Tiene mucho encanto, es un disco claramente inocente y de juventud bien interpretado en que unos prometedores músicos se buscaban a sí mismos. Y les llevaría aún unos años encontrarse. No desdeñemos pues esta primera formación de Supertramp y celebremos que esta efímera banda llegara a grabar un álbum como testimonio de esos años confusos.

En la gira de ese disco ya añadieron a un saxofonista, pero eso ya se verá en el siguiente capítulo.

sábado, 2 de mayo de 2020

Mermaid - Red Led or Death (2003)


El tercer y último disco de Mermaid es un álbum al que le tengo un aprecio muy especial. No solo es un disco que me trae muy buenos recuerdos de una época muy concreta, sino que de hecho es mi álbum favorito editado en España. No es que consuma yo mucho rock español (más concretamente casi nada) pero 17 años después de descubrir Red Led or Death sigo opinando igual pese a que he dado por el camino con otros discos muy buenos editados en la Península.

Una banda como Mermaid me transporta a principios de los 2000s, cuando aún existía un complejo de inferioridad en lo que respecta a la escena rockera hispana en comparación con lo que se producía en el extranjero, cuando la frase "son tan buenos que parecen de fuera" se utilizaba bastante para defender discos de rock hechos aquí (me refiero sobre todo en lo que se refiere a rock clásico y hard-rock setentero, la escena indie hispana no creo que tuviera esa falta de respetabilidad y apoyo de los medios). Hoy día eso ya no es tanto así. Por suerte han ido surgiendo bastantes bandas reseñables en esos estilos y se les está dando una mayor visibilidad gracias a un contexto más favorable para este tipo de grupos underground: que si Spotify, que si Bandcamp, que si Youtube, etc. Con esto no estoy diciendo que hoy día los grupos pequeños tengan más facilidad para triunfar (me da la impresión de que siguen tocando en los mismos baretos y salas de siempre), pero sí que la minoría de gente que seguimos estos estilos los tenemos más presentes y nos hemos acostumbrado a toparnos con cierta frecuencia con discos muy buenos o como mínimo notables de rock/hard-rock clásico que hacen que no haga falta repetir ese axioma de "para ser españoles son realmente muy buenos".



Volvamos a Mermaid. Llegué a ellos a través de un medio que asocio también con esos años y con mi etapa formativa dentro de lo que es el rock, como es la web Riff Fanzine, gracias a la cual descubrí docenas de grupos magníficos. Recuerdo que aparecieron reseñados en una actualización que también incluía a los catalanes Tokyo Sex Destruction y por algún motivo me llamó poderosamente la entusiasta reseña del álbum y lo rastreé. No recuerdo si me costó mucho encontrarlo pero sí que sé que me enganchó al instante y enseguida di el coñazo con él entre mis amigos aficionados al rock, consiguiendo como mínimo dos adeptos más al grupo. Desafortunadamente llegué a este disco de forma algo tardía: cuando me había hecho fan del grupo, éstos se acababan de separar, y no llegué a verles en directo por unos pocos años, lo cual es aún más triste si tenemos en cuenta que sus conciertos tenían fama de ser arrolladores.

La breve carrera de los pamploneses Mermaid es bastante interesante: empezaron como una banda de stoner-rock pero poco a poco fueron cambiando su sonido hasta desembocar en Red Led or Death en un sonido más hard-rock clásico que suena de forma tan natural que parece que llevaran toda su vida tocando en ese estilo. Sus tres componentes, que utilizaban los pseudónimos de Txetxu Brainloster (guitarra y voz), Firehead (bajo y voz) y Leroy S. Starlight (batería), tenían un sonido muy potente deudor de muchas grandes power-trios de los 70 y que a mí me traen a la cabeza a bandas como Grand Funk Railroad o Thin Lizzy entre otras. No creo que hoy día hubieran llegado a triunfar, pero quizá sí que habrían encontrado un contexto más favorable para una aventura musical como ésta.

Cuesta pensar que un disco tan rematadamente bueno esté tan oculto y olvidado. Un álbum que empieza con un pelotazo como "Silver Bullet" (una de las canciones que suelo usar para cargar las pilas cuando voy a correr) definitivamente no debería pasar desapercibido: las melodías son buenas, la banda suena potentísima y además el solo de guitarra de Brainloster es una maravilla. Es el tema más contundente del disco junto a la frenética y casi adrenalítica "Luchador", cuyo estilo encaja muy bien con la letra ("I'm gonna fight, and I'm gonna win!!"). Por otro lado "I Rock" diría que es el tema con más vocación de clásico del álbum con ese ritmo tan infeccioso, y de hecho tuvo hasta un videoclip, que está colgado en Youtube y cuenta con algunos comentarios de Starlight y el director del vídeo:


Un tema aparte por cierto son las absurdas letras del grupo ("I'm a man too respetable, Lauren Bacall is on the wall" o "Are you ready for the party, are you ready for my brain"), pero para mí forman parte del encanto de la banda. Otros de mis temas predilectos del álbum son "Woman Making Machine" con ese segmento instrumental tan molón o "Gravity Goes", que es donde más se nota esa cierta influencia stoner del pasado, pero realmente es - y no estoy exagerando - de esos álbums en que todas las canciones son temazos y cada una tiene algo que la hace especial: las inesperadas trompetas en "Boots Nights", el riff de "The Last Giant" o "Believe My Diamonds Are Forever But Betrayers" con ese inicio más atmosférico hasta estallar en otra gema hard-rockera.

Hacia la mitad del disco encontramos los dos temas más especiales: "Southeaven Girl (Your Smile Is A Wind)" con ese aroma sureño más reposado y, sobre todo, "Forgiven in the Awaken of Sun", la gran gema del álbum, un largo tema instrumental con aires de western dominado por el órgano que al final incluye un inesperado solo de trompeta. Durante mucho tiempo ha sido mi favorita del grupo, y no debe ser cosa mía porque recuerdo tiempo atrás encontrar una versión en Youtube hecha por otra banda.



Pese a que las críticas que recibió el disco fueron unánimemente entusiastas, justo cuando el grupo se preparaba para su cuarto álbum decidieron separarse. Solo se volvieron a juntar el 2006 para un concierto homenaje al por entonces recientemente fallecido Kike Turmix. Desde entonces sus miembros han tenido varios proyectos, de los cuales los que yo he seguido más de cerca son los de Brainloster, que después de Mermaid formaría otra gran banda llamada Green Manalishi. Recuerdo la expectación que sentíamos yo y mis amigos fan del grupo en los años entre el fin de Mermaid y el debut de Green Manalishi. Leí por entonces en el foro de Ipunkrock a un ex-Mermaid (no recuerdo si Firehead o Starlight) comentando que Brainloster ya tenía el disco hecho y que estaba a la espera de poder editarlo, y que era lo mejor que había hecho nunca, lo cual hizo obviamente que nuestras expectativas se incrementaran. El 2005 vio la luz el debut homónimo de Green Manalishi, un magnífico álbum de hard-rock que seguía la senda emprendida en Red Led or Death, al que le seguiría Unknown Force (2007), otra gran obra que se movía por parámetros similares pero que iba poco a poco suavizando cada vez más su sonido. Les vi en directo en las giras de esos dos discos y fueron sendos conciertazos, pero finalmente se acabaron separando. No parece muy viable mantener un grupo sin salir del underground.

A partir de aquí Brainloster sacó un disco en solitario en el que tiraba hacia un sonido más anclado en el pop-rock americano. A lo tonto si uno mira su carrera queda una evolución musical de lo más interesante desde el stoner rock inicial al hard-rock setentero hasta finalmente este sonido más suavizado. Por otro lado Firehead me consta que ha estado también muy activo y que tiene algunos discos en solitario, pero le he seguido menos.

A la hora de hablar de mis discos favoritos de la primera década del siglo XXI siempre solía incluir éste entre mis predilectos, y reescuchándolo hoy día, con más bagaje musical y conociendo bastantes más grandes obras de estas décadas, me alegra poder decir que lo mantengo. En mi mundo personal, un clásico reciente del género.